El altar de la Virgen. | José Luis Fernández

En 2019, la Virgen del Tránsito celebró su aniversario número 400. Miles de personas acompañaron y adoraron a la imagen durante la semana, tanto dentro del convento del Corpus Christi, sede de la Santísima, como por las calles de la ciudad. Un año después, nadie podía prever que la siguiente edición iba a ser tan diferente y excepcional. La situación sanitaria y las medidas anti-COVID han influido en la celebración de esta festividad, pero no han mermado ni un ápice la ilusión de los devotos. A pesar de los cambios en el protocolo, los zamoranos arropan a la “Virgen dormida” con la misma veneración y cariño de siempre.

Sor Mercedes, abadesa del convento, reconoce que “la situación es excepcional” pero afirma que la comunidad afronta la fiesta “como todos los años”. El evento dio comienzo el día 6 de agosto, con la celebración de rosario, eucaristía y salve cantada. Desde el día 7 y hasta el 15 del mismo mes, la festividad incluye cuatro misas por la mañana (cinco el día 15) y otra por la tarde, que encuadra rosario, novena y salve.

Aparte de los actos religiosos, el viernes 14 y el sábado 15 tendrán lugar dos de los actos más esperados por los devotos: la vigilia de la Adoración Nocturna, el viernes, y la exposición de la imagen al público, que tendrá lugar durante toda la tarde del sábado. Por último, el domingo 16 se cerrará la fiesta con dos eucaristías de Acción de Gracias, una en horario matutino y otra en vespertino. Este mismo día se solía celebrar la veneración de las sandalias de la Santísima, pero la situación sanitaria no permite llevarla a cabo, como bien ha confirmado la abadesa.

La realización de los eventos cuenta con las medidas de seguridad convencionales: uso obligatorio de mascarilla, distancias de seguridad y geles desinfectantes. Además, el espacio cuenta con un aforo limitado a setenta personas. Pero la medida más dura y excepcional que han tenido que implantar ha sido la restricción de visitas a la imagen. “No se puede subir a ver a la Virgen, porque se trata de un espacio muy pequeño. Todos subimos y bajamos por las mismas escaleras, y resulta inviable llevar a cabo esta actividad”, declara la superiora.

A pesar de los inconvenientes y del evidente descenso de público, Sor Mercedes asegura que “la gente está respondiendo”. “Hay días en los que el aforo ha rozado el lleno”, asevera. Otra de las disposiciones adoptadas es el cambio del horario de separación de las misas, que pasa de ser de una hora a una hora y media. El objetivo es que el personal del convento pueda realizar a tiempo las labores de desinfección. La abadesa reconoce que hay un punto positivo en todo esto, y es que “la celebración de tantas eucaristías permite un reparto más equitativo de la gente”.

Tras perderse la Semana Santa, los devotos zamoranos no quieren desperdiciar la oportunidad de venerar a una de las imágenes más queridas de la ciudad, pero siempre con la responsabilidad requerida.