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La Opinión de Zamora

Carmen Ferreras

Zamoreando

Carmen Ferreras

Piropo versus insulto

Tampoco se puede prohibir el silbido admirativo

No sé quién es, ni quiero saberlo, el zamorano condenado por el fiscal de Violencia de Género, a trabajos en beneficio de la comunidad, por dirigirse a su esposa en términos vejatorios en forma de insulto. ¡Leña al mono, que es de goma, Señoría! Los insultos pueden llegar a ser tan dolorosos como los golpes. Con gente así no hay perdón que valga. Porque, además, son reincidentes. Repiten hasta hartarse y buscan los términos más insultantes para dirigirse a la que Dios, Uno y Trino o el alcalde de su pueblo, les entregó por compañera. Ni golpes físicos, ni golpes verbales. Hay que ser duro, Señoría, muy duro, con los que disfrutan pegando e insultando.

ILUSTRACION. PIROPOS. SEÑAL DE PROHIBICION PABLO GARCIA

A nadie le da por rezar el rosario. En cuanto se envalentonan y cogen las medidas a la vulnerabilidad de su pareja, se crecen, empleándose a fondo. Yo no digo que se responda protagonizando una batalla campal, pero no pueden seguir viéndonos como unas porcelanas chinas que a la mínima se quiebran. Un poco de fortaleza, de empuje, de coraje, sería bueno, muy bueno. Ya sé que es muy fácil aconsejar y muy difícil ponerse en la piel de la persona agredida física o verbalmente.

Piropo es la “Palabra o expresión de admiración, halago o elogio que se dirige a una persona”. Por el contrario, el insulto es la “Acción que ofende o humilla a una persona”. La diferencia es clara

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De ahí la importancia que le doy al piropo. No se puede criminalizar el piropo. Es un error que el feminismo a ultranza lleva muy a gala. Una cosa es el insulto y otra bien diferente el piropo. Los hay que constituyen un auténtico tratado. Piropo es la “Palabra o expresión de admiración, halago o elogio que se dirige a una persona. Dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer”. Por el contrario, el insulto es la “Acción que ofende o humilla a una persona”. La diferencia es clara.

Bienvenidos sean los piropos y castigados sean los insultos dirigidos a la mujer, en grado de parentesco o sin él. No se puede prohibir el piropo. Servidora está abierta a un piropo bien dicho. Por muy ministra que sea una mujer, no puede acabar de un plumazo con una costumbre que se remonta a muchos siglos atrás, concretamente al siglo XVI, cuando era considerado un halago para la mujer, iniciándose de esa forma el cortejo. Un piropo bien dicho, que no cruce la línea roja del mal gusto, porque entonces se convierte en insulto y acoso, debe ser siempre bienvenido. España, Italia, algunas regiones mediterráneas y Latinoamérica adoptaron el piropo como propio. Allí no está perseguido como aquí. Como tampoco se puede prohibir el silbido admirativo, cada vez más en desuso.

El piropo es el verso y el insulto la prosa.

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