Servidumbres de la ignorancia

Cuando una generación no conoce su historia más reciente, su futuro se torna mediocre

03.12.2015 | 00:12
Servidumbres de la ignorancia

Cuando una persona manifiesta una dependencia excesiva o una sujeción grave de una idea, un sentimiento o de otras personas, decimos que padece una servidumbre. Un político colombiano, Diego Luis Córdoba, lo expresó muy bien: "Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad".

Estamos comprobando cada día el continuado desprecio del gobierno por la formación de la ciudadanía en los más elementales principios de nuestro régimen democrático. Me refiero a la época de Rajoy, pero ninguno de los otros presidentes democráticos, de derechas o de izquierdas, creyeron conveniente llevar a las escuelas e institutos la educación reglada de los fundamentos en los que se sustenta nuestro sistema político, con la Constitución como eje vertebrador del mismo. Excepción hecha de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que puso en marcha el gobierno de Zapatero, pero sin creer realmente en su importancia, con apenas una hora semanal y demasiado pendiente de las protestas de los obispos.

Resulta doloroso reconocerlo, pero nuestros alumnos de ESO y Bachillerato no saben cómo se vota, a quién se elige y para qué. Tampoco son capaces de diferenciar con claridad un régimen democrático de otro dictatorial. A Franco lo distinguen como a un personaje del que han oído algo a sus abuelos, muy antiguo y descontextualizado. No pueden decir nada comprensible de la Transición. Apenas les suena Suárez y poco más. Si aludimos al régimen franquista, a la Guerra Civil o la República, entonces ya no se pronuncian. ¿Qué estamos haciendo? ¿Cómo es posible condenar a toda una generación a la ignorancia más absoluta de su más reciente historia? ¿Este programado olvido formaba parte de ese pacto de reconciliación nacional, de tan funestas consecuencias para nuestra salud democrática? Nuestros currículos educativos ya contenían el antídoto contra la Memoria Histórica. Esa ley, promulgada por el anterior Gobierno con escaso presupuesto, que el desleal Rajoy se jacta de dejar sin un solo euro en sus presupuestos. No resulta raro que la derecha española, dada su catadura, quiera tapar las vergüenzas del franquismo, pero que estemos todavía así, después de veinte años de gobiernos socialistas, es inadmisible.

Nuestro alumnado dedica días y días a los musulmanes, a los reyes godos, a los Reyes Católicos y Felipe II, incluso a Amadeo de Saboya, pero amigos, llegados a 1931 se abre una sima de doloroso vacío. Solo los alumnos de 2º de Bachillerato tienen estos temas en su programa para la Selectividad, pero demasiadas veces no los ven por estar al final del temario o porque han decidido preparar solo una parte. Debemos poner remedio a esta lamentable situación, única entre nuestros países vecinos. Hasta Alemania ha enfrentado su pasado nazi con valentía y madurez. Cuando una generación no conoce su historia más reciente su futuro se tornará mediocre, limitado e inseguro. Urge corregir este desamparo, que tanto daño hace a nuestros jóvenes. Hace falta apartar de una vez a los trágicos patosos que han diseñado nuestra educación. Para ellos, el pasado reciente confunde, ofusca y hasta puede ofender; mejor que el alumnado atienda a su presente inmediato, que no se despiste con historietas que no sirven para encontrar trabajo ni para aprender cosas útiles. Esos tipos no conocen el manifiesto de Nuccio Ordine: "La utilidad de lo inútil", en el que demuestra que la cultura, las humanidades y la educación en general, son imprescindibles para la existencia, como el líquido amniótico lo es para la vida del feto.

Esta ignorancia, inducida por unos dirigentes políticos nefastos, los del corrupto bipartidismo, está ocasionando a gran parte de la población servidumbres dolorosas. No se puede admitir que la gente no tenga conocimiento de cuáles son sus derechos y sus libertades, que todavía agradezca al cargo caciquil de turno el disfrutar de una ayuda a la dependencia o de ser atendido por un técnico de los servicios sociales. Resulta bochornoso encontrar a concejales en ayuntamientos pequeños o más grandes desconociendo por completo el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales. Parece necesario que todas aquellas personas que opten a cargos de representación pública, porque están en su derecho, se comprometan al conocimiento básico de la administración de la que formarán parte.

Las decisiones de los dos últimos gobiernos españoles nos han abocado al estado actual de las cosas y las personas: los recursos en manos de unos pocos privilegiados y la ciudadanía sufriendo recortes en los servicios básicos, sanidad, dependencia y educación. En esta última me fijo, para advertir que con la política de la ignorancia tenemos hipotecado nuestro futuro para muchos años. Por su causa, además, corremos con otra servidumbre que sonroja a todo el mundo: tenemos un presidente del Gobierno y del PP que no asume su responsabilidad por la corrupción y financiación ilegal de su partido. Además, para más escarnio, es otra vez candidato en las elecciones del 20D. En ningún otro país democrático esto hubiera sido posible. ¿Por qué en el nuestro sí?

Algo podemos hacer individualmente, para ser menos siervos y más dueños de nuestra propia vida. Se trata de hacer caso a Sócrates, que según la pitonisa de Delfos era el hombre más sabio de Grecia, y reconocer que: "Solo sé que no sé nada".

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