Cuando el jueves pasado fuentes cercanas a Isabel Díaz Ayuso denunciaron que su entorno familiar había sido espiado por detectives contratados por el PP, pocos pensaron en los efectos que esto tendría en Castilla y León. Pero así será. La crisis abierta entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y el presidente del Partido Popular —y que ha acabado por llevarse por delante a Pablo Casado— tiene unas consecuencias que influyen ya, de forma clara, en la formación de alianzas en Castilla y León, alianzas entre partidos necesarias tras los resultados que dejaron las elecciones de hace once días.

Todo depende de quién ocupe finalmente la presidencia del Partido Popular. Si, como todo parece apuntar, es el gallego Alberto Núñez Feijóo el que se convierte en líder de los populares tras el XX Congreso Extraordinario, es previsible que la postura del PP con respecto a Vox cambie de una forma notable. Feijóo es abiertamente contrario a planteamientos como los de su compañera de partido Isabel Díaz Ayuso, sin complejos para alcanzar acuerdos con la formación de Abascal. El presidente gallego apuesta por mantener “a raya” a la formación de ultraderecha, limitando los pactos en todo lo posible y, desde luego, negándoles la entrada en los gobiernos que comande el PP.

La situación interna del Partido Popular sobrevoló ya en la jornada de ayer el primer encuentro entre Alfonso Fernández Mañueco y Juan García-Gallardo Frings. La reunión, de unas dos horas de duración, fue más fructífera que la que inició las conversaciones —quince minutos de conversación con el PSOE de Luis Tudanca el pasado lunes—, pero concluyó sin acuerdos. Y no los habrá hasta que la situación del PP nacional se clarifique.

El presidente en funciones de la Junta y aspirante a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, ofreció a Vox elaborar un programa de legislatura para el futuro de Castilla y León, pero insistió en formar un Gobierno fuerte y en solitario presidido por el Partido Popular.

Los plazos

Fernández Mañueco, que afronta la ronda de diálogo con los grupos para la gobernabilidad de la comunidad con “serenidad y tranquilidad”, manifestó que hay tiempo para el acuerdo porque faltan dos semanas para la constitución de las Cortes de Castilla y León y después se abre el proceso de consultas para la investidura. Mañueco pide tiempo, y lo hace consciente de que un Partido Popular que empiece a dejar atrás la crisis abierta la semana pasada será más fuerte de lo que lo es hoy y, por tanto, tendrá más armas para negociar.

Vox, de momento, no afloja. El candidato a la Presidencia de las Cortes, Juan García-Gallardo, aseguró que mantienen la exigencia de formar parte de la Junta para apoyar la investidura del popular Alfonso Fernández Mañueco. “Si Vox no entra en el gobierno para cambiar el rumbo de Castilla y León, Vox va a votar en contra de cualquier pacto de investidura”, dijo. En su comparecencia en las Cortes, tras la primera “toma de contacto” con el equipo negociador del PP, García-Gallardo aseguró que se han emplazado para reunirse “pronto” y añadió que les separa “aún” una distancia “muy grande”, a pesar de que tiene la “impresión” de que el PP ve “razonable” y “plausible” sus propuestas sobre violencia de género y memoria histórica.

La “sombra” de Feijóo sobrevuela sobre los dos partidos y lo hace también sobre la oposición. Bien lo sabe Oscar Puente, alcalde de Valladolid, el socialista con más relevancia institucional de la comunidad y el primero en abrir la puerta a una abstención de su partido para evitar que la formación de Abascal toque poder en Castilla y León. Puente indicó que Feijóo “asoma por el horizonte” como nuevo dirigente para la formación popular en España y “sería un mal comienzo y empezaría con una hipoteca importante” si Alfonso Fernández Mañueco pacta finalmente con los “extremistas”. Óscar Puente criticó que Mañueco opta “por la vía más sencilla”, la de Vox, aunque dudó de que “sea la más cómoda”, y apeló de nuevo al dirigente gallego: “Ojalá se ponga manos a la obra e impida que se forje ese gobierno”.

Aunque haya que esperar para conocer el avance de las negociaciones en Castilla y León, hay pocas dudas de que la estrategia tendrá que ser compartida con quien sea el nuevo presidente nacional del Partido Popular. Un presidente que, en el caso de que se confirme la “bajada” a Madrid de Feijóo, tiene una postura bastante clara.