26 de febrero de 2012
26.02.2012
La Opinión de Zamora
Conservador del Museo Etnográfico de Castilla y León
José Luis Hernando Garrido

«El Códice Calixtino tendría que estar oculto un siglo antes de poder venderlo»

«Cualquier experto, por malo que sea, detecta de forma automática un Fernando Gallego, lo mismo en Estados Unidos que en Japón o en China»

26.02.2012 | 01:00

Cada robo o expolio es como un jarro de agua fría para José Luis Hernando, experto en arte y conservador del Museo Etnográfico de Castilla y León. Y lo peor, recuerda, «es que ocurre porque hay una demanda».


-Al hablar de expolio y tráfico de bienes culturales, ¿es obligada la referencia al reciente robo de parte del mosaico romano de Baños de Valdearados, en Burgos?


-Sí. Es un testimonio arqueológico de los que, habitualmente, resultan más débiles y vulnerables, porque están en el campo o en lugares muy concretos pero sin tanta protección como puede haber en un museo. En Castilla y León existen miles de yacimientos arqueológicos. Es utópico hablar de colocar a un guardia de seguridad en cada uno de ellos. El robo del mosaico de Baños de Valdearados da pie a reflexionar sobre el tráfico internacional de bienes culturales.


-¿Huele a encargo?


-Pudiera ser. Pero también puede tratarse de un expolio practicado por un chamarileo o por una persona que no tiene un duro y que está dispuesta a todo para buscarse la vida. Lo que va a hacer, como se dice en el argot del mercado, es tratar de que otro intermediario o perista recepcione. Este a su vez conoce a otros, y a otros, hasta llegar a blanquear la pieza o sacarla fuera de España con destino a mercados extranjeros, por ejemplo a Suiza. Suiza es un trampolín hacia Estados Unidos, Canadá, Emiratos Árabes, Japón?


-¿Cree que aparecerá?


-Confío en que sí. Ahora mismo a cualquiera que le ofrezcan este mosaico va a reconocer de forma automática que está ante una obra de arte robada. Claro que hay mucho listillo?. Y si sale de España recuperarlo es muy complejo, porque o te metes en reivindicaciones nacionales o en pleitos? Cuando una obra de arte sale fuera de Europa todo se complica. En Europa hay libertad de tránsito de personas y mercancías, y el arte, y es lo triste, es una mercancía por mucho que esté protegida por cada legislación nacional.


-¿La demanda es la que mantiene vivo este mercado?


-Efectivamente. Hay un mercado, hay una demanda y hay una oferta. Y un país como España lo que tiene es patrimonio arqueológico.


-¿Va a más?


-Yo creo que no. ¿Por qué hay expolios? Porque hay un mercado, un comercio. Existen coleccionistas que pagan muchos miles de dólares y de euros por algunas de estas piezas. Son coleccionistas? No sé si es una patología psiquiátrica o es una demostración de poder y estatuts, como quien se compra un Maserati, o quien se fuma un habano. Hay personas que quiere ostentar de forma más o menos discreta, o elevosa, con bienes antológicos, con obras de arte.


-¿Cómo se blanquea una pieza de arte robada o expoliada?


-Ahora mismo es muy difícil, sobre todo por Internet. Si miramos en la red aparecen fotografías del expolio de Baños de Valdearados en páginas que se pueden ver en todo el mundo. No es que se haya frenado, pero es más difícil. Los expertos policiales también cuelgan todas las piezas robadas. Si un día cualquiera de ellas asoma el pescuezo se localiza inmediatamente. Hace treinta o cuarenta años era un mercado mucho más clandestino y más complejo de controlar.


-Un mercado clandestino del que se beneficiaron algunos museos como el Getty, que con el paso de los años tuvo que devolver muchas de las piezas adquiridas.


-Eso ahora mismo es una excepción porque traficar con obras de arte exportadas de forma ilícita es muy peligrosos, por atractivas que resulten. Es algo con lo que te puedes pillar los dedos, porque te puede denunciar un gobierno extranjero. En cualquier museo del mundo con colecciones de arte europeo, oriental o clásico tienen que cumplir con la normativa a rajatabla y cuestionarse de dónde viene cada una de las piezas para intentar obtener su curriculum. Cuando ves algo turbio obviamente hay que rechazar cualquier adquisición.


-Con las piezas robadas parece más complicado, pero cuando se expolia un yacimiento y se obtienen obras inéditas, sin catalogación, ¿el camino para situarlas en cualquier colección se allana?


-No sólo es factible sino que muchas personas han vivido de eso. Cuando tú te llevas un fragmento del mosaico de Baños todo el mundo se entera de que es ese mosaico, porque está ahí. Pero si fuera un expolio de un yacimiento inédito, o conocido pero sin excavar, todo cambia. Ese es el problema auténtico. Cuando los llamados piteros van con detector de metales y encuentran piezas metálicas, como monedas, y hallan también esculturas o mosaicos y lo expolian, esa pieza queda sin inventariar. No tiene DNI ni código de barras.


-¿Qué precio pueden alcanzar en el mercado ilegal determinadas piezas?


-Es incalculable. Se pueden establecer guarismos y una tasación. El Louvre o el Metropolitan compran a tocateja una obra de arte de forma cuantificada. Hay cifras oficiales, aunque no me gusta hacer referencia a ello porque no es una ciencia exacta. Por supuesto se puede dar una cifra en función de los que se compra y se vende en cuanto a mosaicos romanos.


-¿Con dinero se puede comprar prácticamente todo en cuanto a arte se refiere?


