10 de junio de 2014
10.06.2014

El hombre que escribió: "Españoles, Franco ha muerto"

Rufo Gamazo es un zamorano que acertó a hacer periodismo grande amasando hechos menudos

10.06.2014 | 00:01
El hombre que escribió: "Españoles, Franco ha muerto"

Corría el año 2009 y la Facultad de Periodismo de la Universidad Pontificia de Salamanca preparaba un volumen con semblanzas de los mejores periodistas de la región que ejercieron en Castilla y León a lo largo del siglo XX. Fernando Martínez y Chelo Sánchez, profesores de la facultad y promotores de la iniciativa, encontraban serios problemas en señalar a un zamorano ducho en el oficio, que acompañara en ese volumen a dilectos del tamaño de Miguel Delibes, Fernando Altés, Cirilo Rodríguez, Francisco de Cossío o Josefina Carabias. Me preguntó por Herminio Pérez Fernández, que del viejo "El Correo de Zamora", que dirigió, dio el salto a Madrid en 1964, primero a "Informaciones", como redactor jefe y crítico teatral; y después al "ABC", ya en 1967, donde se ocupó hasta su jubilación de la información de las Cortes, viviendo en directo el golpe de Estado del 23F.

"Hay uno mejor", contesté a Chelo, que quedó perpleja al otro lado del hilo del teléfono. "Vive, y, octogenario, sigue ejerciendo como articulista a diario en Zamora. Mantiene una cultura inmensa y una memoria prodigiosa. Se llama Rufo Gamazo, y fue alto cargo de la Prensa del Movimiento. Un primer espada". "¿Y quién me puede escribir su semblanza? ¿Tú mismo?", reclamó la profesora de la "Ponti". Y acepté, no sin dudar, pues me correspondía el empeño de anunciar a una región entera y a los futuros periodistas quién era Rufo, "Don Puro", como firmaba sus primera crónicas zamoranas, con pseudónimo, para no quebrantar la ordenanza del Ejército, ya que en la época en que empezó a firmar en el extinto "Imperio" había sido llamado al servicio militar.

Sin contarle para qué lo requería, en mi último verano en Zamora lo cité a una comida. Comíamos juntos una o dos veces al año, en sus escapadas a la capital zamorana, donde pasaba los meses del estío y la Semana Santa. Siempre en un restaurante en frente del periódico, cerca de su casa. Siempre un arroz a la zamorana y vino de Toro, plato y bebida siempre con discreción. Fueron dos sobremesas extensas en las que me contó buena parte de su vida, personal y profesional (si es que tuvo otra vida que no fuera la del sacerdocio del periodismo, que ejerció hasta días antes de su muerte). De esas charlas tomé las notas para la semblanza del encargo universitario.

Hablamos mucho de su relación con Carlos Arias Navarro, el último presidente del Gobierno del franquismo, con quien trabó amistad en la época en que Gamazo fue destinado a dirigir "El Día", en Santa Cruz de Tenerife, donde firmaba a diario la muy aplaudida sección "En media columna". Corría el año 1953 y el "feeling" entre ambos hizo que desde entonces y hasta 1976, Rufo ligará su futuro profesional a Arias, a quien acompañó como asesor en la Dirección General de Seguridad (1958), el Ayuntamiento de Madrid (1965), el Ministerio de Gobernación (1973) y finalmente la presidencia de Gobierno del "Régimen".

"Te voy a contar un secreto que nunca voy a reconocer en público". Me dijo en una de esas sobremesas. "Y que en todo caso, si quieres, podrás publicar cuando yo ya no esté". Quedé atónito: había compartido conmigo muchas confidencias, tantas que una vez le pedí que escribiera sus memorias, recuento de una época de la historia de este país que vivió en primera línea de fuego, en tribuna de preferencia. Nunca valoró semejante ofrecimiento, aunque reconocía que de la última época del franquismo "se han dicho y se han escrito grandes mentiras". Y me hablaba de célebres articulistas de los años 90 que, conversos a los nuevos tiempos, habían cobrado "sobres" de quienes años después denigraban. La confesión era que el discurso con que Arias Navarro se dirigió al país para comunicar, por la televisión aún en blanco y negro, el fallecimiento del dictador, procedía de su puño y letra. "Yo escribí el mensaje, el españoles, Franco ha muerto?". Era el 20 de noviembre de 1975.

Hay muchos detalles que se desconocen de la biografía periodística de Rufo Gamazo Rico, que debutó en la profesión con un artículo sobre los triperos de Villalonso, su localidad natal, la tierra que acoge sus restos mortales, el pueblo con el castillo "más fotogénico de España", como solía enseñorear Rufo, hijo predilecto del terruño que lo vio nacer.

