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La Opinión de Zamora

Laura Rivero

Entrando al trapo de la corbata

Una prenda que no forma parte del uniforme de los trabajadores que han apagado nuestra tierra quemada

Expositor de corbata Victor Casado

Estaba resistiéndome a entrar al trapo de la corbata del presidente de Gobierno para ahorrar energía -para mí no es más que un trapo más o menos vistoso eso que muchos hombres siguen anudándose al cuello cuando se visten- porque me parecía que en Zamora no estamos este verano especialmente para entretenernos con serpientes de verano después del infierno de fuegos que estamos viviendo.

Pero tras ver la reacción de la oposición política contra el gesto veraniego del presidente de no usar corbata, y su recomendación de que nos la quitemos para ahorrar en aire acondicionado, he llegado a la conclusión de que hay algunos trapos que tienen más importancia de la que parece.

Así a bote pronto se me ocurre que entre más del cincuenta por ciento de la población española que somos las mujeres, la recomendación va a caer en saco roto por innecesaria. Y lo que es más importante: que más del cincuenta por ciento de la población mundial que somos las mujeres nos libramos de la responsabilidad del cambio climático asociada al uso de corbata durante el verano y al calentamiento global por partida doble: por tener que rebajar la temperatura del aire acondicionado, y por el aumento de la misma que el trapo apretadito provoca en el cuello y en la cabeza. Si a ello añadimos que este trapo viene asociado en la vestimenta a un traje con chaqueta y pantalón, ambos de “mangas largas” –como decía el hijo pequeño de una gran amiga- el ahorro propuesto por el presidente es mucho mayor y el calentamiento del planeta hasta disminuir sensiblemente.

Si el problema de los zamoranos es pagar el recibo de la luz en casa, en los negocios y en las calles. Si la luz que se produce a costa de la sequía de los embalses en verano no se queda en Zamora

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Dicho todo esto con ironía relativa. Porque precisamente la distancia entre la pequeña solución de quitarse la corbata y el gran problema del cambio climático que nos ha traído este verano tan seco y de tierra zamorana quemada, parece una distancia tan grande que nos puede inducir a la burla. Pero en el fondo, recorrer el camino de la responsabilidad individual y de los gestos diarios de la gente comprometida con su planeta, sí es el buen camino. Salvando las distancias.

Por eso, al gesto del presidente sin corbata por un día -puesto que al día siguiente se la puso ante el rey- le siguieron una serie de recomendaciones y normas para el ahorro de energía, a las que han entrado al trapo las derechas del país pese a haber defendido algunas de ellas sus estrenados líderes, al grito de “viva la libertad” y “Madrid no se apaga”.

Lo extraño es que se hayan subido al carro de la insumisión algunos zamoranos como el presidente de la diputación, diciendo que estas medidas perjudican a la provincia ¿Cuáles? ¿El descenso de la temperatura de la climatización ahora y de la calefacción cuando llegue el frío invierno de nieblas y heladas zamoranas? Si precisamente el problema de los zamoranos es que la mayoría no tiene calefacción en casa y mucho menos aire acondicionado ¿El apagado o disminución de las luces en el alumbrado público, monumentos y escaparates de comercios? Si el problema de los zamoranos es pagar el recibo de la luz en casa, en los negocios y en las calles. Si la luz que se produce a costa de la sequía de los embalses en verano no se queda en Zamora. Si la frase que se oye por estas tierras que pierden población es: “el último, que apague la luz”. Esa es la verdadera preocupación.

Volviendo al trapo del trapo llamado corbata, como gesto, ¿dónde está el problema de quitarse la corbata? Un trapo que los hombres se cuelgan por tradición como símbolo de respeto y que incluso a veces es exigible por el protocolo para ciertas actividades. Un trapo del que se excluye a las mujeres, demostrando así su inteligencia pese a que haya sido utilizado por ellas muchas veces para reivindicar la igualdad. Un trapo que no se ponen en otras culturas, evidentemente. Y que la mayor parte de los trabajadores no pueden utilizar en su trabajo –aunque en algunos se les obliga a llevarlo. Un trapo que no forma parte del uniforme de los trabajadores que han apagado nuestra tierra quemada.

Volviendo a la población excluida de la obligación de la corbata, las mujeres, y defendiendo que cada uno y cada una pueden vestirse como quieran, no puedo menos que recordar a las “sin sombrero” que en el siglo pasado reivindicaron poder librase de éste para ser libres y pensar libremente, y reivindicar a los compañeros “sin corbata”, que llevan años sin dejar que nadie les agarre por el cuello en ninguna situación, incluidas las visitas reales de los monarcas.

Otro trapo de verano al que han entrado las derechas como un Miura ha sido la campaña de las mujeres gordas en la playa, en la que los cuerpos de la mujer se muestran hermosos como “Las tres Gracias” de Rubens, y que por ello no se entiende que sea atacada salvo por la crítica del “No es No” al gobierno. En un contexto de anorexia nerviosa entre adolescentes, de cirugía estética a costa de la salud, y de campañas de mujeres con cuerpos siempre jóvenes y perfectos e imposibles, ver a mujeres gordas como las tres gracias, inteligentes, felices y sabias, sí me representa. La campaña de mujeres como somos en la playa no sería necesaria si la mayor parte de las campañas nos incluyera a todas, a todos, libres de trapos y corbatas.

Acabo entrando al trapo para citar dos anécdotas que se han dado en esta tierra nuestra necesitada también de respiro en verano, como hacen en las miles de fiestas que en los cientos de pueblos se están celebrando ¡Bienvenidos a quienes las hacen posibles!

La primera me cuesta mucho decirla, porque es una disculpa al vicepresidente de la Junta, de Vox, que dijo que el hipersexo era la causa de nuestra despoblación, por lo que fue criticado por mí. Dos felices ancianos haciendo una felación en la Marina me obligan a rectificar y volver a pensar en la Zamora y Gomorra de Palomino ¡Por dios!

La otra tiene que ver con un nuevo delito que el subdelegado del gobierno ha puesto de manifiesto en Zamora: los robos de bicicletas. Claro que esto puede ser un robo para divertirse, o como en el caso de la película de Vittorio de Sica “El ladrón de bicicletas”, porque un honrado padre de familia necesita una bicicleta para tener un trabajo y alimentar a su hijo. Espero que los ladrones de bicicletas no estén alentados por los que echan la culpa de nuestros incendios a los radicales ecologistas y sus bicicletas. Para el verano, como en la película de Fernando Fernán Gómez.

Por hoy no hay más trapos, ni siquiera sucios.

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