La columna del lector

La encíclica "Laudato si"

23.10.2015 | 00:24

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra... San Francisco de Asís")

La carta encíclica del papa Francisco, pone claramente de manifiesto la sensibilidad de su santidad por la conservación del planeta tierra, "nuestra casa común".

Los anteriores pontífices se han preocupado también, muy mucho, de la paz en la tierra, recuerden la "Pacem in terris" de Juan XXIII, de su conservación y de garantizar el respeto del medio ambiente; ya nos invitaba el papa emérito Benedicto XVI a eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente.

Comienza el papa Francisco haciendo una especial referencia a san Francisco de Asís, patrono de todos aquellos que se dedican a la ecología y aman y respetan la naturaleza. San Francisco de Asís entraba en comunicación con todo lo creado utilizando el dulce nombre de hermano para dirigirse a los animales y plantas "Cántico de las criaturas. Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas"...

Leyendo la carta encíclica "Laudato si" me ha llamado la atención la palabra "rapidación", muy propia del momento, esto es, que todo ha de hacerse de forma rápida. Honestamente este tipo de ritmo de vida rápida, vertiginosa, nos aleja del disfrute de la naturaleza, de nuestra familia, de nuestros amigos y nos daña nuestra integridad. Todo en nuestra vida tiene y necesita "su tiempo", la alteración del tiempo y de los ciclos naturales produce rupturas familiares y catástrofes naturales. Esa frase, tan manida, de que el tiempo es oro, propia del liberalismo económico, no va bien con la conservación de la naturaleza, el libro de la naturaleza es uno e indivisible, no olvidemos que según nos recordó el papa emérito Benedicto XVI, "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana". Actualmente parece ser que el tiempo solo sirve para ganar dinero y consumir ilimitadamente. En nuestra infancia el tiempo tenía otra consideración, el tiempo se dedicaba a jugar con los amigos, ¡qué poco juegan actualmente los niños!, tan ocupados en actividades extraescolares, a la convivencia familiar y comunitaria, a estar en casa, a ir al campo, en contacto con la naturaleza y los animales; actualmente el tiempo, como he indicado, solo se dedica a trabajar, para quienes tienen la suerte de tener un trabajo, y a consumir sin límite, ¡qué pena!, qué pérdida de tiempo. El papa Francisco nos llama a todos, sin excepción, de forma urgente a proteger nuestra casa común, a preocuparnos y a tomar partido "en la búsqueda de un desarrollo sostenible integral".

No podemos seguir tratando de forma irresponsable a los seres vivos y a la naturaleza. Es inadmisible la indiferencia, la apatía, el tema es tan sumamente grave y urgente que merece todo nuestro compromiso con los más pobres y necesitados que, a la postre son los más afectados y perjudicados por los daños que la degradación ambiental causa, pues los únicos beneficiados por la degradación son los poderosos que obtienen beneficios económicos. Hemos de hacer el firme propósito de iniciar un nuevo estilo de vida.

Honestamente creo que hemos tenido una confianza irracional en el progreso que no ha resuelto los problemas, hemos de tomar conciencia de la exposición a la que estamos sometidos, a los contaminantes atmosféricos, que producen miles de muertes prematuras; no olvidemos la contaminación que genera el transporte, los humos industriales, los fertilizantes, los insecticidas, fungicidas, etc?

Transcribo unas líneas de la carta encíclica: "La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas y por eso a veces resuelve un problema creando otros". Hemos de procurar no generar desechos peligrosos, porque al ritmo que vamos las basuras y las porquerías nos van a anular, y cuando se toman medidas los efectos ocasionados son irreversibles para la salud de las personas. Hemos de mentalizarnos y mentalizar a las personas de nuestro entorno para consumir única y exclusivamente lo que necesitamos y acostumbrarnos a reciclar los residuos, papel, alimentos, etc? Hay un asunto sobre el que el papa Francisco hace especial hincapié cual es el clima, nos dice: "El clima es un bien común, de todos y para todos". Constantemente oímos noticias sobre el calentamiento del sistema climático que va acompañado del crecimiento del nivel del mar, y con el aumento de eventos meteorológicos extremos.

