Un tercio de la población española tiene malabsorción de lactosa. Esto implica que el intestino no es capaz de procesar ni asimilar correctamente la lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra de forma natural en la leche y derivados lácteos como yogures, quesos, mantequilla, nata…

Pero no es lo mismo que la intolerancia a la lactosa, que produce molestias o síntomas digestivos tales como:

  • Diarrea.
  • Náuseas.
  • Hinchazón.
  • Gases.
  • Cólicos estomacales.

Es un trastorno muy habitual y se estima que podría afectar a entre el 20-40% de los españoles. 

Intolerancia a la lactosa subjetiva

Como explica el doctor Francesc Casellas Jordá, especialista en Aparato Digestivo y experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD)

  • "Es común que las personas que tienen malabsorción de la lactosa la noten en forma de intolerancia, pero aún en estas ocasiones puede darse que ambos trastornos no coincidan".
  • "La realidad es que hay pacientes mal absorbedores que toleran la lactosa, y pacientes intolerantes a la lactosa que la absorben bien”.

La intolerancia a la lactosa afecta a entre el 20 y el 40% de la población española y no se debe confundir con una alergia Freepik

Una paradoja que da lugar a lo que los expertos denominan “intolerancia a la lactosa subjetiva”: pacientes que, bajo su propio criterio personal, atribuyen las molestias digestivas a la lactosa sin un diagnóstico médico.

Por eso, solo el 38% de los casos sospechosos de intolerancia a la lactosa lo son realmente. 

La leche es un alimento que no debemos infravalorar

La doctora Elena Fernández, médico de familia y miembro de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), en el estudio ‘Importancia nutricional y metabólica de la leche’, explica los otros beneficios de la leche, más allá de su valor nutricional.

"Constituyen un factor de prevención en determinadas patologías afluentes como son:

  • La enfermedad cardiovascular
  • Algunos tipos de cáncer
  • La hipertensión arterial
  • Patología ósea
  • Patología dental
  • Puede contribuir también en la lucha frente al sobrepeso y la obesidad infantil”

Esto quiere decir que la sintomatología propia de este problema no siempre se corresponde a una intolerancia a este azúcar predominante en la leche y productos lácteos.

Y lo más importante: no se debe autodiagnosticar la enfermedad.

Hay que acudir al médico y no suprimir los lácteos de la dieta, ya que son un alimento muy completo y necesario para nuestro organismo.

Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa

Basándose en los síntomas descritos por el paciente, el médico puede confirmar el diagnóstico de intolerancia a la lactosa a través de la realización de una o más de las siguientes pruebas, ambulatorias, y muy fáciles de llevar a cabo.

  • Test del aliento de hidrógeno. Es la prueba más común para conocer si realmente se tiene intolerancia a la lactosa. Después de consumir leche o cualquier otro producto lácteo, se recogen muestras del aire exhalado para determinar la concentración de hidrógeno. Un exceso de hidrógeno indica que no se tolera bien la lactosa.
  • Analítica de sangre. En este caso, dos horas después de ingerir leche se realiza un análisis de sangre. Solo se mide la glucosa. Si no se eleva este nivel, solo puede significar una cosa: intolerancia a la lactosa.

La prueba más común para detectar la intolerancia a la lactosa es el test del aliento de hidrógeno

Grados de intolerancia a la lactosa

Dependiendo del nivel de tolerancia a la lactosa, existen diferentes grados de la enfermedad:

  • Bajo, de 9 a 12 gramos de lactosa.
  • Medio, de 5 a 8 gramos de lactosa.
  • Alto, hasta 4 gramos de lactosa.

No se debe dejar el consumo de lácteos, sino ajustarlo a la cantidad que tolera cada persona

Como señalan desde la Sociedad Española de Patología Digestiva, aquellas ingestas inferiores a 12 gramos de lactosa, es decir, un vaso de leche, suelen ser toleradas por la mayoría de los intolerantes sin producir ningún tipo de síntoma.

Y para que nos hagamos una idea de lo que podríamos o no tomar, estos datos son una buena pista:

  • Un vaso de leche contiene 12 gramos de lactosa.
  • Un yogur natural, 5 gramos de lactosa.
  • Queso crema, 1,5 gramos de lactosa por cada 50 gramos.
  • Queso mozzarella, de 0 a 3 gramos de lactosa por cada 100.
  • Rebanada de queso curado, 1 gramo de lactosa.
  • 50 gramos de queso de bola, no contiene lactosa.

También se pueden tolerar cantidades más grandes de lactosa si se reparten a lo largo del día.

Productos sin lactosa, la mejor alternativa para los intolerantes, pero con matices

El doctor Casellas Jordá subraya que

  • "No se debe anular el consumo de lácteos, sino ajustarlo a la cantidad que tolera cada persona".

Porque no se trata de una alergia, en la que sí que hay que evitar cualquier contacto con esa sustancia.

  • "En el caso de la intolerancia a la lactosa, lo adecuado es ajustar el consumo de lactosa a la cantidad que cada persona puede tolerar".

Los lácteos son un producto muy necesario para nuestro cuerpo, puesto que contienen calcio, vitamina D

Y ante la pregunta si se deben eliminar los lácteos ante un diagnóstico de intolerancia a la lactosa, la respuesta es no.

Así lo detalla el especialista.

  • "Los lácteos son un producto de gran valor alimenticio puesto que contienen calcio, vitamina D y, en el caso del yogur, la actividad lactásica (producción de lactasa) que proporcionan las bacterias ayudan a la digestión de la lactosa; por lo que se debe motivar su consumo en la medida que pueda tolerar cada persona".

No obstante, si no se tolera la ingesta de, por ejemplo, un vaso de leche, se puede optar por el consumo de leche sin lactosa. Un producto que ha sido modificado para añadir lactasa, la enzima encargada de romper la lactosa en sus dos azúcares simples: glucosa y galactosa. De ahí, que tenga un sabor más dulce que la leche convencional.

Lactasa: pastillas para los intolerantes a la lactosa

El único tratamiento para la intolerancia a la lactosa, junto a la reducción de la ingesta de productos lácteos, son las patillas que ayudan a digerir estos alimentos. Se llaman lactasa y son unos comprimidos que contienen una enzima que, como ya se ha explicado, ayuda a romper la lactosa en dos azúcares y así ser absorbidos por el organismo.

La alergia a la leche, muy habitual en niños

La alergia a la leche es una respuesta del sistema inmunitario y que se manifiesta con síntomas inmediatos después de la ingesta:

  • Sibilancia (pitidos)
  • Vómitos
  • Urticaria
  • Otros problemas digestivos.

No obstante, no debe confundirse con intolerancia a la lactosa, porque nada tiene que ver.

En los casos más graves, la vida de la persona puede llegar a estar en serio peligro. Por eso las personas alérgicas a la leche no pueden consumir ningún alimento que contenga leche, por muy bajo que sea el porcentaje de lactosa. En todo caso, se debe consultar con un médico ante cualquier sospecha, ya sea de alergia o intolerancia.

La lactasa se pueden adquirir sin receta médica en las farmacias. Pero ¡atención! no está indicada para todos los pacientes. No es apta para intolerantes a la proteína de la leche, ni para los alérgicos a la lactosa, que podría provocar un shock anafiláctico.

Se toma justo antes del consumo de cualquier alimento que contenga lactosa.

Dependiendo de la cantidad de lactosa, puede ser probable que haya que tomar más de un comprimido para una sola comida (sin sobrepasar los cuatro a la vez ni más de seis al día).

De media, una sola cápsula está indicada para 375 mililitros de leche.