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La Opinión de Zamora

Laura Rivero

Memoria personal de un periódico que guarda mi memoria

Tiene la sensibilidad y el compromiso suficiente para mostrar esa Zamora que vive en los pueblos

ZAMORA. VISITA EXPOSICION LA OPINION DE ZAMORA ANA BURRIEZA

El periódico de los domingos. En mi familia siempre hemos sido grandes lectores. Y aunque en la familia numerosa en la que mi padre tenía que trabajar en dos sitios para sacarnos adelante no teníamos una gran biblioteca, siempre hubo dinero para comprar los libros que nos mandaban leer en el instituto y para pagar la suscripción al Círculo de Lectores, que nos llevaba los libros a casa y esperábamos con avidez. Con la misma que esperaba que llegara el domingo por la mañana para ir a comprar el periódico al quiosco y devorarlo esa misma tarde. Comprar el periódico los domingos para saber qué pasa en el mundo sigue siendo una costumbre en mi barrio, donde la economía no daba y no da para más en muchas familias.

El periódico del bocadillo. Al final el periódico de los domingos era una gran inversión, porque tras su lectura se reutilizaba en miles de actividades de la vida diaria: desde envolver el bocadillo del trabajo cada día, hasta encontrárnoslo dentro de los zapatos al empezar el nuevo invierno, donde las hojas del periódico habían conservado la horma y la memoria.

El periódico de los bares. Para completar la información del día a día, acompañando a la arraigada costumbre zamorana del “tapeo” siempre estaba el periódico en la barra de los bares, en la que la clientela nos disputábamos con respeto y miradas de impaciencia la oportunidad de llegar los primeros al inicio del cierre tras la última página para preguntar con impaciente cortesía: “¿ha acabado?”. Para que con suficiencia cortesía tuviéramos la suerte de que nos contestaran: “se lo paso en cuanto acaben”, para desesperación cortés de quienes estaban antes, a quienes se les ofrecía con la esperanza de que dijeran que no tenían prisa y otro café, por favor.

El periódico de apoyo a las reivindicaciones zamoranas. Que hasta el domingo pasado ha pedido responsabilidades por el incendio de la Culebra en su editorial, de la misma manera que ha apoyado a la Zamora despoblada

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El periódico del trabajo. Si lo cito en mi memoria es para decir que era igual que el del punto anterior los centros de trabajo donde era habitual que estuviera el periódico. Y en mi caso en las salas de profesores. Tan importante era para los educadores que muchas veces acababa en la fotocopiadora para formar parte de la clase del día. Algunas veces –las menos- en la carpeta de algún profe cuando tenía examen y se aburría de vigilar o quería dar una oportunidad a la “chuleta” salvadora.

El periódico de la educación. Además de lo dicho como centro de trabajo y de su utilización espontánea como material en el aula, el periódico ha sido muchos años a través de un suplemento el órgano de expresión de la educación zamorana: de sus centros, sus problemas, sus opiniones y las de muchos de mis alumnos y alumnas que, tras ver publicado su escrito o su poema, han podido sentirse tan importantes como el periódico.

El periódico que fui por sorpresa un día. Parte del tiempo en que estuve en un sindicato, fui la encargada del área de la mujer y de elaborar algunas notas de prensa. Y por ello, un 8 de marzo de un año que no recuerdo escribí un artículo para conmemorar el día de la mujer trabajadora. Ese día, tras el disgustillo sindical de que no lo hubieran sacado en las noticias, me encontré con la sorpresa de que aparecía en la sección de opinión ¡con mi foto! ¡Era periódico! Todo un honor.

Dos periódicos en uno y “el otro sindicato de clase”. Pensaba seguir un orden cronológico de mi memoria, pero unos recuerdos me llevan a otros relacionados, sin orden cronológico. Con el paso del tiempo, el periódico de Zamora que era uno solo, acabó siendo dos, tres y alguno más sin periodicidad diaria. Dos de ellos se fusionaron en el que hoy se mantiene y del que estoy hablando, no sin los conflictos laborales habituales en la fusión de dos empresas. Recuerdo que el sindicato donde yo estaba defendió a parte de los trabajadores en su conflicto laboral, y por ello durante mucho tiempo se censuraba su nombre aunque no la verdad, y se le llamaba “el otro sindicato de clase”.

El periódico de la mayor movilización de Zamora. De la misma manera que recuerdo la anécdota anterior, recuerdo las mañanas de amanecer durante la toma del Cuartel Viriato, en la que esperábamos el periódico para desayunarnos con una lectura que nos llenaba de ánimo para seguir luchando por una reivindicación justa para toda Zamora.

El periódico de apoyo a las reivindicaciones zamoranas. Que hasta el domingo pasado ha pedido responsabilidades por el incendio de la Culebra en su editorial, de la misma manera que ha apoyado a la Zamora despoblada, a la Zamora que trabaja y a la Zamora que se rebela. A la Zamora que este año se vacía y que se quema.

El periódico que defiende los valores de los pueblos. Y no me refiero sólo a lo anterior, sino a que tiene la sensibilidad y el compromiso suficiente para mostrar esa Zamora que vive en los pueblos, que lucha en los pueblos y que se divierte en las fiestas de los pueblos. Que pone en valor el valor de Zamora.

El periódico alegre de las fiestas.

El periódico triste de las calles vacías por el COVID, de los campos quemados…

El periódico del olvido: de escritores y articulistas de gran valía y compromiso como Lorenzo Pedrero, con el que mi memoria tiene una deuda vital y el periódico una deuda moral. De su olvido que sobrevive en la hemeroteca. .

Mi periódico. Como el periódico es de toda la sociedad zamorana de aquí, de la diáspora y de la adopción, casi todo lo dicho hasta ahora puede ser reconocido por todos. Por eso vuelvo a ese periódico de mi memoria, que me ha acompañado desde el papel que inventó la economía circular de los domingos de mi infancia hasta el desayuno de hoy y de cada día a través de internet: El periódico de la mejor lectora, mi madre, suscrita al periódico desde hace muchos años y defensora de lo que dice con contundencia, “es verdad porque lo dice el periódico. El periódico de las vacaciones, cuando eran mis hijas las que lo compraban junto con un “frigopié” y un “minimilk”. El periódico de momentos felices y acontecimientos inesperados, con los abrazos del apoyo absoluto de los zamoranos y del puño el alto en el balcón del ayuntamiento.

El periódico más triste del mundo: el de adiós a Violeta, que ya había formado parte de él en las pancartas de alguna manifestación, en el Cuartel Viriato de pequeña, y cada vez que iba a estudiar a la biblioteca del Campus que había conseguido con su lucha.

Un periódico que es nuestra memoria porque nos hemos encontrado en él. Y del que he querido hablar antes de visitar ese Museo en el que está la historia de la tribu zamorana que es también mi historia, para contar mi memoria desde un periódico de papel de los domingos hasta el desayuno con noticias.

Seguro que nos encontraremos.

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