08 de abril de 2019
08.04.2019
Maite Pagazaurtundúa | Eurodiputada de UPyD-ALDE

"El proteccionismo y la soberanía nacional son pan para hoy y hambre para mañana"

"El primer nacionalpopulismo que no identificamos en su día como peligroso en España fue el de la gente que estaba relacionada con el mundo de ETA"

07.04.2019 | 19:48
La eurodiputada, durante su visita a Zamora.

A punto de finalizar la legislatura como eurodiputada del grupo UPyD-ALDE (Grupo de Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa), Maite Pagazaurtundúa reconoce que ahora que conoce mejor las instituciones europeas por dentro se siente "con más fuerza que nunca" para continuar su trabajo en el Parlamento, aunque esta vez como independiente dentro de la lista de Ciudadanos. El terrorismo es uno de los frentes contra los que más ha trabajado en estos últimos cuatro años, con la elaboración del Libro Blanco y Negro del Terrorismo en Europa, editado en español, inglés y francés. La política vasca visitaba esta semana el Club LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA para hablar de los desafíos ante los que se enfrenta Europa, como el auge del populismo y el independentismo.

–¿A qué desafíos terroristas se enfrenta Europa en la actualidad?

Vamos adaptando las necesidades a las nuevas tendencias de lo que es el terrorismo. Por ejemplo, en estos momentos estamos trabajando en el reglamento para eliminar contenido terrorista online. Necesitamos que tanto en el mundo físico como en el de las redes no haya ese tipo de contenidos. Hemos logrado adaptar los espacios físicos para hacer más difícil los atentados con coche, autobús o camión, pero ahora que tenemos cada vez más adaptados los espacios físicos a ese tipo de amenaza, los espacios virtuales también los estamos defendiendo, porque tenemos nuevas amenazas.

–¿Estar unidos hace las cosas más fáciles?

–Tenemos estas amenazas, pero también la convicción de que la escala europea nos ayuda a que la policía ponga más herramientas en cada uno de nuestros países o que los jueces también puedan ayudar a que no dejemos espacios de impunidad. Todo eso les desanima, porque saben que les estamos venciendo. En 2014 estaban muy crecidos y conquistando territorio en Siria e Irak. Eso se ha derrotado desde un punto de vista de defensa internacional y ahora les estamos haciendo también frente en redes sociales. Les estamos venciendo pero hace falta seguir, analizar, evaluar, ser firme y no dormirnos en los laureles.

–Otro de los desafíos actuales en Europa son los populismos y el independentismo.

–De hecho, el primer nacionalpopulismo que no identificamos en su día como peligroso en España fue el de la gente que estaba relacionada con el mundo de ETA. Ahora se han convertido en negacionistas y en el País Vasco todavía queda mucho por hacer. De hecho, la Comisión especial de Terrorismo hizo una recomendación para pedir a los estados miembros que no permitieran homenajes a terroristas. Todavía a día de hoy es algo que hay que solucionar. Tampoco reconocimos este movimiento en Cataluña y eso ha acarreado muchos problemas posteriores.

–¿Por qué existe ese auge en la actualidad en tantos países de la UE?

–No hay una causa única, pero el elemento detonador puede ser la crisis económica. También están los retos de la globalización mal resueltos, aunque el espacio europeo nos ayuda a poder tener instrumentos para combatirlos. O la revolución tecnológica, que hace que la gente se sienta ansiosa y tenga miedo de que la inteligencia artificial acabe con los empleos que conocemos.

–¿Y el problema de la despoblación, tan de actualidad?

–La tecnología se puede poner a nuestro favor, como con la descentralización tecnológica de instituciones, que ya no tendrían que estar donde estar sino que se podrían mover a otros lugares y dar actividad económica a sitios como Zamora. El deslocalizar elementos culturales es algo que podría ayudar a ciudades como esta también. O ver cómo podemos beneficiar actividad económica, para que no se concentre solo en las grandes urbes, porque también tienen problemas desde el punto de vista del tamaño humano para vivir. Vamos a usar la inteligencia, ser creativos para repartir juego, porque la gente puede tener calidad de vida y sentirse a gusto. Hay muchos retos que tenemos que solucionar porque si no, esos populistas que solo quieren tener poder y afán totalitario para quitar y borrar libertades, quieren disponer de un liderazgo estratégico destructivo de nuestro país y de Europa. Y no les podemos dejar hacer eso.

–¿Qué podría pasar?

–Ellos buscan paralizar a las instituciones y a los poderes y partidos políticos que buscan soluciones y no disparates. No hay que caer en la parálisis, sino dar soluciones y evitar esos elementos destructivos que están en el germen de ideas que en principio parecen soluciones pero son absolutamente falsas.

–¿No hemos aprendido nada de la historia reciente?

–Parece que hemos olvidado todo lo que pasó en los años treinta del siglo pasado. Cuando uno escucha soluciones "milagro" lo que hay que hacer es pensar en el futuro de esa solución y comprobar que es un disparate. Hay que reformar cosas, sin duda, ser críticos con lo que se puede cambiar, pero también hay que avanzar desde lo seguro para poder ir dando a la gente un horizonte de seguridad y quitar esos miedos. Las tecnologías se pueden usar a nuestro favor y dar un nuevo sentido al bienestar que queremos.

–¿Era cuestión de tiempo que la ultraderecha también se hiciera un hueco en España?

