Entrevista | Francisco Guarido Alcalde de Zamora

"El PSOE es el grupo pequeño y debe valorar si le conviene entrar en este Gobierno"

"Los dos concejales de Vox representan a miles de zamoranos que han elegido una opción de ultraderecha y con los que también he de hablar"

Francisco Guarido, alcalde de Zamora.

Francisco Guarido, alcalde de Zamora. / Ana Burrieza

Luis Garrido

Luis Garrido

Francisco Guarido no ha tenido que plantearse siquiera vaciar su despacho. La misma noche de las elecciones municipales del pasado 28 de mayo supo que iba a ser alcalde por tercer mandato consecutivo. La duda, en aquel entonces, era si lo afrontaría en solitario o con la entrada del Partido Socialista en el equipo de Gobierno. Y esa pregunta se mantiene hoy, cuando ha pasado un mes de aquellos comicios. Una vez más, Izquierda Unida ha situado a Zamora como la rara avis de las capitales de provincia por mantenerse alejada del bipartidismo. Y lo ha hecho sin Podemos, formación para la que el regidor también tiene un mensaje.

–La campaña electoral fue todos contra Guarido. Y ganó Guarido.

–Todos contra mí y teniendo en cuenta que yo tuve un percance de salud que me impuso una debilidad mayor y aparecí en campaña de manera muy puntual siguiendo la recomendación médica. Todos contra el que gobierna es lo normal. Es lo que tocaba. Pero eso significa que, durante ocho años, hemos consolidado una estructura de gobierno con un modelo que se basa en la austeridad, en la transparencia, en una buena utilización de la mayoría absoluta de 2019 y en la flexibilidad que tuvimos en 2015 con una situación política complicada. Y, por encima de todo, lo que se nos ha valorado es nuestra valentía, teniendo en cuenta el hecho de que hayamos suspendido de empleo y sueldo a algún funcionario y hayamos llevado al Juzgado de lo Penal temas que circulaban en Zamora desde hacía mucho tiempo.

–Pese a todo, ha perdido un tercio de sus votantes de 2019 y cuatro ediles. ¿Qué ha pasado?

–Es evidente que en 2019 tuvimos un aluvión de votos porque la gente vio que habíamos pasado cuatro años difíciles con un Partido Socialista roto que no nos daba ni siquiera la mayoría absoluta. Además, hubo unas deslealtades al final que jugaron en contra de ellos. Después de ocho años, los desgastes existen y es normal perder. Lo sorprendente, sin embargo, es que hemos perdido cuatro concejales y el Partido Socialista no ha ganado ninguno. Alguien debería de reflexionar sobre esa situación. Nosotros lo hemos perdido porque, como siempre hemos reconocido, la inmensa mayoría de los votos no son nuestros, sino prestados.

–Con un Partido Socialista incapaz de absorber los concejales que pierde Izquierda Unida, ¿peligra el bloque de izquierdas mayoritario desde 2019 de cara al futuro?

–La política de bloques no ha funcionado en el Ayuntamiento de Zamora desde el año 2015. Nosotros recogemos votos de todo el espectro político. Es un caso inédito y a estudiar en España. Y es verdad que el PSOE no recoge nada de lo que perdemos nosotros, pero porque también es verdad que a nosotros se nos vota desde la derecha, desde la izquierda y desde el centro. Nos votan personas que en las generales se decantan por opciones absolutamente distintas, pero que reconocen el valor de lo municipal, del día a día, de los servicios, de las cosas sencillas. La política de bloques no funciona aquí, pero con una salvedad. Y es que, no funcionando, nosotros sí hemos hecho cosas de izquierdas. Y se nos ha valorado por parte de la ciudad. Desde la Ley de Memoria Histórica hasta el perfil de los bonos solidarios para parados, la separación de lo religioso y lo civil, combatir la corrupción. Son cosas de izquierdas.

–Nunca quiso estar entre los denominados alcaldes del cambio de 2015 y de todos ellos ahora ya solo queda usted.

–Tampoco quisieron meterme nunca entre los alcaldes del cambio. Los alcaldes del cambio estaban en Cádiz, Zaragoza, Barcelona, Madrid, A Coruña… Pero Zamora nunca aparecía en ese mapa. Eso significa que los conceptos inventados, como era el de ayuntamientos del cambio, los conceptos propagandísticos, los conceptos puramente simbólicos no sirven en política. Con aquel concepto se intentaba decir: "Ahora venimos nosotros que somos los mejores, los súper guays, los del cambio". Es inventar conceptos y eso lo patrocinaba Podemos muy bien. Se inventaban imaginarios colectivos para intentar llegar a la gente con símbolos más que con hechos. ¿Qué hacían luego en la política diaria? ¿Qué hacían con la basura, con los parques, con los bancos en las calles, con las fiestas? Eso no lo sabían gestionar. Eran ayuntamientos del cambio con los pies de barro, como se ha demostrado. Todos a la mierda. Solo quedamos los que éramos duros de roer, duros de pelar. Los de la ideología, los de abajo. Izquierda Unida, nuestros concejales. Eso es lo que quedó. Y nuestros símbolos son Julio Anguita y Cayo Lara.

