Muy breve

El campo, ayer y hoy

La ganadería extensiva, un buen sistema para el control de los montes para evitar incendios

15.07.2015 | 10:01
Herminio Ramos

La segunda mitad del pasado siglo XX supuso un gran acelerón de la humanidad en el primer mundo, el que, sin duda, dirige la velocidad de la marcha, aunque con variantes, según regiones y culturas. En nuestra casa esa segunda mitad ha provocado en el campo un doble fenómeno: el primero, la huida del campo, para la que no se halla solución. En segundo lugar, existe un cambio general de formas de cultivos y explotaciones ganaderas, provocando auténticas rupturas que, según terrenos, relieve y otros detalles precisan corregirse de manera ordenada para resolver algunos de los problemas de acuciante actualidad.

De todo ese laberíntico conjunto de fenómenos desatados en el campo, de todos conocidos y diariamente lanzados desde todos los medios, hoy quiero referirme muy concretamente a las explotaciones ganaderas, tanto en régimen extensivo como intensivo. El abandono del campo provoca despoblación, lo que origina que muchas hectáreas de tierras han pasado de ser cultivos a matorral y monte bajo, sin cuidado alguno. Una explotación ganadera en régimen extensivo, de ganado vacuno o lanar, contribuiría a solucionar el problema. Como también lo sería para las inmensas laderas y valles en desuso una partida de buenas cabras de raza. Además de la aportación de materia orgánica, se contribuiría de manera indirecta pero eficaz a la limpieza de las zonas. Dos ejemplos podemos disfrutarlos en Carbajales de Alba con esa selección de la oveja castellana que, en régimen extensivo, está dando una hermosa y práctica lección de explotación ganadera y, a la vez, de cuidado del campo, manteniendo la unidad como principio, convencidos de que, como siempre, la unidad da el triunfo y es la base del éxito.

El día en que cada entidad municipal llegue a constituir una unidad cooperativa se habrá llegado de manera definitiva a salvar y recuperar el campo, con toda su carga de valores y posibilidades. Así llegaríamos a proyectos como el de Barcial, que seguimos esperando, o al ejemplo de Figueruela. Junto a ellos, medio centenar de municipios languidecen esperando.

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