–Es esa parte del nacionalpopulismo que plantea la soberanía de una menara muy antigua y que no resuelve problemas, porque los grandes problemas son transnacionales. Por ejemplo, un solo país no puede combatir la evasión fiscal, necesita tamaño y Europa lo tiene, por lo menos para poder actuar. Sobre comercio internacional, no nos vamos a hacer proteccionistas porque perdemos todos y hay que recordar que las guerras económicas siempre terminan en verdaderas contiendas. Hay que comprender cuáles son nuestros intereses para poder vender nuestros productos e ir unidos a otros países europeos, porque eso nos da tamaño y capacidad de negociación. El volver al proteccionismo y a la soberanía nacional es pan para hoy y hambre para mañana. Sobre el terrorismo, a nivel nacional no vamos a resolver bien las cosas, porque ellos son transnacionales y se mueven por muchos países.

–Las elecciones están a la vuelta de la esquina, ¿teme lo que puedan alcanzar?

–Lo que la gente tiene que valorar es si quiere quedarse tranquila y satisfecha un día y si luego no se va a arrepentir durante muchos años. Los que votaron el "Brexit" se están arrepintiendo ahora mismo, les contaron muchas mentiras y muchas soluciones milagro, iban a tenerlo todo y lo que han tenido es cada vez más problemas y ninguna de las ventajas que les prometieron. Si quieren votar así, a lo mejor se dan un día un gusto, pero tendrán muchos años de lamentos.

–Usted vuelve a ser candidata en Europa, ¿qué siente que ha logrado durante este mandato?

–He trabajado por el interés nacional todo lo que he podido. Entramos en grupo liberal y demócrata, donde solo había españoles nacionalistas y hemos hecho una brega muy fuerte para cambiar ciertas percepciones equivocadas que habían transmitido en nuestro grupo. Nuestra fuerza ha sido muy útil cuando llegaron los grandes problemas del estado de insurrección, la enorme crisis y la amenaza a la democracia que ocurrió en Cataluña en septiembre y octubre de 2017. Trabajamos intensísimamente entonces y de forma sistemática desde entonces hemos trabajado mandando informes para hacer ver cómo se están vulnerando derechos fundamentales de ciudadanos catalanes, cómo existía una forma de identidad excluyente y venenosa que atentaba contra la libertad de conciencia. Le puedo asegurar que uno de los motivos por el que continúo es porque conozco bien el Parlamento Europeo y van a seguir viniendo los nacionalpopulistas a atacar la reputación democrática de nuestro país.

–Esta vez se presenta por Ciudadanos, un partido muy cuestionado en las últimas semanas por "recoger" políticos de otras formaciones.

–En el grupo liberal y demócrata hemos trabajado de forma muy leal entre ambos partidos, porque teníamos que defender intereses españoles y ahí las diferencias ideológicas no eran muy relevantes, porque lo que nos unía era tanto que no ha sido difícil como independientes el decir ahora que puedo trabajar en esas cuestiones en las que tengo mayor especialización con ellos.

–A punto de cumplirse el plazo para que Gran Bretaña dé el paso definitivo hacia el "Brexit", ¿qué opina de la postura de Theresa May y los suyos?

–El resto de la Unión Europea ha hecho una negociación modélica, todos unidos, con una posición clara, sabiendo desde el primer momento que queremos una buena relación con Gran Bretaña. Nos da pena esa decisión tan irracional que les ha llevado al caos y que además en diez años puede llevarse por delante la integridad territorial de Gran Bretaña por la acción que puedan tomar los escoceses e Irlanda del Norte. Son incapaces de saber qué quieren, de tener un equipo de negociación coherente o de liderar una postura en el Parlamento. Lo que han mostrado es que esa irracionalidad, ese egocentrismo y esa falta de líderes se ha traducido en una falta de sentido de la responsabilidad y de sentido de Estado. Frente a eso, hace falta seriedad y rigor, lo que han demostrado todas las instituciones europeas. Y así vamos a seguir, porque la manera de ayudarles no es introducir su caos en nuestro lado, sino ponerles límites para que reaccionen. Ojalá consigan saber qué quieren ser de mayores.

–Recientemente visitó el campo de refugiados de Moria, en Lesbos. ¿Nos hemos olvidado de estas personas?

–Se trata de un problema europeo, aunque haya países que no lo han querido ver así. Es posible una buena gestión de la política de emigración y de asilo, lo que no es posible es una parálisis, que es lo que hemos tenido. Por una parte, ciertos países muy nacionalistas impiden que haya una política común y luego le echan en cara a Europa que no la tenga. Generan que la parálisis pudra para luego ir en contra del sistema en general. Se puede responder a nuestras obligaciones de derecho humanitario internacional sin despilfarro, porque uno de los aspectos que más preocupa en este aspecto es el dinero que gastamos. Se puede hacer bien, pero a nivel europeo, porque es una cuestión trasnacional.

–¿Qué pasos habría que dar?

–Si tenemos libertad de movimiento interno tenemos que tener una política de asilo e inmigración común. Tenemos el ejemplo de Canadá y podemos adaptarlo, pero lo primero que tienen que aprender los países es que no hay que estar paralizados y que la emigración se puede convertir en algo útil. Los canadienses lo han convertido en un elemento de prosperidad y nosotros no vamos a ser menos. Lo que no puede ser es que el acogimiento vaya por un lado, las políticas de integración por otro y que no haya comunicación y se dupliquemos gastos. Tenemos las tecnologías y capacidades de gestión del siglo XXI y hay que aplicarlas, porque no podemos hacer las cosas como en el siglo XIX.

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