Buena jera

El país de las líneas rojas

Aquí todo quisqui hace rayas así que estamos atrapados en una cuadrícula cerrada

03.01.2016 | 00:00
El país de las líneas rojas

Están de moda las líneas rojas. Hace unos meses se desconocía su existencia; ahora todo el mundo habla de ellas. Que si esta es la línea roja que marca Podemos; que si la otra es la que no traspasará el PSOE; que si aquella es la de Ciudadanos; que si el PP tiene las propias, aunque Rajoy ande actualmente intentando que los demás se salten las suyas (las de ellos); que si nadie ignora cuáles son las de ERC, las de Bildu y hasta las del santo Job. De modo que, con tanta línea roja por aquí, por allá y por acullá, España se ha convertido en una especie de cuadrícula cerrada de la que, hagas lo que hagas, es imposible escapar; siempre te topas con una raya colorada y con un cartel que reza: "Prohibido pasar a toda persona ajena a la obra".

Y en qué consiste la obra, si puede saberse?, pregunta don Jodoroso, que anda el hombre alicaído porque es incapaz de recordar el Pactómetro que se marcó Antonio García Ferreras en la Sexta durante la misma noche electoral.

-La obra es personal e intransferible, cada cual tiene la suya propia y solo deja entrar en ella a quien se pliega a sus condiciones, ¿entiende usted?, contesta don Helifeo, más sereno y con los pies en la tierra.

-O sea que todos y cada uno se presentan como muy abiertos al diálogo y al acuerdo, pero solo si los demás hacen lo que ellos digan.

-Ahí le duele.

-Y digo yo, don Helifeo, ¿los demás también podemos poner nuestras líneas rojas o estamos condenados eternamente a vivir dentro de la cuadrícula?

-En teoría, don Jodoroso, podemos hacer rayas de todos los colores y poner los cotos que queramos, pero, a la hora de la verdad, pintamos menos que la luna en día soleado.

-Eso me parecía a mí, porque votamos a alguien para que haga lo que anda pregonando, luego no lo cumple y ni líneas rojas ni leche ni apareja la yegua que nos vamos a la feria, como si se hubiera olvidado todo. Eso sí, nos dicen que podemos castigarlos en las urnas la próxima vez y aquí estamos.

-Por votar que no quede; creo que, al paso que va la burra, nos vamos a hartar. El año pasado dos veces y este? Y los catalanes, ni te cuento.

Efectivamente, todo parece indicar que, como muchos sostenemos desde la misma noche del 20 de diciembre, habrá nuevas elecciones. Fueron tales los resultados y son tantas las líneas rojas que el sudoku no cuadra. Por eso me parece perder el tiempo y las energías hablando de pactos tan hipotéticos como imposibles. Y cuantas más declaraciones se producen, menos claridad y menos visos de acuerdos, ya que muchas de las palabras de los líderes buscan contentar a los suyos, lo que equivale a sacudir al rival y, por tanto, a alejar posturas. Aquí somos muy dados a pegar una patada en la mesa, tirar por el aire el tablero, desperdigar las piezas y lo que tenga que pasar, que pase.

-Y ya puestos, don Helifeo, estamos asistiendo a un pequeño, o gran, milagro. ¿Se da usted cuenta de que quién más votos y escaños perdió el 20D es el que menos se está desgastando?

-¿Se refiere usted por casualidad al señor Rajoy y a los suyos?

-¿A quién si no?

Este es, sin duda, uno de los grandes misterios de esta misteriosa y rutilante actualidad. El gran derrotado (también hubo otros) no parece sufrir, sino estar en una Arcadia cuasi feliz con sus paseítos teledirigidos, sus consultas en la Moncloa (por qué no en la sede del PP ya que él, de momento, es solo un candidato como los demás) y su ascensión a inmaculado hombre de Estado cuando durante cuatro años no lo ha sido. Enigma, arcano, magia gallega. Y ya que miramos la batalla desde arriba, desde el Olimpo, nos regocijamos con la autodestrucción, o casi, del principal partido de la oposición. Otro misterio. El PSOE perdió muchos sufragios y bastantes escaños, pero, pese a ello, es difícil encontrar una explicación razonable a su situación actual: lo culpa Rajoy de un previsible fracaso del pacto de Estado; arremete contra los socialistas Pablo Iglesias por no buscar un acuerdo de izquierdas; censuran a Pedro Sánchez sus barones por cuestiones internas (fechas de congresos y demás) y le marcan líneas rojas que impiden cualquier coalición a un lado y a otro; la militancia anda dividida y con la escopeta cargada; rebelan en Madrid y otros lugares los descabalgados por Sánchez? Una maravilla. Ya decía Tarradellas que el hundimiento de la II República comenzó con la crisis interna de la Federación Socialista Madrileña. En fin, que ha entrado 2016 y seguimos pintando líneas rojas.

-A ver si se nos acaba el cuaderno o se gasta el lapicero, don Jodoroso.

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