13 de septiembre de 2018
13.09.2018

Los candados de la Transición

Sánchez no puede orillar sus compromisos con los más necesitados

13.09.2018 | 00:14

Habría que hablar más bien de las llaves que abran esos candados. Algún partido político emergente ha mantenido en su discurso una referencia clave: querían romper el candado de la Transición española. Pero después de prometernos repetidas veces que nos lo abrirían en un plis-plas, andan aún buscando la llave, "matarile, rile, ron, chimpón".

Otros, como el bipartidismo (PSOE-PP) siguen interesados en que algunos cerrojos no se abran. Tampoco andan por la labor de horadarlos aquellos que los custodian enérgicamente, como la Iglesia, los poderes financieros del IBEX35, las asociaciones de jueces y fiscales de todo tipo (Poder Judicial ampliamente conservador, y aún entre muchos de los que se denominan juristas progresistas). A estos se le suman otras instituciones y poderes fácticos como el Ejército, la nobleza y las capas sociales con añoranzas franquistas.

Muchos candados quedan por rasgar ahora de la Carta Magna del 78. Los Gobiernos del PSOE de González y Zapatero lo pudieron hacer y se negaron.

No hablemos de los peperos Aznar y Rajoy que les venía de perlas conservarlos cerrados, y con ellos mantener sus privilegios de casta. Con estos Gobiernos del bipartidismo la corrupción se generalizó; aumentó la falta de transparencia; siguieron las coacciones a la libertad de expresión; se impuso la indefensión y la precariedad de empleo y salario a millones de ciudadanos.

Estos cerrojos, muerto Franco, son una interpretación del postfranquismo: "todo está atado y bien atado".

Pero, a pesar de que nos acusen de adalides del populismo y el rupturismo, cabe resaltar que el sistema de libertades alumbrado durante la Transición no fue totalmente la llave de la democracia, sino un gran candado. No se ha pasado página al periodo constituyente y constitucional plasmado en la Constitución del 78, ni se ha intentado formar un nuevo proceso constituyente, capaz de regenerar la vida política española.

Pésanchez arrastra muchas falacias, demasiados bandazos y compromisos sin

abordar aún. Pésanchez, el abigarrado Pésanchez, tienen la gran responsabilidad y ocasión de desmarcarse del PP, por supuesto; pero también de los malos sociatas de su partido, casi ya neoliberales. Si es capaz de gobernar para todos, debe poner fin realmente al austericidio que afecta pésimamente, sobre todo, a la clase media y trabajadora. Tiene asuntos, algunos de rápida solución, aunque otros llevarán más tiempo: el tema catalán y la politización excesiva de la Justicia de las actividades independentistas que alimentaron los peperos y el juez Lamela; la acción de los propios separatistas catalanes que no dan brazo a torcer; la corrupción aún desbordada; la Sanidad y los copagos; la Educación -abolición de la LOMCE-; los pensionistas y su tabla de reivindicaciones; los gastos sociales; la ley mordaza. Y sobre todo acabar con el cuento de la exhumación de los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera. Cementerio Civil para el Valle los Caídos sin simbolismos franquistas. En fin, que se aplique la ley de la Memoria Histórica ya.

Pésanchez no puede orillar sus compromisos con los españoles más necesitados: la clase media y trabajadora. Posiblemente, ahora mismo, no podemos cambiar el actual sistema político y el régimen de Gobierno. Aunque no dejemos por ello de seguir soñando con acabar con "este" sistema tal como está, pues no existe aún suficiente consenso político y social ni mayoría parlamentaria para lograrlo.

Pensamos que los márgenes para reformas constitucionales son muy reducidos, y ni pensar ahora en la ruptura democrática con el Régimen anterior. Es más, el PSOE está desechando el concepto de reforma constitucional como tal y se inclina por pequeñas reformas que completen el marco, pero no le vemos abordando la corrección del modelo de Estado en su integridad.

Lo que sí necesitamos urgentemente son Políticas Sociales que generen una buena perspectiva económica, social y vital, y también la recuperación del sistema del Estado de Bienestar. Son dos cuestiones de justicia social. No hablamos de simples "prestaciones sociales" o "ayudas sociales", o "subvenciones". No; no son equivalentes. Las dos primeras sí generan derechos, las segundas no.

Y de ahí que Pésanchez debe consensuar con eficacia estos temas vitales con sus aliados en la moción de censura al PP, resquebrajando o no el candado de la Transición.

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