Agresión electoral

Sabremos hoy si el tono bronco adoptado por el candidato del PSOE ante Rajoy le trae más votos

20.12.2015 | 01:09
Rodrigo Rato.

Te imaginas, me pregunta retóricamente un amigo, que el joven agresor de Mariano Rajoy en vez de haber sido, según se ha dicho, un lejano familiar del propio presidente del Gobierno, hubiese estado emparentado de algún modo con Pedro Sánchez?

Con el líder socialista, con el de Podemos, el de Unidad Popular o cualquier candidato de la plural izquierda, habría que añadir.

Me lo imagino perfectamente. Pero no ha hecho falta porque nuestra prensa más ideologizada se ha apresurado a aprovechar un desgraciado incidente protagonizado por un muchacho según todos los indicios desequilibrado y violento, para recurrir a esa figura retórica que se conoce como "preterición".

"Preterición" consiste en fingir que no se dice lo que en el fondo se está diciendo. Y desde que se produjo ese desgraciado incidente, que obligó lógicamente a la solidaridad con la víctima del resto de los candidatos, algunos columnistas vieron la oportunidad de insinuar una relación entre la agresividad verbal atribuida a Sánchez en su reciente debate con Mariano Rajoy y ese ataque físico.

¿Se imaginan ustedes que alguien insinuase ante una agresión de ese tipo eso de que "no hay mal que por bien no venga": es decir que el efecto de solidaridad que puede provocar sobre todo entre los electores indecisos podría ser rentabilizada políticamente por el Partido Popular? Sería tachado inmediatamente de "indecente" o "miserable".

Pues bien, una manipulación en cierto modo similar es a la que se están dedicando algunos que tratan de desviar la atención del principal problema que afecta negativamente al PP y que provoca el rechazo incluso de muchos votantes conservadores: la corrupción de quienes durante demasiado tiempo se creyeron impunes.

Una corrupción que ha acompañado al partido gobernante -y, también hay que decirlo, no solo a él- durante toda la legislatura, que debería haberse resuelto con la dimisión de su líder, como habría sin duda ocurrido en cualquier otro país de nuestro entorno, y que continúa sin resolverse por más que el PP presuma de haber adoptado por primera vez medidas para atajar esa lacra de nuestra democracia.

Sabremos este domingo si el tono bronco adoptado por el candidato socialista en su debate con Rajoy le trae más votos entre los votantes de izquierda que los que tal vez le quite entre los del centro, sobre todo después del incidente de Pontevedra, tan torticeramente aprovechado por algunos.

Mientras tanto, y hablando de corrupción, ¿qué tendrá el Fondo Monetario Internacional, ese organismo al que tanto gusta predicar la austeridad a los demás, que sus multimillonarios directores o ex directores generales acaban imputados por la justicia de sus países?

Lo ha sido Rodrigo Rato en España por supuesto blanqueo de dinero, lo fue también el francés Dominique Strauss-Kahn por supuesto proxenetismo, y ahora le toca el turno a Christine Lagarde por las sospechas en torno a un arbitraje privado entre el empresario Bernard Tapie y el banco Crédit Lyonnais cuando la dama de plateada cabellera era ministra de Economía de Nicolas Sarkozy.

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