22 de mayo de 2020
22.05.2020
La Opinión de Zamora

Tiempos de aprender a sufrir

Nos hemos complicado demasiado la vida con cosas que en verdad se pierden en un minuto

21.05.2020 | 23:24
Tiempos de aprender a sufrir

La mirada es la expresión que suprime toda palabra. Junto a ella podemos ver la acumulación de motivos, que de una manera clara, muchas veces suprimimos por pudor o por vergüenza.

No, no es fácil asumir con sinceridad nuestra debilidad, nos han enseñado la importancia de ocultar el sufrimiento y ahora (por lo visto) estamos pasando el examen más sincero. Pero, en efecto, nuestra mirada desdice nuestra "divulgada felicidad" y claramente (a día de hoy) somos el restante de un tiempo pasado; sí, el mismo que nos hizo creer, que junto a lo simple y efímero estaba el máximo esplendor. Pero, ya ven, así es la vida, de la noche a la mañana todos le hemos dado importancia al sufrimiento (gran maestro) y podemos no achicarnos al hablar de lo que nos debilita y nos preocupa. No sé, igual junto a la dureza de la vida, está el sentido más apacible de la serenidad. Lo poco está exento de muchas cosas, además, junto a la carencia la atención no se fija en la forma o el contorno. Todos estamos llamados a soportar el camino de las penalidades. Y a sostener (aunque sea con escasos motivos) nuestra vida. Nuestro sentir se va modificando con la influencia anímica, y debemos (opinión subjetiva) no alterar el proceso e identificar nuestras nuevas variantes. Creo (sonrío) que serán muchas...

Muchas personas han vivido ajenas a los colores del sufrimiento, sus vidas (posiblemente) han tenido un camino preferente; aunque ahora, probablemente, sean una figura descolorida, con el tiempo, le darán las gracias al sufrimiento por enseñarles un camino paralelo lleno de reflexiones y humanidad. Junto a muchas tristezas podemos encontrar una arrepentida actitud, en cierto modo, son la roca en la que descansa el motivo a la espera de una ráfaga de luz. Sufrir es extinguir de nuestro vocabulario el refinamiento de muchas palabras y chocar abiertamente contra la realidad. Visto así, lo contemporáneo se convierte en aliciente y la tristeza en sutileza llena de vigor.

En otro momento, no hace tanto, ocultar el sufrimiento era justificar con una trama truculenta (sonrío) todo aquello que voluntaria o involuntariamente nos alejaba de lo establecido. Qué de veces nos hemos "esforzado" en ser carácter fuerte para qué no se notaran nuestros problemas. Pues ya ven, ahora (poco a poco) nos hemos familiarizado con lo contemplativo y hemos encontrado en lo triste, nuestro relato más sustancial.

De nada sirve apoyarse en las conjeturas de la seguridad. Lo estamos viendo, ahora (casi todo) es situación estática que ejerce de incógnita y comenta poco o nada para no verlo. En definitiva, me atrevo a decir, que nuestra existencia ha sido un alivio inmediato destinado para el gran público. Nos hemos complicado demasiado la vida con cosas que en verdad se pierden en un minuto.Todos (unos más y otros menos) queríamos ser "los mejores" y junto a la cuestión hemos agrandado los objetos y empequeñecido los objetivos. En conclusión: el propósito de muchas cosas, aunque parezca ilógico, es la enseñanza. Creo que son tiempos de aprender a sufrir y con tranquilidad ordenar lo que está sucediendo. Agrandando el fin menospreciamos el principio; he visto salir el sol de muchos cielos nubosos y he visto junto a la composición del sufrimiento la fuerza más expresiva del valor.

Nuestros sufrimientos, ya lo dijo Teresa de Calcuta, son caricias bondadosas de Dios.

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