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Laura Rivero

Pilatos en la Diputación

Cooperar en el desarrollo económico y social es hacerlo en el mantenimiento de una fábrica que solo en Toro tiene trescientos trabajadores

CONCENTRACION TRABAJADORES SIRO CORTES MARIA JESUS CACHAZO

“Tomó agua, se lavó las manos en presencia del pueblo, y dijo: Allá ustedes. Yo me declaro inocente de la muerte de este justo” (San Mateos 27).

Poncio Pilatos, gobernador de Judea, se declaró sin competencias suficientes para evitar la muerte de Jesús hace más de dos mil años, y su gesto lavándose las manos en una palangana sigue siendo reprobado todavía en el siglo actual como gesto de cobardía. Como tal se recuerda en la Semana Santa de Zamora, donde el pueblo sigue rechazando al personaje de Poncio Pilatos que desfila en el paso de La Sentencia de la procesión del Jueves Santo,

Casi dos mil años después, en la misma ciudad que condena el gesto cobarde de Pilatos, el equipo de gobierno de la diputación en pleno se lava las manos ante la amenaza de cierre de la fábrica de Siro, tratando de eludir toda responsabilidad: Allá ustedes. Yo me declaro incompetente del cierre de esta fábrica.

¿Acaso no pudo hacer nada Poncio Pilatos ante la muerte de Jesús, pese a ser advertido por su esposa Claudia Prócula que había sufrido en sueños por la muerte de un justo?

¿Acaso no pueden hacer nada ni Poncio Requejo ni Barrios Pilatos ante el problema de la fábrica, pese a ser advertidos por la oposición de IU, que no puede menos que sufrir en la realidad –no en sueños- por el cierre de una fábrica?

A la primera pregunta ya ha respondido la historia: Poncio Pilatos no es un personaje admirado sino censurado por cobarde en la Semana Santa. Nadie le defiende aunque quizás no tenía competencias, ni propias ni delegadas por el César, en la provincia que gobernaba.

A la segunda ya están respondiendo desde otras instituciones que, pese a no poder intervenir -como dice P. Requejo- en las relaciones entre las empresas y sus trabajadores, sí están tomando iniciativas para salvar la empresa. Es el caso de la Junta -gobernada por la derecha como la diputación- que al menos va a reunirse con los alcaldes de las localidades con fábricas de Siro y con los comités de empresa para conocer los problemas, en un gesto insuficiente pero que en vez de lavarse las manos se mete en harina. También el Gobierno de España ha evitado el lavatorio de manos intentando buscar soluciones.

A día de hoy, la única consulta se la ha hecho la empresa a las trabajadoras: ¿qué elegís, trabajo con derechos o puestos de trabajo? Un dilema más difícil que el de Jesús y Barrabás para los propios trabajadores que se juegan su futuro

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Mientras otras instituciones se mueven, solo la Diputación zamorana parece resignada a sentenciar a Siro.

Ya es sabido que las diputaciones en general son instituciones con escasas competencias que, el caso de la zamorana y en el momento actual se limita a coger dinero que le dan con la mano izquierda del gobierno con comunistas -como ellos pretenden insultar- para repartirlo con la mano derecha, o sea, a dedo.

Pero entre las escasas competencias de las diputaciones, la que aparece recogida en el artículo 36 de la Ley de Bases de Régimen Local sí les permitiría intervenir: “La cooperación en el fomento del desarrollo económico y social y en la planificación en el territorio provincial, de acuerdo con las competencias de las demás Administraciones Públicas en este ámbito.”

Está muy claro: cooperar en el desarrollo económico y social es hacerlo en el mantenimiento de una fábrica que solo en Toro tiene trescientos trabajadores, y que tiene repercusiones importantes en el desarrollo del sector económico agroalimentario de toda la comarca toresana, de toda la provincia y de toda la región. Y sí, también del mundo empresarial y de la clase obrera.

Además, Poncio y Pilatos en la Diputación -que desatienden competencias propias de ayuda a los municipios- no se han lavado las manos en otros asuntos que no son de su competencia. Lo hacen con la defensa del AVE o de las autovías con su correspondiente crítica al gobierno social-comunista; y rectificando tras lavarse las manos para proteger los suelos de alto valor agrícola de las placas solares, cuando lo hace la Junta.

Como su mujer a Pilatos, Izquierda Unida advertía en la Diputación de la dura realidad de Siro, y proponía un sueño: conseguir el apoyo de las instituciones, de la sociedad, de los agentes económicos y sociales; y la solidaridad con los trabajadores de todas las fábricas.

Como un sueño hecho realidad, tras lavarse las manos la Diputación, los trabajadores pedían el apoyo institucional, y las instituciones respondían; los sindicatos y la patronal zamorana salían en su defensa, y la sociedad se solidarizaba en torno a la unidad de los trabajadores de las fábricas de Toro, Venta de Baños y Aguilar de Campoo.

Solo la Diputación de Zamora mantenía las manos dentro de la palangana mirando para otro lado: no es mi competencia.

Volviendo al año 33 de la historia, Poncio Pilatos al menos intentó la posibilidad de indulto permitiendo al pueblo de Judea elegir entre el buen Jesús y el ladrón Barrabás. Con el injusto e incomprensible resultado conocido, que le permitió justificar su lavatorio de manos.

A día de hoy, la única consulta se la ha hecho la empresa a las trabajadoras: ¿qué elegís, trabajo con derechos o puestos de trabajo? Un dilema más difícil que el de Jesús y Barrabás para los propios trabajadores que se juegan su futuro. Y que debería resolverse a favor de la justicia y no del lado de Barrabás.

Para ello necesitan el apoyo de toda la sociedad. Y también de la diputación, que debe dejar de lavarse las manos en un problema económico y social de primer orden como es la pérdida de una fábrica y de sus puestos de trabajo.

Por cierto, también porque el agua sigue siendo un bien escaso en muchos pueblos, a los que hay que llevársela embotellada o en cisternas. Y no puede malgastarse por la diputación, que ahí sí que tiene competencias directas ¿O también en el abastecimiento de agua potable estamos sentenciados?

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