A la sombra de Alfonso X el Sabio
El IEZ Florián de Ocampo estrena una colección sobre fray Juan Gil de Zamora, uno de los mayores intelectuales del siglo XIII, con la recopilación de sus sermones

El convento de San Francisco fue residencia de Juan Gil de Zamora. / Foto José Luis Fernández
José María Sadia
El instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo acaba de abrir una ambiciosa colección crítica sobre la figura de Juan Gil de Zamora, uno de los intelectuales más importantes del siglo XIII y estrecho colaborador de Alfonso X, el Sabio. El volumen que estrena la serie de publicaciones se titula «Sermonario» y recoge siete discursos del religioso franciscano conservados en archivo de la localidad italiana de Asis. En el horizonte de un año, verá la luz un nuevo trabajo que superará el millar de páginas para rescatar el «Legendario», un conjunto de leyendas muy apreciadas por medievalistas de todo el mundo.
Con la colaboración de la Diputación Provincial, el centro zamorano ha cuidado la edición del primer libro, que recoge varios sermones de Juan Gil en el latín original y, en la página enfrentada, la traducción al castellano. Son relatos cargados de erudición que dedicaba a los sacerdotes para guiar la vida religiosa, tal y como explica el profesor Arsenio Dacosta, que ayer presentó el trabajo firmado por Fernando Lillo, dentro de una colección que dirige Cándida Ferrero.
La magnitud del pensamiento del religioso zamorano estuvo tan reconocida en la época como ensombrecida por Alfonso X. «Estuvo muy ligado a la corte y a ese grupo tan potente de traductores y de intelectuales de los que se rodeó el rey sabio», reconoce Dacosta, quien revela que Juan Gil de Zamora «contribuyó a la primeras redacciones de las Cantigas de Santa María y algunas leyendas de santos que se atribuyen al monarca». Las cantigas en honor a la Virgen son el legado musical más importante de la Edad Media.
La confianza entre el polígrafo zamorano y el monarca llegó a tal punto que «le encargó la educación del primogénito Sancho IV». Por entonces, Juan Gil de Zamora redactó un tratado para la educación de príncipes o, como expresa Dacosta, «una especie de código ético sobre cómo tiene que comportarse el buen rey».
Pasaron los años y el franciscano dedicó parte de sus esfuerzos a inculcar valores a Sancho IV, hasta que el príncipe depone a su padre, relegado a Sevilla, en cuya catedral gótica descansan los restos del rey sabio. «Este hecho separa al monarca de su protegido, que se retira a Zamora a redactar y escribir, aunque sin mayor preocupación por terminar sus obras», añade el vocal del Florián de Ocampo, quien años atrás ofreció una conferencia en los Reales Alcázares sevillanos sobre la trayectoria del pensador zamorano. El polígrafo encontraría su casa en el convento de San Francisco, hoy fundación Rei Afonso Henriques.
El presidente del instituto, Pedro García, reconoció que «parte de la obra» del franciscano «se ha perdido», si bien la colección editorial tendrá como objetivo reclamar el justo reconocimiento para el legado que ha llegado a nuestros días. Entre ellos estará el citado «Legendario», que Arsenio Dacosta sitúa al mismo nivel en prestigio que la recopilación de vidas de santos de Jacobo de la Vorágine.
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