13 de octubre de 2019
13.10.2019

José Francisco Matías Sampedro, administrador diocesano de Zamora: "No podemos quedarnos haciendo lo de siempre, la sociedad evoluciona cada año"

"El fallecido obispo, Gregorio Martínez Sacristán, pudo mostrar, a veces, por culpa de la enfermedad que padecía, un temperamento que no era realmente el suyo"

12.10.2019 | 18:57

El sacerdote José Francisco Matías Sampedro es el administrador diocesano de Zamora hasta que tome posesión un nuevo prelado, tras el fallecimiento del obispo Gregorio Martínez Sacristán.

–¿Cómo fue su elección para administrador diocesano?

–Esa fue la indicación que se nos hizo desde la Nunciatura en la persona de monseñor Crotty, el encargado del negociado, porque en aquel momento España carecía de nuncio. El día del funeral del obispo él me comunicó que la decisión de Roma era que eligiéramos el Colegio de Consultores a alguien pudiera regir la diócesis hasta que haya un nuevo obispo. Al día siguiente se produjo la elección por parte de siete sacerdotes y conforme a la normativa canónica, que dice que tiene que ser mayoría y en la primera votación por mayoría absoluta. Votamos y me eligieron. En ese momento se me preguntó si aceptaba y lo hice por sentido de responsabilidad eclesial. El sacerdote tiene que servir a la Iglesia allí donde se le pida y en eso momento entendí que la Iglesia de Zamora me pedía que asumiera este puesto.

–¿Qué funciones tiene?

–Todas de las que goza el obispo diocesano, salvo aquello que es específico de ser obispo o aquello que el derecho exceptúa. No puedo ordenar sacerdotes, ni puedo otras cosas más sencillas como incardinar o escarnizar a un sacerdote, aceptarlo o autorizar que se vaya, no puedo conferir una canonjía en la catedral, no puedo nombrar párrocos, aunque lo podré hacer si durante un año la sede está vacante.

Por lo tanto ante falta de obispo ¿durante un año no se producirían reorganizaciones eclesiales?

–Ninguna porque yo no puedo hacerlo. En sede vacante hay que funcionar, pero en buena medida no se puede condicionar la venida del nuevo obispo en función de los cambios anteriores. Esta etapa será continuista, no por la figura del anterior obispo sino porque la Iglesia tiene que continuar funcionando en una situación especial y no habiendo todavía un nuevo prelado.

–Desde el primer día de este mes ya hay nuevo Nuncio Apostólico en España. ¿Puede eso agilizar el proceso para que la Diócesis de Zamora tenga un nuevo obispo?

–Al nuevo nuncio en España, un cargo diplomático de la Santa Sede, lo nombró el Santo Padre el 1 de octubre y tomará posesión en diciembre, ya que tiene ahora que rematar sus trabajos como observador de la Santa Sede en las Naciones Unidas. En los últimos cuatros meses, período en el que no ha habido nuncio dado que el anterior renunció por edad, no sé si se han hecho gestiones para la promoción de sacerdotes para el episcopado para las diócesis.

–¿Cómo es el proceso?

–Los metropolitanos, los obispos o arzobispos encargados de las provincias eclesiásticas, mandan una relación de nombres, de vez en cuando, a Roma. Además, el derecho indica que los propios obispos pueden remitir nombres de su diócesis a Roma para ser obispos de otros territorios. En la Nunciatura hay un listado de posibles obispos y sobre algunos se pedirá consulta; un proceso lento dado que tiene que atender a muchas cuestiones. Posteriormente, se manda una terna a Roma y allí pueden elegir a una persona o no. Si eligen a un nombre de esa terna y el elegido acepta, ya hay obispo. En caso negativo, habría que volver a empezar el proceso. A mayores, hay que tener en cuenta que hay otras diócesis que están con sede vacante, como es Ciudad Rodrigo o Astorga, y otras en las que los obispos o arzobispos, como los de Zaragoza o de Valladolid, se jubilan. Hay diócesis muy significativas en España que se quedan sin responsable.

