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Cristina García Casado.

Los telares de Cris

Cristina García Casado

Lo bueno conocido

Nos olvidamos de que se necesita todo un pueblo para criar a un niño

Imagen maternidad

Al poco de mudarme a Washington, una amiga que acababa de conocer me dijo que si me podía poner como su contacto del médico y ese día supe la medida de lo solo que uno puede llegar a estar en una ciudad grande, temporal y lejana.

Nunca me imaginé teniendo hijos allí porque una de las mayores verdades del inglés es que “it takes a village”: se necesita todo un pueblo para criar a un niño. Y en Estados Unidos la vida es, sobre todo, una carrera individual hacia no sé muy bien dónde.

No he vivido en Zamora la mitad de mi existencia y toda la etapa adulta pero el otro día me puse a contar y habría centenares de personas a las que podría confiarles mi hijo un rato dado el caso. Y eso me da tanta paz. Ir por la calle sabiendo que la librería del barrio, la peluquería, el bar de la plaza, tres terceros y dos primeros, donde Patri, la asociación y el periódico son casa. Como en el pilla-pilla, casa.

Ahora que la escribo, estaría bien hablar más de repoblación que de despoblación. De llenar que de vaciada o vacía. De futuro, porque se nos seca, como nuestros pozos. De lo bueno conocido. De este pueblo con el que criar a nuestros hijos

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Cuando tenía 17 años y no veía la hora de irme de Zamora, todo esto ni siquiera se me pasaba por la cabeza. Supongo que jamás lo habría entendido sin la mediación de haber vivido fuera tanto tiempo y de la responsabilidad de ser madre.

Entonces habitar un sitio tan pequeño y tan conocido me parecía una penitencia. Ahora sé que es un milagro. No se me ocurre un lugar donde criar a mi hijo con más tranquilidad. Quizás hacerse mayor es entender que ese es un valor inmenso. Infrecuente.

En Villalar conocimos a una pareja que se mudó de Madrid a un pueblo de Segovia con sus dos hijos y estaban tan felices que la Junta debería ficharlos para un anuncio en favor de la repoblación.

Ahora que la escribo, estaría bien hablar más de repoblación que de despoblación. De llenar que de vaciada o vacía. De futuro, porque se nos seca, como nuestros pozos. De lo bueno conocido. De este pueblo con el que criar a nuestros hijos.

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