-Hoy con dinero se puede comprar de todo, como en la época romana. Obviamente se puede comprar arte expoliado y blanqueado con dinero. ¿Cómo? Si yo trafico con arte y me interesa la pieza, la pongo a la venta en una casa de subastas o en un anticuario, y la adquiero aunque yo sea el propio ejecutor del robo. Así, puesto que ha sido comprada y vendida legalmente, ya se blanquea. El anticuario puede mentir a la hora de sacar el DNI de la pieza o decir que se la vendió un señor del Líbano, o un alemán que contaba que pertenecía a una colección de su abuelo.


-¿En casas particulares o en colecciones privadas se acumulan tantas piezas de arte como en algunos museos?


-Es posible. Todo depende de la magnitud y de la cartera del coleccionista. Pero las grandes obras de arte suelen acabar, a la postre, en colecciones privadas y públicas que, por fortuna, se conocen. ¿Qué existen ricos propietarios con caprichos y residencias lujosas con obras de arte? Haberlos ailos, pero creo que los menos. Tener obras de arte para disfrutarlas uno mismo es una práctica onanista. Yo desconfío de eso. Para mí es patológico. Un coleccionista de arte en el fondo lo que desea es autoprestigiarse. Creo que las piezas arqueológicas tienen adherencias, no es como un móvil o una carpeta. Encierran una historia, y los conservadores de los museos somos contadores de historias. Un mosaico tiene una historia, un contexto, y es fruto de una cultura concreta.


-¿Se roba también a la carta?


-Sí, claro.


-¿El caso del Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela?


-Este caso puede ser casi objeto de una novela por todos los ingredientes que encontramos.


-¿Dónde se puede colocar una obra de estas características?


-El Códice Calixtino es imposible de colocar en el mercado, a no ser que duerma durante un siglo y aparezca o emerja como un islote en medio del mar. Si aparece, por ejemplo, en Tokio, o en Los Ángeles, todo el mundo sabe que está ante el Códice Calixtino de la Catedral de Santiago. Es invendible, un auténtico icono del arte medieval europeo, del Camino de Santiago. Se roba arte por muchas razones: por avaricia, por exceso de dinero, por robos a la carta, por prestigio? Existen botines de guerra. La historia del botín y del expolio de arte es tan antigua como la historia de la humanidad. Los romanos expoliaban arte de la magna Grecia y del Peloponeso para decorar sus villas porque era lo más chic. El arte, y es triste, es un objeto de consumo.


-¿Habrá piezas zamoranas en estos circuitos internacionales? Desde hace casi dos décadas permanecen en paradero desconocido cuatro de las dieciocho tablas de Arcenillas, de Fernando Gallego.


-Un robo escandaloso. Estas tablas están en el limbo, en el purgatorio. ¿Qué algún día asomarán el morro? Puede. Quizá estén fuera de España, por qué no. Es factible que esas tablas se encuentren en cualquier país europeo o incluso en Suiza, que es ajena al mercado común. Es muy complejo recuperar obras de arte que han salido de España. El robo de arte sacro en la provincia de Zamora con mayor repercusión internacional ha sido sin duda alguna el de las tablas de Arcenillas. Está en el punto de mira de todos los listados de arte robado en el mundo. Cualquier experto, por malo que sea, detecta automáticamente un Fernando Gallego, identificable cien por cien, lo mismo si es en Estados Unidos, Japón o China.


-¿Las nuevas generaciones están más concienciadas con la conservación del patrimonio?


-Es una labor de mentalización, casi de apostolado. Desde el colegio es importante que los chavales sepan la importancia que tiene un vestigio arqueológico. ¿Para qué queremos una pieza arqueológica expuesta en la vitrina de un museo en Estados Unidos cuando esa pieza ha sido expoliada en España o en Italia? Puede ser una pieza muy singular y con una factura artística excelente, pero destruimos información. Somos un país exportador de bienes culturales, mientras que hay países que carecen de ellos, pero tienen el dinero suficiente para poder pagarlos. Ahora mismo se tiende al máximo control contra el tráfico ilegal. Pero el mercado ilegal existe. En Zamora por supuesto se han dado casos de furtivismo, aunque no es tan alarmante como en Andalucía o Levante, porque tienen más riqueza arqueológica.


-¿Los conflictos bélicos sirven en bandeja los robos de arte?


-Sí. Ahí están los conflictos bélicos en Oriente Medio, que son países con una gran potencialidad arqueológica. La guerra y el expolio van parejos. Con la Guerra de los Balcanes había un montón de traficantes de arte alemanes y suizos esperando para entrar y ver qué podían pillar. Como en Egipto, que ha habido saqueadores de tumbas desde la época clásica, y lo sigue habiendo, aunque este mucho más controlado. Si existe coleccionismo existe expolio de obras de arte.


-¿Ha cambiado el perfil del coleccionista?


-El coleccionismo tiene cientos de perfiles. Los hay muy íntegros y solo compran objetos de procedencia conocida, y piezas muy concretas. No es lo mismo la persona que compra un libro valioso porque es bibliófilo, que la persona que compra libros al peso.


-¿El arte zamorano está bien custodiado?


-Se hace lo que se puede. Y cuando un yacimiento arqueológico es visitable se intenta protegerlo, pero muchas veces el robo es inevitable. El patrimonio arqueológico de Castilla y León es enorme y complicado de controlar. No podemos poner a una persona vigilando cada yacimiento arqueológico.


Barcelona (1963)


Experto en iconografía medieval e investigación iconográfica, José Luis Hernando Garrido es doctor en Historia del Arte y conservador del Museo Etnográfico de Castilla y León. Acaba de dirigir en Zamora un seminario sobre el expolio y el tráfico de bienes culturales.

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