–¿Urgen las sedes vacantes por defunción sobre las que tiene que afrontar jubilaciones?

–Urgen todas, pero hay que reconocer que no es lo mismo la Diócesis de Zamora que la de Valladolid. No obstante, creo que no será complicado proveer a la Diócesis de Zamora con nuevo obispo de esa lista de candidatos, mientras que para las diócesis más grandes desplazarán a algún obispo.

–Usted fue el segundo de abordo durante los últimos años del episcopado de Gregorio Martínez Sacristán. ¿Qué destacaría de su etapa al frente de la iglesia zamorana?

–Fue un hombre entregado a la tarea, con ganas de conocer y de llevar a cabo, pero he de decir también que, desde casi los primeros momentos, muy condicionado por la enfermedad que le llevaba a querer y no poder, a hacer esfuerzos que en algún momento no debía, y yo creo que en algunos momentos pudo tener un temperamento que no era el suyo debido a la enfermedad.

–En esta nueva etapa ¿qué retos se marca?

–Para mí es fundamental el sentimiento religioso. Vivimos en una zona de gente sencilla, poco crítica y bastante desesperanzada. Lo religioso está presente en la vida y no se puede desmantelar porque forma parte de la existencia de la gente y diluirlo en lo costumbrista, lo folclórico, lo ambiental y lo turístico es una falta de seriedad.

–Pero son factores que lo condicionan.

–Desde luego, pero habrá que hacer presente el Evangelio en esta realidad. Hay que mantener el sentimiento religioso, avivarlo entre aquellos que lo han perdido y crear el interrogante entre quienes no conocen. Y eso se hace desde la cercanía, desde la presencia de la Iglesia en los distintos lugares y creando ámbitos de esperanza porque desde la esperanza humana se vive la esperanza cristiana. Las recetas prácticas son muy complicadas porque no es lo mismo el trabajo pastoral con gente de 70 años que con personas de 25 o en la ciudad, donde la gente vive una realidad, o en un pueblo.

–¿Cómo se puede regenerar esa esperanza?

–Todos estamos llamados a hacerlo. La Iglesia desde la significación de la esperanza cristiana y el resto de los colectivos desde la experiencia y la esperanza humanas, desde el deseo de mejorar la calidad de vida material y de sentimientos.

–Habla de una mejor calidad de vida cuando existen una palpable carencia en la atención sanitaria, sobre todo en el medio rural.

–Con estas medidas no se dignifican a la persona, sino que se la "utiliza" para experiencias que no se deben dar. No obstante, entiendo la situación de la despoblación. La atención sanitaria que todos tenemos que recibir debe de ser la misma en el medio rural que en el urbano pero las posibilidades, hay que ser realistas, no son las mismas en unos sitios que en otros. Lo que hay que intentar es que las posibilidades se den y todas las mayores posibles. No hagamos recortes que a lo único que llevan es a que las personas ni estén a gusto con lo que tienen, ni pueden estar, al menos, tranquilos en su vejez pues en los pueblos viven fundamentalmente personas mayores.

–El obispo Gregorio Martínez defendía que muchos colectivos se pueden ir de los pueblos, pero los sacerdotes seguirán.

–Y seguirán. La Iglesia debe de estar con los más necesitados, no solo económicos. Los sacerdotes realizan una escucha, una presencia y un acompañar en el silencio muy importante más allá de las celebraciones y los sacramentos del día a día.

Los celebrantes de la palabra son significativos en la diócesis.

–Ahora mismo hay 80 personas que no sustituyen la celebración de los domingos, pero sí dignifican la vida de las personas. Son bien aceptados porque la feligresía está concienciada de que los sacerdotes no pueden celebrar todos los domingos la eucaristía. Las estadísticas son muy claras. En la Diócesis de Zamora somos 113 sacerdotes, de los cuales 44 son mayores de 80 años, algunos de ellos en activo con casi 90. Además, hay 30 presbíteros, entre 70 y 80 años. Tengo 63 años y solo hay 35 más jóvenes que yo. En siete años ha habido una ordenación y 55 de funciones. La gente es consciente de esta situación.

