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La Opinión de Zamora

Manuel Antón.

Antes o después, todos tendremos que rendir cuentas. Lo que no sabemos es ante quién

El caso de los ERE de Andalucía ya ha sido confirmada por el Tribunal Supremo

Chaves y Griñán José Antonio Griñán. | EFE

Así como al PP de Rajoy ya le tocó pagar por lo que, se pudo saber y quedó demostrado, hizo don Mariano y no pocos de sus compinches, con su consentimiento o sin él (“Luis, sé fuerte”…) ahora le toca al PSOE de don Pedro asumir que en sus filas no solo ha habido corruptos, y de qué manera, sino también encubridores y hasta defensores de lo indefendible; entendiendo como tal la complicidad de los otrora máximos dirigentes del PSOE andaluz en el conocido, juzgado y ya sentenciado caso de los ERE de Andalucía. Por suerte para unos y por desgracia para otros, la sentencia que dictara hace casi tres años la Audiencia Provincial de Sevilla acaba de ser confirmada por el Tribunal Supremo, lo que pone en evidencia que quienes durante tantos años negaron la mayor tienen ahora mucho que callar.

Se pongan como se pongan el señor Sánchez y cuantos le secundan -cada vez son menos- hoy en su partido “pintan bastos”, y no solo por la reafirmación por parte del alto tribunal de una sentencia que, estaba cantado, más tarde o más temprano tenía que recibir el respaldo del más alto órgano jurisdiccional, sino también porque nuestro país, en gran medida por culpa de sus constantes mentiras e incoherencias, está atravesando uno de los peores momentos desde que vivimos en democracia.

Permítaseme destacar que los mangoneos de los populares comparados con los protagonizados por los socialistas andaluces parecen cosa de principiantes

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Las circunstancias, como la “culpa in vigilando” son algo con lo que quienes tienen responsabilidades de gobierno han de saber apechugar; cosa que no están sabiendo hacer los señores Chaves y Griñán, entre otros muchos y muchas, al mantener esperanzas en que el señor Sánchez, el mismo que tiempo atrás defendiera una reforma de la medida de gracia para que los condenados por corrupción no pudieran acogerse a ella jamás, no descarte la posibilidad de indultarles.

Hace unos días oí decir al señor presidente que: “en Andalucía van a tener que pagar justos por pecadores”…bla, bla, bla, cuando él, como cualquiera que se haya leído por encima la ya famosa sentencia de los ERE, sabe perfectamente que está más que demostrada la existencia de una red clientelar durante los mandatos de los precitados expresidentes andaluces, que si bien pudo no haberles reportado a ellos de manera directa beneficio económico alguno, si sirvió para captar los votos necesarios y suficientes para que ambos pudieran mantenerse en el poder durante mucho tiempo.

El que la trama de los ERE, además de lo dicho, sirviera para que numerosos amigos, conocidos, familiares y/o compañeros de partido de los hoy condenados se repartieran y/o gastaran lo que “no está escrito” es algo que, espero, no dejen de airear los “equilibristas de la desinformación” que llevan años enfatizando las corruptelas del PP y obviando las del PSOE.

Ahora todos los adalides de la información política tienen datos sobre los que, si son valientes, deben informar sin tapujos a la opinión pública, pues los 680 millones de euros defraudados por los socialistas andaluces puede que no sean más que una parte de lo que debieron trincar muchos personajes indecentes con mando en plaza durante los más de treinta años que el PSOE gobernó en Andalucía.

Sin defender para nada a quienes mientras ocuparon las siete plantas del edificio ubicado en el número 13 de la madrileña calle Génova movieron los hilos que propiciaron las corruptelas del PP, al menos durante la etapa en que fue presidido por don Mariano, permítaseme destacar que los mangoneos de los populares comparados con los protagonizados por los socialistas andaluces parecen cosa de principiantes.

Y como igual me da que me da lo mismo, opino que, cuando te cogen con las manos en la masa, y más tratándose de dinero de todos los españoles, hay que rendir cuentas ante el respetable y no hay indulto que se pueda barajar.

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