Durante su estancia en Canarias, donde dejó el legado de deliciosas crónicas viajeras, ejerció incluso como corresponsal de guerra. Como hicieran también Luca de Tena, Calvo Hernando, Santamaría o D'Ors, en las navidades de 1957 se desplazó como enviado especial de la agencia de noticias "Fiel" al contencioso armado de Ifni, la "guerra ignorada". Sus crónicas las reproducen catorce periódicos de la Prensa del Movimiento. Acreditado por el capitán general López Valencia, llega a la zona de conflicto en el avión de la verdura, un Junker de la Guerra Civil "que volaba bajo y sereno y aterrizó en El Aiún dando saltos como si rodara en un campo recién arado". En Ifni conoce las andanzas del zamorano Fernández Prieto, legendario coronel jefe de Tiradores "que con su fusta y palabras amables resolvía algaradas de indígenas levantiscos".

En esa época había hecho ya Rufo Gamazo sus pinitos literarios con la publicación de "El diablo en fuera de juego", (1953) una novela que habla de la vida dentro del seminario y de la pérdida de la vocación religiosa. La venta de "El diablo fuera de juego" fue prohibida en Zamora por "circunstancias de ambiente", según orden por telegrama del director general de Información al Gobierno Civil. Estaba calificada con un cuatro, como "gravemente peligrosa". Años después supo su autor que se había editado una edición pirata en Venezuela.

Regresa Gamazo a Madrid a finales de 1958, de la mano de Arias Navarro, como Jefe de Diarios y Revistas. Ingresa después como redactor jefe en "Arriba", el periódico oficial del Régimen que había nacido como semanario el 21 de marzo de 1935, fundado por José Antonio Primo de Rivera y abocado al cierre por decisión del Consejo de Ministros cuatro décadas más tarde, el 15 de junio de 1979. Tras el paso por "Arriba" le encomiendan la dirección técnica de Prensa de Medios de Comunicación Social del Estado, al mando de 28 diarios repartidos por toda la geografía nacional. Es entonces "director de directores", en frase acuñada por Emilio Romero, cargo de relevancia por el que han pasado antes que Gamazo otros periodistas zamoranos o vinculados a Zamora: Agustín del Río, mexicano de nacimiento y fermosellano por parte de madre; Jesús Vasallo, que aunque natural de Ciudad Rodrigo, trabajó en "El Ideal Agrario", de Zamora, de 1934 a 1936, y en "Imperio", y del que se recuerda también su cartel como guionista de cine, en películas como "Los ases buscan la paz", protagonizada por el astro del balompié Ladislao Kubala en 1954; o Félix Morales.

El mejor recuerdo de la etapa madrileña como jefe de prensa del Ayuntamiento de la capital fue, según me contó, la puesta en marcha de la revista municipal "Villa de Madrid", que comenzó a editarse en 1957, el ingreso en el Instituto de Estudios Madrileños y la relación frecuente con los Cronistas de la Villa, cuerpo honorífico no remunerado con título que otorga el Ayuntamiento de Madrid y del que Gamazo fue secretario. El 19 de junio de 1974 cesó en el desempeño de la jefatura de prensa, pero los alcaldes que sucedieron a Carlos Arias -Miguel Ángel García Lomas y Mata, Juan de Arespacochaga y De Felipe, José Luis Álvarez y Álvarez y Luis María Huete y Morillo- lo mantienen al frente de la revista municipal. Con Enrique Tierno Galván en la Alcaldía deja Gamazo de dirigir "Villa de Madrid", no sin antes ganarle al "viejo profesor" un contencioso al Ayuntamiento por despido improcedente. Con Tierno se las tuvo tiesas Rufo Gamazo: en sus encuentros ambos competían a ver quién le asestaba a quién la estocada irónica más punzante.

Rufo Gamazo, a cuyas enseñanzas debo mucho de lo que soy, dedicó su vida al periodismo y el periodismo lo colmó de distinciones. Lector instruido y escritor prematuro, podría pasar sin exageración por el principal exponente del costumbrismo en el periodismo zamorano. Su tono irónico, su efectivo manejo del lenguaje, su memoria enciclopédica y su sabiduría de testigo presencial de los principales acontecimientos del último medio siglo de la pasada centuria colocan a este periodista zamorano en el pedestal de los más relevantes no solo de Zamora, sino también y sin duda de Castilla y León. Recapitulando, cabría decir que Rufo Gamazo Rico es un zamorano que acertó a hacer periodismo grande amasando hechos menudos. Y que enseñoreó la bandera de su tierra, aún hecha jirones, allá por donde ejerció su práctico magisterio.

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