El crecimiento del nivel del mar es sumamente preocupante por la cantidad de personas que viven en ciudades próximas al mar.

No se pueden ocultar los problemas que produce el cambio climático, hemos de reducir la emisión de gases contaminantes, no podemos seguir a este ritmo de producción y consumo, ¡hemos de mentalizarnos ya!, mañana es tarde. El ritmo de consumo y contaminación actual ha de cesar de forma inmediata, pues peligra seriamente la humanidad y su calidad de vida.

¿Qué pasa con el consumo y calidad del agua? El agua potable corre alto riesgo de ser contaminada y es un bien escaso, pese a ello, cuando abrimos el grifo no somos conscientes de su escasez; es un tema de cultura y educación. Hemos de concienciarnos, todos sin excepción, de que hemos de utilizar la estrictamente necesaria y pensar que hay millones de personas que carecen de este bien tan preciado.

Hemos de mentalizarnos de que este ritmo de consumo está deteriorando nuestra calidad de vida humana y produciendo una degradación social.

El ser humano tienen derecho a vivir y a ser feliz y además, no lo olvidemos, tiene una dignidad especialísima. Las ciudades tienen un crecimiento desmedido y desordenado, y se han hecho insalubres para vivir, las emisiones tóxicas son desmedidas y hay alta contaminación acústica, producido por el transporte rodado exterior e interior. Los ruidos que causan los medios de transporte son insoportables, basta darse un paseo por las grandes ciudades o tomar el metro en cualquier estación para percatarse de estos extremos.

Siempre me he preguntado por qué los distintos gobiernos, del signo que sean, se han interesado por hacer ciudades ineficientes que gastan agua y energía en exceso y son inhabitables, han creado barrios congestionados y desordenados, sin espacios verdes donde solamente predomina el cemento, el asfalto, el vidrio, los metales, privando a las personas del contacto con la naturaleza que vieron en su infancia.

En las grandes ciudades se han generado dos ciudades, la ciudad bella con espacios verdes y bien cuidado, como ocurre, por ejemplo en Madrid con el Parque de El Retiro y otra ciudad, con zonas menos visibles, donde viven los descartables de la sociedad, donde se produce la exclusión social, el crecimiento de la violencia, la agresividad social, el narcotráfico, existiendo total y absoluta falta de identidad.

Nos dice el papa Francisco: "Son signos, entre otros, que muestran que el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida". El consumismo extremo de los países más industrializados y el desperdicio de un tercio de los alimentos que se producen, algo incomprensible en países como España, con tasas de desempleo superiores al 20% y con rentas per cápita bajas, con bolsas de pobreza muy considerables no solo en las grandes ciudades, sino en las medianas y pequeñas y en el mundo rural.

Hemos de mentalizarnos para consumir menos de todo, esto es, a todos los niveles, luz, agua, calefacción, en definitiva, hemos de ser responsables en el uso y consumo de las energías, que por naturaleza son limitadas y su consumo daña seriamente el medio ambiente y nuestra salud, no olvidemos que el deterioro ambiental y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: "Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre".

En épocas de abundancia aparente, como las pasadas más recientes, y motivado por el consumismo excesivo y sin método, fomentado por la propaganda publicitaria, el pobre que ha tenido acceso a lo que años atrás le resultaba inalcanzable, y en muchos casos ha entrado a formar parte de una calidad de vida de comodidad que no estaba a su alcance, ignorando las posteriores consecuencias que ello ha tenido y que ahora se han agravado por la crisis mundial que estamos viviendo y que, presumo, va para rato, se han visto privados en muchos casos de los bienes más necesarios, cuando hace solo unos años consumían sin límite, alimentos, vestidos, calzado, vacaciones, etc, etc?

Seamos responsables y vivamos con método. Espero y deseo que la lectura de estas líneas sirva para que destinemos unos minutos a la reflexión y tomemos la firme decisión de usar los bienes con método y respetemos el medio ambiente, pues a la naturaleza cuando se la maltrata siempre pasa factura, y los más pobres, desgraciadamente, son los más perjudicados.

Pedro Bécares de Lera (Zamora)

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