–En el medio rural todavía ¿es más necesaria la implicación de los laicos que en los últimos años han asumido cargos diocesanos?

–Sí, aunque no sé si más o menos que en la capital, pues en la ciudad también es muy necesaria su implicación. En el medio rural debido a la cantidad de pueblos que tiene cada sacerdote, de las muchas tareas pastorales que tienen que responder es muy necesario que la responsabilidad sea compartida. La corresponsabilidad conlleva sentarse juntos y hablar para ver cómo podemos atender las necesidades que llevan a una dignificación humana. También resulta fundamental el compromiso porque hoy vamos a un voluntariado y el segundo día ya me he cansado.

–¿La creación de las unidades pastorales será el futuro?

–La creación de las unidades viene impuesta por las necesidades pastorales. No podemos quedarnos haciendo lo de siempre, como lo hemos hecho siempre. Eso no es suficiente porque las generaciones jóvenes no se enganchan incluso otras, se desconectan. La sociedad evolucionaba antes cada diez años y ahora lo hace cada año.

–En los últimos ejercicios tres presbíteros jóvenes han abandonado el sacerdocio.

–La diócesis vive la secularización con pena porque somos comunidad de personas y cada una tiene su propia valía y su propia importancia. Son tres personas jóvenes que por distintos motivos han pedido dejar de ejercer el ministerio presbiteral. Son situaciones duras y difíciles que responden a procesos personales concretos.

–Actualmente ¿cuál es la realidad del seminario?

–Nuestro seminario mayor tiene dos seminaristas en Salamanca que viven en el Teologado de Ávila con seminaristas de Ávila, Ciudad Rodrigo, Valladolid y Salamanca. La forma de trabajo con ellos es que durante la semana estudian Teología y los fines de semana conocen la realidad pastoral en parroquias de Zamora o de los pueblos y ayudan en lo que pueden para coger rodaje pastoral. El seminario menor hace tiempo que funciona como colegio, lo que supone que admite a chicos en régimen académico con la idea fundamental de las vocaciones. Entre los cuatro cursos hay distintos niveles de respuesta vocacional.

–¿Lo convertirán en mixto?

–No contemplamos abrirlo a chicas porque el sacerdocio es de hombres y la respuesta vocacional de las mujeres tiene ya otros cauces. No vamos a hacerlo mixto por el hecho de tener más alumnado porque la idea primordial es la vocación, ya sea con 8, con 6 o con 4 seminaristas. En otras diócesis se han cerrado porque son instituciones deficitarias, pero en Zamora seguirá abierto.

–El arte acerca a la fe y atrae a los turistas y la falta de curas obliga al cierre de templos tanto en el medio rural como en la capital. En Zamora algunas iglesias se abren gracias a un convenio entre instituciones, pero ¿qué va a pasar con el resto?

–En una nueva organización pastoral el sacerdote de Alcañices que tiene 28 pueblos no puede tener las iglesias abiertas al no ser que haya unas personas que estén pendientes de la gente que pueda entrar. Las iglesias no están abiertas solo para celebrar misas sino también para encontrarse con Dios y para la cuestión turística. Lo estamos gestionando de la mejor forma posible a través de acuerdos con administraciones o bien con voluntarios que puedan llevarlo a cabo y con la colaboración de colectivos que puedan sufragar los gastos. La diócesis tiene 303 parroquias y casi 400 templos. El sostenimiento de todo el patrimonio es un montante económico muy alto. En teoría cuando se hace una obra en una parroquia ésta asume la deuda, pero cuando, por ejemplo, en un pueblo como San Martín de Valderaduey, donde hay 45 personas, arreglar el pórtico supone 70.000 euros, y la parroquia llegará hasta donde pueda. Sí se quiere que los templos estén abiertos, otra cosa es la posibilidad de hacerlo. Lo fundamental es que se procure su apertura y a través del apoyo económico de asociaciones y cofradías sería lo ideal, como sucede en San Vicente, y si se necesita una parte proporcional parroquial, se está dispuesto a aportar.