–¿Y Francisco Guarido será el siguiente símbolo?

–Sí. A nivel local, eso sí, porque yo no tengo ninguna aspiración de nada.

Francisco Guarido, alcalde de Zamora.

Francisco Guarido, alcalde de Zamora. / Ana Burrieza

–Ahora, a Sumar.

–Nosotros siempre hemos sido del sector minoritario dentro de Izquierda Unida y ahora es muy difícil ya hacer retroceder las cosas. Cada vez más. Si antes nos coaligábamos con Podemos, ahora ya con Sumar me pierdo en la retahíla de partidos que están metidos. Es tal batiburrillo de siglas que las nuestras apenas aparecen ya, hay que rascar mucho para que aparezcan. Ahora bien, seguimos siendo, de todo ese Sumar, el único partido con implantación total en España, con sedes abiertas en todas las capitales de provincia, con una militancia y con una ideología histórica. Los únicos. Todo lo demás es muy efímero. Quizá haya partidos en Comunidad Valenciana o en Cataluña que tengan ese arraigo, pero es que nos estamos presentando en España. ¿Quién tiene el esqueleto? Izquierda Unida. Estamos prestando toda nuestra organización para proyectos encadenados de batiburrillos de siglas. Pero, bueno, no nos queda más remedio en esta ocasión que apoyar a Sumar como mal menor.

–Sumar se ha tragado a Podemos sin llegar a cumplir la década de vida. ¿Siente que los hechos le han dado la razón a los críticos como usted dentro de Izquierda Unida?

–Totalmente. Lo que pasa es que no lo quieren ver. Vamos de fracaso en fracaso a nivel nacional mientras que en Zamora seguimos de éxito en éxito. Y no solo nosotros. En aquellos ayuntamientos donde Izquierda Unida se presenta sola, no van mal; no tienen nada que envidiar a otros ayuntamientos de movimientos tipo Valladolid Toma la Palabra, Imagina Burgos, Palencia la mejor… Cuando se presenta Izquierda Unida consigue mejores resultados.

–En 2019 no consiguió representación, pero ahora entra Vox en el Ayuntamiento de Zamora con dos concejales. Ideologías radicalmente opuestas. ¿Cómo lo afronta?

–En la sociedad tiene que haber ideologías enfrentadas. La política se inventó, precisamente, para llegar a acuerdos y poder trabajar hacia adelante todos juntos. Yo, cuando veo a dos concejales de Vox sentados en el Ayuntamiento de Zamora, lo que veo es a miles de personas que les han votado en esta ciudad. Y ese es el respeto que se debe. Esos dos concejales representan a miles de personas y yo tengo que respetar a las miles de personas que han elegido una opción de ultraderecha. Pero, yo soy el alcalde, no soy el portavoz de mi grupo. Y estoy seguro de que, en los próximos cuatro años, mi relación personal con los dos concejales de Vox va a ser cordial y vamos a hablar los asuntos municipales de los que haya que hablar. ¿Que no llegamos a ningún acuerdo? No importa. Lo importante es la actitud de respeto. Yo soy muy radical, pero también en este punto. Hay que tolerar a la gente que piensa distinto porque representan a los vecinos igual que tú.

–Su campaña se alejó de grandes promesas y se centró en explicar a los ciudadanos lo que su grupo ha hecho durante los últimos ocho años. Y con eso le ha bastado.

–Con eso basta. Es verdad que no ha habido grandes promesas, pero también es verdad que hemos llegado a un momento en el que nos quedan por rematar casi todas las cosas. Eso es algo cierto. ¿Podían estar hechas? Pues podían. Pero es que los últimos cuatro años han sido dificilísimos para todas las administraciones. De hecho, ahí está el Museo de Semana Santa paralizado como a nosotros nos ha sucedido con alguna obra. Y nosotros tenemos ahora que terminar las cosas esenciales que comenzamos allá por el año 2017. Eso incluye los muchos millones de euros que se van a invertir en las travesías, el Museo Pedagógico, el Puente de Piedra, el Mercado de Abastos, el centro cívico. Son inversiones que van a quedar en la ciudad para los próximos treinta años y esas las hemos empezado nosotros. Otros no se atrevieron o no supieron ahorrar lo suficiente para hacer caja y poder invertir.

–Con la experiencia de estos últimos ocho años, dice un sí rotundo a terminar todos esos proyectos o es un ya veremos.

