Síncopes, diarreas, trastornos neurológicos, pulmonares, cardíacos, pérdida de memoria y de audición, de olfato y de gusto; cansancio extremo, fatiga... El COVID es la causa de la afectación multiorgánica que tiene machacados a más de 1.320 zamoranos, entorno al 10% del total de los infectados que ha dejado la pandemia en la provincia desde marzo de 2020. Estos pacientes se quedan anclados en muchos de estos cuadros médicos, sin tratamientos específicos, confirma el médico especialista en urgencias consultado, Ángel Chapa, por tratarse de una patología nueva.

Los mencionados son solo algunos de los “200 síntomas que definen al denominado “COVID persistente” o "Long COVID", de los que cada paciente sufre 36 al mismo tiempo”, según los primeros estudios a los que alude la representante en Zamora de LongCovid Castilla y León, Chus Fresno, la coordinadora a la que ya pertenece una veintena de zamoranos. Fresno abunda que otro 10% de los que han tenido el virus sigue con algún síntoma.

Síntomas incapacitantes

La puesta en marcha de una unidad específica para pacientes con COVID persistente en el Complejo Asistencial de Zamora y la creación de un protocolo para los médicos de Atención Primaria para fijar criterios en el tratamiento a enfermos con esos “síntomas incapacitantes” son las dos principales reivindicaciones del colectivo, que aglutina a más de un centenar de socios en la comunidad autónoma. “Nos gustaría que hubiera más empatía, que se nos deje de decir que somatizados y que muchos de esos síntomas son solo psicológicos”, abundan las personas afectadas entrevistadas por este periódico.

“¿Cómo quedamos los supervivientes del virus?”, se pregunta Chus para responder: “Estamos muy limitados en la vida personal, social y laboral, pasamos a ser dependientes”. En su caso, de su hija; otra integrante de la coordinadora, de su pareja, “si no es por él estaría muerta”, concreta María (nombre ficticio) con el mismo sufrimiento reflejado en el rostro. Inicialmente fue diagnosticada de estrés “por mi trabajo, vinculado al ámbito sanitario. Todo porque no tenía neumonía”.

Testimonios de zamoranas afectadas por el 'Long Covid"

TESTIMONIO AFECTADAS POR EL COVID PERSISTENTE

TESTIMONIO AFECTADAS POR EL COVID PERSISTENTE

Los dolores de articulaciones y músculos, “de los dedos y de las manos”, se suman a esos síntomas, explica Águeda García, y “son diferentes a cuando tienes el virus”. En enero, tras superarlo, pudo salir a caminar un poquito, cada día más rápido, pero llegó “otro bajón fuerte” y la normalidad se truncó. “Estuve otros dos meses fatal”, aunque está vez siguió trabajando “porque psicológicamente me hundo, y mi puesto no requiere una actividad física”. La psoriasis también ha regresado con el bicho, “un brote exagerado”, cuando ya casi había desaparecido, “ahora no se me quita ni con cremas ni con rayos UVA”.

Una afectada recorre 300 metros para llegar a la entrevista y se pierde: "Sabía dónde quería ir, pero no encontraba las calles”

No es la única a la que el virus le agudiza otras dolencias ya casi superadas. La parálisis facial que hace años tuvo María y que apenas notaba es ahora visible.

La vida les ha dado un giro de 180 grados, sin fuerzas algunos días ni para jugar con su hija o para hacer las tareas de casa, “he engordado porque, a veces, crees que comiendo puedes recuperar esa fortaleza, pero no. La energía la he perdido, y el humor, a días”, prosigue Águeda.

María incide en esa terrorífica cotidianidad que les persigue, “no sabes cómo te levantarás cada día, yo no me atrevo a salir a la calle sola, temo que me dé uno de los síncopes” que la han encerrado prácticamente en su casa. Hoy ha recorrido 300 metros para llegar a la entrevista “y me he perdido, sabía dónde quería ir, pero no encontraba las calles”. Lapsus de memoria, los mismos que han obligado a bombardear de pósit “para recordar” la casa de Chus, pegada a su cuaderno desde que el virus le resetea el cerebro a su capricho.

Otra afectada, que se mantiene en el anonimato, espera aún que le confirmen si la inflamación del útero que padece y que se manifestó después de infectarse con el virus puede ser una consecuencia del mismo, “nadie sabe el origen”. Esta mujer 46 años perdió su pelo “a manadas durante 6 meses”.

Sin afección pulmonar, no olvida aquel cansancio que le impedía casi cuidar de sus hijos, “no podía con mi cuerpo, no se lo deseo a nadie”. En la retina tiene fijada la imagen de su marido, al que le permitieron ver, “despedir”, tras un cristal de la puerta de urgencias cuando ingresaba por coronavirus porque no podía respirar.

Ensayos de tratamientos para crónicos y contra la invasividad del virus

El médico especialista en urgencias, Ángel Chapa, con una paciente

El médico especialista en urgencias, Ángel Chapa, con una paciente Cedida

ENSAYOS DE TRATAMIENTOS PARA CRÓNICOS Y CONTRA LA INVASIVIDAD DEL VIRUS



Los enfermos de COVID persistente pueden empezar a ver la luz al final del túnel no tardando. Existen “múltiples opciones en ensayo”, explica el médico especialista en urgencias, Ángel Chapa. Esas opciones van dirigidas “no sólo al tratamiento crónico, si no también a evitar la invasividad del virus una vez contagiado”. El objetivo es “ir intentando hacer el curso de la enfermedad más leve” y buscar “todo tipo de tratamientos para el paciente crítico, todas ellas hasta ahora sin resultado”.

El facultativo, también médico de familia, recuerda que, en esta medicina de guerra que impuso la pandemia, los intentos por combatir al enemigo con tratamientos cuya efectividad se desconocía son de no hace tanto, “desde la cloroquina, la azitromicina, la ivermectina, la colchicina e incluso algún que otro antidepresivo..., que bien pudieron ocasionar más daño que beneficio”, recalca para insistir en que la prioridad actual es “vacunar, vacunar y vacunar”.

Lo demás llegará, ya que “nunca antes la comunidad médica mundial se había puesto a una en tan poco tiempo”, por lo que pide “un poco más de tiempo para mis compañeros, son muy buenos”. Los recursos sanitarios “no son ilimitados”, subraya, tras más de un año de trabajo duro, los sanitarios “están física y emocionalmente agotados. Aún hoy su prioridad debe ser testar y tratar los brotes y, sobre todo, vacunar”.

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