09 de noviembre de 2018
09.11.2018

El experimento del puzzle, o por qué no debemos alabar la inteligencia de nuestros hijos

La manera en la que felicitamos podría tener consecuencias en la actitud de los alumnos

09.11.2018 | 18:24
Es más recomendable alabar el esfuerzo que la inteligencia.

"Si quieren ofrecer un regalo a sus hijos, lo mejor que pueden hacer es enseñarles a amar los desafíos, sentir curiosidad, disfrutar del esfuerzo y seguir aprendiendo. De esta manera, no tendrán que ser esclavos de las alabanzas. Alabar la inteligencia de los niños perjudica la motivación". Esta frase es de Carol Dweck, profesora de Psicología de la Universidad de Stanford. La pronunció después de llevar a cabo 'El experimento del puzzle'.

Un experimento que demostró que decirles con frecuencia a nuestros hijos que son inteligentes (aunque lo sean) no es bueno para ellos, sino todo lo contrario.

Dos formas de elogiar, dos reacciones ante el esfuerzo

Carol Dweck y su equipo llevaron a cabo un experimento con 400 alumnos a los que dividieron en dos grupos de 200.

Se les entregó el mismo puzzle a todos y se les pidió que lo completasen. Al terminar, a uno de los grupos se les felicitó utilizando expresiones que alababan su inteligencia, del tipo: "Vaya, sois muy inteligentes". En cambio, el otro grupo recibió felicitaciones por el esfuerzo: "Qué duro habéis trabajado".

Lo que los investigadores querían comprobar era sí la forma de felicitar podría tener consecuencias en la actitud de los alumnos. El resultado fue elocuente.

Después de finalizar el puzzle, a los estudiantes se les propuso someterse a otra prueba. Pero esta vez se les dio a elegir: podían escoger entre una prueba más difícil y otra más sencilla. Dos tercios de los chicos que habían sido elogiados por su inteligencia eligieron el test sencillo. Por contra, el 90% de los niños elogiados por su esfuerzo eligió el test más complicado.

Los dos grupos acometieron una segunda prueba que en ambos casos era de una dificultad similar a la primera, aunque a los del primer grupo se les hubiera anunciado un incremento de la dificultad.

Estos son los resultados: el grupo elogiado por su inteligencia empeoró su puntuación en esta prueba un 20% con respecto a la anterior. Y el grupo elogiado por el esfuerzo aumentó su puntuación en un 30%.

Carol Dweck y su equipo analizaron los resultados y llegaron a una conclusión lógica: el grupo al cual se alabó su inteligencia no quiso arriesgarse a perder su etiqueta de inteligentes y por ello, se decantó por la prueba sencilla, en lugar de intentar esforzarse y superarse. En cambio, el grupo alabado por su esfuerzo, se esforzó más aún y por eso, obtuvo mejores resultados que en la primera prueba.

Inteligencia y esfuerzo: un cambio radical de perspectiva


Este experimento trajo consigo un cambio radical de perspectiva sobre el esfuerzo y la inteligencia, y sobre qué debemos inculcar a nuestros hijos. De él sacamos la conclusión de que motivar a nuestros hijos a esforzarse y dar lo mejor de ellos, en lugar de decirles continuamente lo listos e inteligentes que son es bueno para ellos. De esta manera, les enseñaremos a ver los retos como oportunidades de aprendizaje en lugar de verlos como amenazas.

Seis claves para inculcar la cultura del esfuerzo en tus hijos


1. Evitar obsesionarse por el resultado y poner el foco en la actitud, el interés y el esfuerzo de nuestros hijos al realizar alguna tarea o afrontar algún reto.

2. Resistirse a poner etiquetas que, aunque nos parezcan muy positivas, puedan limitar el interés de nuestros hijos por afrontar nuevos retos. Ya hemos leído que los estudiantes alabados por su inteligencia no querían perder su estatus y por tanto evitaban afrontar retos más complicados.

3. Transmitir el gusto por esforzarse y hacer las cosas con ganas e interés y ser ejemplo en este sentido. Nuestros hijos aprenden de nosotros, por tanto, parece lógico que si ven que nosotros nos esforzamos, ellos harán lo mismo.

4. En esta nueva perspectiva, el error no es un fracaso sino una oportunidad para poner a prueba nuestro esfuerzo y ejercitar nuestras habilidades e inteligencia.

5. Hablarles de personas que han conseguido llegar muy lejos después de mucho esfuerzo. Por ejemplo, del atleta que se prepara 4 años para 90 segundos de competición o de Einstein, que tardó casi 20 años en desarrollar una fórmula que podemos copiar en un cuaderno en 2 segundos. Son historias que demuestran la importancia del esfuerzo mantenido en el tiempo, la perseverancia, para alcanzar nuestros objetivos y crecer. De esta forma, les estaremos explicando a nuestros hijos que los éxitos vienen después de mucho trabajo.

6. No sobreprotegerlos. Si nuestros hijos pueden conseguir algo por sí mismos, aunque les cueste más, es preferible fomentar que lo hagan ellos solos, porque su satisfacción personal será mayor. No olvidemos que considerarnos capaces es fundamental para tener una buena autoestima.

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