–Los tenemos que sacar sí o sí. Claro, si no sucede algo gordísimo a nivel internacional. Nadie pensaba que pudiera ocurrir una pandemia, tampoco nos imaginábamos esa subida de precios. Si no pasa algo extraordinario, estos cuatro años son clave para sacar todo. Todo lo que venía expresado en nuestro periódico que repartimos en todos los buzones de Zamora. Tenemos dinero, tenemos los proyectos y tenemos la voluntad.

–Hablaba del fiasco del Museo de Semana Santa. ¿Le dirá a la Junta, como le dicen a usted, que contrata a la baja?

–Hay una diferencia en los planteamientos políticos en situaciones similares. Por ejemplo, enfrentemos el Museo de Semana Santa con el Banco de España o el parque de bomberos. Yo no he protestado. Al contrario. Creo que he ayudado bastante a intentar que siguiera la obra adelante, aunque no se ha logrado. Hay que poner más dinero y no voy a poner ningún problema. ¿El político quiere que salgan mal las obras? No. A veces son situaciones sobrevenidas y hay que tener altura de miras. Cuando uno está al mando de una institución tiene que primar el sentido práctico, la moderación, la lealtad y la corresponsabilidad con otras administraciones. Ese perfil institucional se valora mucho en Izquierda Unida; siempre se nos vio como guerrilleros sueltos que remueven todo sin pensar y eso no es así. Somos un grupo responsable capaz de llevar una institución. A la Junta no le pasa esto por contratar a la baja, sino por la misma razón que a nosotros se nos cayó el parque de bomberos. Exactamente igual. Es un proyecto que estaba hecho antes de la subida brutal de precios, las empresas concurrieron en una situación difícil, hicieron una pequeña baja y se han visto ahogados.

–Tres mandatos en el Ayuntamiento de Zamora y tres presidentes diferentes con los que tratar en la Diputación. ¿Cómo se lleva con Javier Faúndez?

–La única relación política que he tenido con él ha sido el proyecto para el abastecimiento del alfoz. Nosotros, con la Diputación, hemos tenido asuntos de cooperación que han resultado bien, sobre todo en materia de turismo, y espero que siga siendo así. No importa quién sea presidente. Antes era Requejo, ahora será Faúndez y seguirá todo igual porque no debe haber rivalidad política. Vuelvo al ejemplo del turismo y digo que, si colaboramos, eso nos beneficia a todos.

–Francisco Requejo tenía un perfil de trabajo más orientado hacia la capital y Javier Faúndez ha insistido en que la Diputación debe volver a centrarse en los pueblos. ¿Qué opina?

–Me parece normal. Es una reflexión acertada y siempre lo he pensado. La Diputación está para los pueblos, aunque colabore con la ciudad de Zamora en muchísimos temas. Yo no voy a hablar del pasado, pero sí hubo un exceso de presencia de actuaciones políticas en la capital que no se han entendido bien cuando hay tantas necesidades en los pueblos.

–Veintiocho días parecen suficientes para, al menos, decidir si dos partidos se entienden o no para formar gobierno. ¿Qué pasa con el pacto con el PSOE?

–Nos hemos reunido bastantes veces y estamos hablando de muchas cosas. Hay que dar cierta tranquilidad a esta situación. Con el PSOE, dentro o fuera, va a haber pactos. Es verdad que no es lo mismo. Estar dentro les obliga a una corresponsabilidad mucho mayor porque es un equipo. Cuando se habla de un equipo, lo que hace uno es como si lo hiciera el otro. De lo que haga el PSOE se corresponsabiliza IU y al revés. Para nosotros es una situación tranquila. Tenemos un socio preferente, que es el PSOE, y sean los pactos como sean habrá estabilidad. Creo que, de aquí a diez días, todos lo tenemos que tener claro. El plazo son treinta días hábiles a partir de la investidura y llevamos apenas cinco. Hay tiempo. Pero, quien más tiene que valorarlo es el PSOE, que es el grupo pequeño. ¿Le conviene entrar en el equipo de Gobierno o no? Pues son valoraciones políticas. Pero, por encima de todo eso, estamos condenados a pactar. Por dentro o por fuera. Tranquilidad.

–¿Y a Izquierda Unida le conviene que el PSOE entre en el equipo de Gobierno?

–Todo tiene sus pros y sus contras. En cualquier pacto hay que poner en la balanza el debe y el haber. Lo importante es que vamos a trabajar los dos grupos por la estabilidad, por agilizar al máximo las situaciones administrativas y por sacar adelante los proyectos que nosotros tenemos. Para eso, en los Plenos, necesitamos el voto del PSOE. Aunque no son muchas las ocasiones en las que se necesitan trece votos porque la Alcaldía tiene un poder de decisión importante que le da la ley.