22 de enero de 2010
22.01.2010

Manuel Luis González Allende

Filántropo y político, fue un toresano que defendió sus raíces

22.01.2010 | 01:46
Manuel Luis González Allende

Es uno de los personajes más representativos de Toro en su época. Nació el 15 de enero de 1778 y falleció en Madrid el día 27 de diciembre de 1847. Su vida activa corresponde a la primera mitad del siglo diecinueve. Fue un filántropo, estudió filosofía y teología en los conventos de San Francisco y Santo Domingo de su ciudad. Después en Salamanca, Leyes y Cánones, y fue pasante de la Cátedra de Filosofía. Durante la guerra de la Independencia se entregó sin reserva en la ayuda a sus paisanos.


En 1819 fue a Madrid como Oficial de la Chancillería del Toisón de Oro, fue diputado a Cortes por Toro y por Zamora en varias legislaturas, secretario del Banco de San Fernando, estuvo en misiones financieras en París y Londres y renunció a la cartera ministerial. Participó activamente en las Cortes de 1819 a 1822. En las del 34 al 35 renunció al cargo por carecer de la renta que señalaba el Estatuto Real para pertenecer al Estamento de Procuradores. Volvió en las Constituyentes. Sus intervenciones son cortas y claras y alcanzan todos los temas de la vida nacional. Defendió a Toro como capital de la provincia, cuando se realiza la división en provincias, hecho que constituyó en este caso un auténtico trauma.


Sus intervenciones sobre el Código Penal estuvieron cargadas de sentido liberal, propio del momento, y tuvieron mucha trascendencia. Defendió también la necesidad de un Estado fuerte, la economía, leyes, la responsabilidad de la autoridad y sobre todo propugnó la pureza constitucional y la unidad del Estado. Libertad y Constitución son sus dos grandes amores en la política.


En 1820 interviene en la Supresión de la Compañía de Jesús y defiende a los colonos de que trabajaban en las grandes propiedades de las manos muertas.


Defiende la imprenta y la libertad de expresión, constituyéndose en un avanzado para su época en este sentido.


En la sesión del 18 de abril de 1821 lee el Acta de la Conmemoración de la Batalla de Villalar, levantada en el campo en honor de Padilla, Bravo y Maldonado, procuradores en Cortes y decapitados y enterrados en las inmediaciones del Rollo. El señor González Allende insiste en calificar la conmemoración de grandioso objeto y el señor Echeverría propone que don Manuel sea quien extracte el expediente del obispo Acuña. En la sesión del día 15 de octubre de 1821 se opuso a la supresión de la provincia de Toro. A partir de este momento y en las Cortes del 36 al 37 apenas interviene debido a su delicada salud.


Firmó la Constitución de la Granja. La misma claridad que tuvo en política, la tuvo también en la Educación y la Beneficencia, hoy diríamos la Sanidad, lo que demuestra la gran categoría del personaje y su claridad de juicio en el conjunto de la política nacional. En la sesión del 7 de mayo de 1821 se debatió la Discusión del Plan General de Instrucción Pública y el señor González Allende habló del Plan de la Enseñanza del Estado y citó cincuenta y nueve pueblos de Zamora sin una miserable escuela. Se lamenta de la incultura y el abandono de la educación y afirma que hace falta mucho tiempo para corregir defectos y comenzar la labor educativa. Respecto a la Beneficencia, reclama a las Cortes la creación de inclusas dada la cantidad de niños expósitos.


En el Banco de San Carlos, en las Memorias de 1822, aparece con 56 acciones y es elegido para la Junta de Gobierno.


En resumen, es un hombre trabajador y bueno, enamorado de la Educación y de la Beneficencia, amante del bien público y la libertad, reservado, comedido, prudente e ilustrado. Justo es reconocer su valía, como la reconoce otro padre de la Educación en su época, concretamente don Pablo Montesinos.


Creó una fundación dedicada a la educación y a este fin cedió la dehesa de El Lenguar, tierras de la Desamortización. Bastaría la fundación para dar fe de su filantrópico espíritu. Toro se benefició de la labor formativa de la Fundación. En 1979 el entonces ministro de Cultura, Pío Cabanillas Gallas, firmó la escritura notarial por la que la fundación pasaba a ser Casa Municipal de Cultura. Quede como recuerdo, que toda la azulejería de la Fundación era obra del celebre artista talaverano Ruiz de Luna.


Toro, en particular y la provincia de Zamora, en general, tienen pendiente una deuda de reconocimiento y gratitud ante la gigantesca figura de don Manuel Luis González Allende, un adelantado a su época que denunció las situaciones de miseria y planteó numerosos proyectos de futuro.

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