–¿Cuándo estará abierta la Casa Betania, el nuevo alojamiento para las personas sin techo, que depende de Cáritas?

–La Casa Betania no tardará en abrir, lo que sucede es que ha tenido que reconstruirse en distintas fases debido al montante económico que suponía. En Cáritas diocesana lo fundamental es la atención a la persona, no las construcciones.

–Este lunes durante la presentación del proyecto definitivo del nuevo Museo de Semana Santa la presidenta de la Junta de cofradías, Isabel García Prieto, anunció que el Obispa do de Zamora ofrece las iglesias para poder acoger a los pasos durante los 18 ó 20 meses que dure la ejecución de la obra que conlleva el derribo del actual centro.

–Los pasos son bienes eclesiásticos más allá de que sean propiedad de las cofradías, que son asociaciones públicas de fieles. En su momento don Gregorio le dio una vuelta al planteamiento, pues las iglesias serían un sitio ideal para la permanencia de los grupos escultóricos durante la ejecución de la obra.

–El ofrecimiento ¿implica la totalidad de las iglesias de la capital?

–Tenemos que analizar qué templos serían más adecuados. Hay que tener presente aquellas iglesias que tienen más culto, con menos culto y sin culto. En la demarcación de la unidad pastoral del Buen Pastor en la que yo estoy está san Ildefonso como iglesia con culto o templos donde solo hay bodas que corresponden a san Cipriano El Carmen de san Isidoro y la Magdalena. Tenemos que evitar por una parte que las imágenes estén medio arrinconadas y tendremos que evitar también dificultar las celebraciones de los fieles. La Junta pro Semana Santa tiene que tener en cuenta las dimensiones de los grupos escultóricos y las condiciones climáticas del lugar donde vayan los pasos porque son ellos quienes trabajan con los técnicos que pueden aportar opinión al respecto. Se intentará hacer lo mejor que se pueda con la idea de que los pasos pueden estar disponibles también para el turismo, puedan servir para que la piedad de algunas personas pueda llevarse a cabo y estén en un sitio digno.

–Alude al turismo y los tapices de la Catedral de Zamora representan un reclamo significativo. ¿Para cuándo un museo propio?

–El Obispado de Zamora ha tenido la intención de hacer un museo de los tapices, pero en el año 2008 surge la crisis que nos lleva a tener que controlar muy bien los fondos económicos para lo que es necesario, para lo que es oportuno y para lo que puede ser o no. El museo de los tapices probablemente sería necesario, pero existen otras necesidades más perentorias.

–En su comparecencia pública a para presentarse mencionó la necesidad de una normalización de las relaciones interiores y exteriores.

–La institución tiene que procurar que lo que hay dentro, funcione. Con esto no quiero decir que hasta el momento no haya funcionado, pero, a lo mejor, en algún momento algún grupo se han podido generar situaciones que no conllevaban lo que la Iglesia tiene que ser, que es comunidad. Esa normalización tiene que producirse por una conjunción de fuerzas porque favorece un mayor crecimiento y porque facilita una mayor integración de todos y una mejor respuesta a las necesidades. Vamos a ser más comunidad para todo. En cuanto a las instituciones de fuera tenemos que crear ámbitos de diálogo, de respeto, de entendimiento, de favorecer lo que está desfavorecido.

–El Obispado de Zamora y el Ayuntamiento de la capital han tenido varios desencuentros. ¿Qué relación existe actualmente?

–Creo que la relación es correcta, bien es cierto que no ha sido mucha, pero no se han producido ninguna situación extraña. Los encuentros que yo he tenido con el alcalde, Francisco Guarido, han sido de una total cordialidad y de una situación de normalidad absoluta. Y con el resto de administraciones e instituciones las relaciones son también cordiales.

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