Palestina, un año después

Durante 51 días, Israel realizó más de 6.000 ataques aéreos y disparó cerca de 50.000 proyectiles

13.07.2015 | 00:16

El año pasado, por estas fechas, dio comienzo una nueva operación militar de Israel contra la población de Gaza. Durante 51 días, Israel realizó más de 6.000 ataques aéreos y disparó cerca de 50.000 proyectiles de tanques y artillería. Los datos ofrecidos por la ONU, nos hablan de que 2310 palestinos perdieron la vida y otros 10.626 resultaron heridos -una tercera parte de ellos menores de edad-; a este horror, se suma la destrucción de viviendas e infraestructuras: aeropuerto internacional de Gaza, escuelas -recordemos que siete escuelas de la ONU fueron atacadas por la artillería israelí-, hospitales, plantas de tratamiento de aguas y un largo etcétera. En los últimos años se han producido operaciones similares ante la pasividad de la comunidad internacional. Y esto, es lo terrible. Que lo que allí pasa, ocurre sin que pase nada. Las tibias condenas de algunos gobiernos y las resoluciones de organismos internacionales clamando por los derechos palestinos caen al vacío. Palestina sigue traduciéndose en dos territorios separados, Cisjordania y Gaza. El primero, descuartizado por los muros, violado por asentamientos judíos y ocupado militarmente. Gaza, por su parte, es un enorme gueto, una cárcel al aire libre, una ciudad sitiada, amurallada y atacada de forma asidua e impune que sobrevive, al igual que Cisjordania, en un régimen carcelario que se agrava cada vez que Israel, bajo el argumento de su autodefensa inicia un proceso de destrucción masiva de la ya deteriorada infraestructura urbana palestina. Esta realidad es tergiversada de manera sistémica por los medios de comunicación y añade un problema más al drama palestino. Son ellos, las víctimas quienes tienen que estar demostrando continuamente que tienen la razón desde el punto de vista del derecho internacional, la moralidad y la ética.

"Los israelíes son patriotas y los palestinos terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal. Si criticamos el genocidio del Gobierno sionista somos antisemitas", escribía hace unos años Eduardo Galeano.

Esta distorsión de los hechos, es posible, por el control de Israel sobre los medios de comunicación los cuales dibujan una imagen donde la potencia ocupante es la víctima y los ocupados los agresores, al tiempo que nos inoculan la idea de que Israel es, por encima de todo, el garante de los valores democráticos europeos en aquella salvaje e inhóspita región. Israel es el amigo que nos defiende de las iras del fundamentalismo islámico

Lo que ocultan estos medios es que el origen del problema se encuentra en Europa. Gran Bretaña -bajo cuyo mandato quedó Palestina a la caída del Imperio Otomano- se dio cuenta de la importancia de tener un estado pro británico en la zona, pues le aseguraba un poder, desde el punto de vista estratégico muy importante y así, en 1917, decide dar satisfacción al movimiento sionista promovido por Teodoro Hertzl en las últimas décadas del siglo anterior a consecuencia de la ola de antisemitismo que recorría Europa. En 1917 lord Balfour, a la sazón secretario de relaciones exteriores del Gobierno británico, escribe una carta a lord Rostchild manifestándole su apoyo para la creación de un estado judío. Unos años más tarde, comienza una operación financiada por la banca Rostchild, de compra de tierras en territorio palestino que tuvo como consecuencia la expulsión de los campesinos que las trabajaban. A pesar de esta operación, hasta 1947 las tierras perteneciente a capital judío no llegaban al seis por ciento del total, los árabes poseían el 47% y el resto eran tierras comunales. En 1947 la ONU aprueba la partición de Palestina aun bajo mandato británico. Al año siguiente, un día antes de la retirada de Gran Bretaña de la zona, los israelitas proclamaron su independencia. Los enfrentamientos entre las dos comunidades -comenzaron el día después de que la Asamblea General ratificase el plan de partición de Naciones Unidas-, fueron dispersos, marginales y descontrolados. A partir de esta fecha, Israel, consciente de que no poder lograr la creación de un Estado judío con una proporción tan grande de palestinos -menos aún si no controlaban la tierra- comienza a ejecutar un plan determinado con un objetivo claro: limpiar el futuro Estado judío de cuantos palestinos fuese posible.

Un vistazo a la evolución del mapa de Palestina desde 1946, evidencia que es víctima de exterminio genocida con la pérdida progresiva de su territorio. Desde la creación del Estado de Israel en 1947, Palestina perdió de un tajo el 55% de su territorio, que va decreciendo por sucesivas invasiones militares. En la guerra de 1947-49, Israel invadió nuevos territorios, y a consecuencia de la de los Seis Días en 1967, anexó 23% de Cisjordania, Gaza y el este de Jerusalén. La reciente ocupación militar de la Franja de Gaza consolidará la invasión de ese territorio. Ya se prevé la desaparición total de Palestina.

Hace 10 años, más de 170 organizaciones de la sociedad civil palestina hicieron un llamamiento a la comunidad internacional pidiéndole que aplique medidas coercitivas "hasta que Israel cumpla con el Derecho Internacional y los principios universales de los Derechos Humanos", nace así, la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).

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