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Luis Miguel de Dios

Buena jera

Luis Miguel de Dios

Y de postre, placas con nata

Comienzan a ser alarmantes las posibles instalaciones energéticas en tierras de labor

PLANTAS SOLARES EN TORO MARIA JESUS CACHAZO

Si llegan a realizarse todas las instalaciones de placas solares previstas en Zamora (y las que a buen seguro vendrán en breve), esta tierra se quedará sin cientos y cientos de hectáreas para sembrar cereales o remolacha y sin muchos terrenos para pastos. Es posible que ya no podamos presumir de nuestros excelentes quesos ni de esos panes que son más que panes dada la calidad de la harina. Seremos, eso sí, el Reineral, o sea el Reino de la Energía Alternativa para envidia de todos los que creen, y practican, que la lucha contra el cambio climático tiene que hacerse a costa de las costillas del mundo rural, aunque se dé la paradoja de que es donde menos contaminación existe. De modo que, muchos años después, volvemos a las andadas. En otros tiempos, anegaron valles y pueblos para hacer pantanos y ahora pueden quedarnos sin muchos campos de labor para llenarlos de placas solares. En ambos casos, en aras del progreso. En ambos casos, para que unas empresas, y sus accionistas, se llenaran los bolsillos, y así siguen, y otros tuvieran que emigrar, y así seguimos. En ambos casos, para acabar perjudicando a una zona que necesita de todo menos que le arrebaten alguno de los pocos medios de subsistencia que le han ido dejando.

Si se inclinan por placas a cualquier precio y en cualquier sitio, que después nadie se queje. Es probable que ya no queden aquí ni agricultores ni ganaderos que produzcan eso que a usted tanto le gusta

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Sin embargo y pese a las coincidencias señaladas, existen diferencias entre aquella situación y la actual. Cuando lo de los pantanos cualquiera le tosía a Franco. Si se daba el visto bueno a un embalse, adiós que te vaya bien. No cabían protestas, ni rechazos. Ni siquiera quejas. Se hacía lo que quería la entidad impulsora con el beneplácito del Gobierno de turno… que era siempre el mismo. Y si dudan, pregúntenle a cualquiera de los habitantes de Argusino, el último pueblo inundado y destruido en esta provincia. Indemnizaciones escandalosamente raquíticas, nada de negociaciones, expulsiones urgentes de tu propia casa, a buscarte la vida por donde puedas y a callar, a tragarte las lágrimas y la pena. Si decías algo, podías hasta ser detenido y, si se daba el caso, acusado de rojo, masón y lo que se terciara. El Caudillo siempre miraba por el bien de España. Otra cosa distinta era el bien de los españoles, especialmente de los de esta tierra. Y así nos fue. Mucha luz, pero para otros. Aquí continuamos a oscuras.

Ahora es distinto, aunque a Vox, y a algunos más, le parezca peor. Ignoro el desenlace final (si bien lo temo), pero, al menos, se puede protestar, reclamar, ir a los tribunales, informar al personal de las ventajas e inconvenientes de la más que probable invasión de placas solares y torretas. ¿Ventajas? Sí, claro que las hay. Y muchas. Todos los estudios y expertos coinciden en los gravísimos peligros que trae, ya están aquí, el calentamiento global, la subida de las temperaturas. Y la única forma de evitarlo es rebajar la contaminación, la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero procedentes en su inmensa mayoría de la quema de los combustibles fósiles (carbón, petróleo). Por eso se apuesta por las llamadas energías limpias, las que nos ofrecen gratis, aunque algunos saquen buena tajada, el sol y el aire. Esas no polucionan, no echan humo a los cielos, no ponen esas terribles e inquietantes boinas negruzcas sobre las ciudades más pobladas. Por tanto, sí, un sí rotundo a las energías alternativas.

Una cosa es apoyar lo eólico y lo solar y otra muy distinta intuir y temer en lo que pueda derivar. Y ahí entra en juego el eslogan que hoy presidirá la concentración de protesta en Tábara: “Placas, sí, pero no así”

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¡Ay!, pero una cosa es apoyar lo eólico y lo solar y otra muy distinta intuir y temer en lo que pueda derivar. Y ahí entra en juego el eslogan que hoy presidirá la concentración de protesta en Tábara: “Placas, sí, pero no así”. Y ¿cómo es el “así”? Pues, invadiendo terrenos productivos, acabando incluso con regadíos recién estrenados en los que se han invertido millones de dinero público (de usted y mío), eliminando praderas donde podrían pastar ovejas, cabras y vacas; en fin, un ataque en toda regla al mundo campesino, a ese al que luego le pedimos alimentos de calidad. ¿Cómo nos los va a suministrar si le dejamos sin terrenos, sin pastizales, sin ganados? He ahí el dilema al que la sociedad zamorana, la castellano-leonesa y la española no pueden permanecer ajenas. Han de tomar partido. Y si se inclinan por placas a cualquier precio y en cualquier sitio, que después nadie se queje. Es probable que ya no queden aquí ni agricultores ni ganaderos que produzcan eso que a usted tanto le gusta. A algunos, incluso, puede que les hayan expropiado sus tierras para que las aprovechen los de las placas. Los tiros de la Junta parecen ir por esos derroteros. Otro sinsentido más que peligroso. Esperemos que no se cumpla.

Y en esas estamos. Veremos cómo evoluciona todo, pero no se sorprendan si un día en un restaurante les ofrecen de postre placas con nata. Habrá llegado el progreso.

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