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Baltasar Rodero

Baltasar Rodero

Médico psiquiatra

Cuándo evitar dar una noticia

En ocasiones, cuando estamos en el conocimiento de algo, el ímpetu nos embarga, y de forma impulsiva y sin ningún filtro deseamos participarlo

Históricamente hemos venido asistiendo en términos de comunicación, a relatos interesados, que no se ajustan a la realidad, incluso que soportan hechos falsos, fabricados con fines espurios. No son pues las noticias falsas, cosas de ahora, de este momento histórico, lo que sí ha cambiado es la facilidad para expresarlas o trascenderlas, el poco esfuerzo que tenemos que realizar para comunicar cuanto y como queramos, las redes sociales nos lo facilitan tanto, que en ocasiones, compulsivamente notificamos situaciones o hechos sin filtrar, o simplemente inventados, con objetivos predeterminados.

Estas situaciones las venimos viviendo, casi de forma diaria, en consulta, no hace muchos meses, acudió una persona, que entre otras cosas comentó, “se lo tengo que decir, lo tiene que saber, es importante pare él, no me lo puedo callar“, refiriéndose a un amigo. Esta u otras frases parecidas, son el preámbulo de la manifestación de una necesidad, de realizar un comunicado, de dar una noticia, de participar un hecho.

Se trataba de un varón joven, amable, sociable y muy comunicador, que plateó una situación familiar, referida a las pésimas relaciones entre sus miembros, en las que estaba imbricada la situación de un amigo. Este había sido abandonado por su pareja, y obviamente se sentía mal, triste y muy dolido, algo que le afectaba por el gran afecto que sentía hacia él, a esto se sumó, el que contaba con la noticia, de que la pareja, ya había encontrado compañía, cosa que ignoraba su amigo, y él sentía la necesidad de comunicárselo, para mitigar su sufrimiento, entendía que el conocimiento de esta situación mejoraría su estado.

Cada acto que realizamos, lo normal es que tenga sus consecuencias, y lo normal es que éstas las analicemos antes de su realización, esto se sitúa en la línea de la prevención, y es algo que tendremos siempre que tener en cuenta

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Teniendo en cuenta la totalidad de los diferentes temas planteados, comenzamos a estudiar de forma específica el de su amigo, así como la necesidad que él sentía de comunicarle la novedad observada. Yo le pregunté, como se había informado de la nueva situación, de la pareja del amigo, quién, o cómo se lo había dicho, o si lo había visto con sus propios ojos.

La respuesta fue confusa, su hermana se había enterado por una amiga, parece que estando ésta, en una cafetería, entró la expareja del brazo de un desconocido, manteniendo ambos una relación cercana. Obviamente, yo le respondí que, cuando las noticias nos llegan por una comunicación tan barroca, la respuesta es no aceptarla, porque la duda es grande, y el asunto del que se trata es grave, con lo que se olvide del tema.

Otro aspecto a tener en cuenta, en la valoración de dar o no dar una noticia, es el carácter de la misma, si mejora en algo la situación, si es bondadosa, o simplemente aporta más inquietud y desazón. En este caso no mejoraba nada, lo único que aportaba es mas irritación y malestar al amigo, al traer su problema al presente, al revivir una situación desagradable, por lo que no estaba indicado dar la noticia al amigo.

Como tercer elemento de valoración, comentamos si la noticia era necesaria, algo que obviamente no lo era, no aportaba nada sustancial para la vida o el comportamiento del amigo, no cambiaba su estatus ni su forma de vida, era completamente aleatoria, por lo que nuevamente le desaconsejé, el comentarle a su amigo nada.

Los tres elementos, si es o no verdad, si es o no generosa o simplemente buena, y si es o no necesaria, son los tres filtros que recomienda Sócrates en sus diálogos, que cumpla toda noticia que deseemos dar, el cumplimiento de estos requisitos, implica, que la comunicación de la noticia podrá ser útil, y de esta forma podrá colaborar o ayudar, en la mejor solución de cualquier problema, de no cumplir los requisitos expuestos, lo recomendable es abstenerse de comentario alguno.

Ocurre en ocasiones que, cuando estamos en el conocimiento de algo, el ímpetu nos embarga, y de forma impulsiva y sin ningún filtro deseamos participarlo, esto nos tranquiliza, se nos quita un peso de encima, nos hemos liberado de una carga, pero no analizamos las consecuencias que eso conlleva, nuestra libertad, nuestra liberación, nuestra tranquilidad, a cambio, quizás, de intranquilizar e inquietar, o incluso hacer sufrir.

He tenido ocasión de escuchar a jóvenes, especialmente a chicas, que por circunstancias tienen un grave problema, se sienten mal, angustiadas, tristes, sin saber qué hacer, por ello acuden a la madre que tampoco lo puede resolver, pero lo que ellas pretenden, es sentirse mejor, lo que consiguen al compartir el dolor, ”lo sabe ella, mi madre, y así yo me siento mejor”, cuando la realidad debe ser, que antes de presentarse el problema, es cuando tenemos que solicitar orientación, para que éste no se presente, y si se presenta tengamos un plan B.

Cada acto que realizamos, lo normal es que tenga sus consecuencias, y lo normal es que éstas las analicemos antes de su realización, esto se sitúa en la línea de la prevención, y es algo que tendremos siempre que tener en cuenta, para evitar llevar a los demás, nuestros propios problemas.

(*) Médico psiquiatra

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