El circo nacional

Las cosas son como son, aunque no consigamos quererlas así y nos las quieran imponer

15.09.2015 | 09:03
Manuel A. Prieto Peromingo

Después de conocer por encima los vaivenes personales de muchos sujetos zamoranos con los que nos tratamos muy por encima diariamente, llegamos a pensar que siempre se puede llegar a ser una persona bastante antisocial, sobre todo cuando uno se acerca a esa edad en la que comienza uno a no saber plantearse quién podrá cuidar de cada uno de nosotros cuando lleguemos a ser viejos de verdad, llenos de achaques inevitables y sin remedio fácil. Casi todos los planteamientos de este cariz comienzan siempre con un sentimiento egoísta que nos lleva a echar de menos lo que hemos insistido en no tener a lo largo de nuestra vida por mera comodidad o por indolencia. Así hay por esas calles quien nunca tuvo amigos ni los deseó, ni pensó en unos hijos ni en una seria relación amorosa, solo concentrada en la satisfacción carnal que duraría como mucho un par de noches de hotel en cualquier remoto lugar escondido. Suele acabarse de este modo con la compañía de una vieja criada gruñona, con una quejosa tía viuda o con un primo o pariente solterón, conviviendo amargamente los últimos años de una vida.

En esto ocurre como en todo, por mucho que se insista desde ciertos aledaños del poder, o del contrapoder.

"Podría aceptarse -así dice el adolescente recién salido de la lectura de un libro de filosofía política -, pero a lo mejor resulta bastante duro de digerir". "Pues resulta evidente en sociología desde Tocqueville, influenciado como sabemos por J. J. Rousseau, Montesquieu, Aristóteles o Platón, hasta Dahrendorf, con influjos de Karl Marx, Max Weber o Kant entre otros, como aporía empíricamente verificable, esto que te digo", apunta muy serio y magistral el anciano. "Pero igualdad, según eso, significaría algo muy cercano a esclavitud", insiste el jovenzuelo con impaciencia. "Demasiado fuerte, dicho así, aunque al final podría llegarse a esa conclusión", dictamina el viejo. "O sea que los jóvenes y los aventureros ideológicos estamos equivocados", se enfada el púber.

"O acaso no? Eso nunca se sabe. Solo digo que esa aporía de que se habla aquí dice que la libertad produce desigualdad y que la igualdad defendida tan drásticamente está ya comprobado que no se consigue si no es a costa de libertad individual. Meditémoslo despacio, pensémoslo al menos", acabó el achacoso.

Y la realidad personal se impone. ¿Por qué no se va a poder elegir ser solitario en vez de solidario? Todo será tener que sobrellevar las consecuencias de nuestras decisiones pero sin echárselas a los otros por el solo hecho de pensar de modo distinto a nosotros. El asunto de los refugiados sirios está ahí?.

Pues si miramos el panorama de nuestros alrededores convivenciales en unos cuantos kilómetros hacia el Mediterráneo, acabaremos mojándonos de mar, queramos o no saborear la sal de lo que ha sido siempre el Mare Nostrum, que no el "Mas Nostrum" que quieren algunos avecinarnos desde nuestro Este español.

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