27 de agosto de 2017
27.08.2017
Ciclismo | Vuelta a España

Contador prueba a un Froome que afianza su liderato en la octava etapa

Jaime Rosón sigue escalando puestos en la general, ya es 24º y el cuarto mejor español de la tabla

27.08.2017 | 04:29
Contador, a la izquierda, cruza la línea de meta antes que Chris Froome (derecha) en el día de ayer.

Julian Alaphilippe (Quick Step) mostró su condición de máxima esperanza del ciclismo francés imponiéndose con grandeza en la octava etapa de la Vuelta disputada entre Hellín y Xorret de Catí, con un recorrido de 199,5 kilómetros, en la que el británico Chris Froome (Sky) mantuvo el jersey rojo de líder después de un intenso duelo con Alberto Contador (Trek), que sigue cotizando al alza en una clásica en la que Jaime Rosón (Caja Rural RGA Seguros) continúa ganando posiciones. El zamorano ya es 24º, ahora a cinco minutos y un segundo del liderato tras entrar ayer por meta el 27º a 2.48 del ganador.

Alaphilippe, de 25 años, coronó en la montaña alicantina en su debut en la Vuelta, después de una dura batalla con el esloveno Polanc (Emirates) y el polaco Majka (Bora), segundo y tercero, rivales de la escapada del día a los que superó con una arrancada letal a 200 metros de meta.

Grande el francés y enorme el espectáculo que protagonizaron Chris Froome y Alberto Contador en el puerto final. El madrileño, empeñado en ilusionar a la afición, atacó en las rampas de Xorret y encendió los ánimos del líder, quien respondió con repetidos latigazos, respondidos por el de Pinto, a la antigua usanza.

Froome y Contador -el único que ha tuteado al ganador del Tour desde la etapa de Andorra- llegaron a meta juntos, con 17 segundos de ventaja sobre el resto de favoritos, entre ellos Chaves, Nibali, Aru y Zakarin. Un aviso doble, por la superioridad del británico y por la sensación fuerte y ambiciosa del español.

Un pasito más en el objetivo de Froome de alcanzar el sueño de ganar la Vuelta después de tres segundos puestos, otro pequeño bocado, que no decisivo, para almacenar tiempo ante la crono de Logroño. Los rivales volvieron a doblar la rodilla.

Más diferencias en la general, ahora con el bastón de mando de Froome reforzado, con el colombiano Chaves a 28 segundos, el irlandés Roche a 41 y Vincenzo Nibali a 53. El primer español es David de la Cruz (Quick Step) a 1.08 minutos y Contador pasó al puesto 17 a 3.10. Poco por detrás de ellos, Jaime Rosón que a 5.01 es el cuarto corredor nacional.

La etapa salió disparada de Hellín, al pie del pitón volcánico de Cancarix, único volcán de la península ibérica cuya chimenea ha quedado al descubierto por la erosión. Ritmo frenético, hasta el punto de que se cubrieron 49,6 kilómetros en la primera hora de carrera.

No tomó la salida el francés Warren Barguil, rey de la montaña del Tour y autor de dos triunfos de etapa. Su equipo, el Sunweb, le mandó a casa por desobediente. No ayudó a su jefe de filas, el holandés Wilco Kilderman, en la etapa de Cuenca. Le abandonó a su suerte tras sufrir una avería y vio la "tarjeta roja" directa.

Tardó en formarse la fuga del día, pero cuajó con permiso del Sky después de múltiples ataques. Se apuntaron 21 expedicionarios con el portugués Oliveira (Movistar) como mejor clasificado a poco más de 3 minutos.

Un nutrido grupo que se entendió para superar bajo la calima el Puerto de Biar y el de Onil, pero que dejó de ser amable como comunidad unida por el interés común en las inmediaciones del Xorret de Catí, donde esperaban 5 kilómetros al 9 por ciento de medio y rampas del 22.

Los primeros en arrancar fueron el belga De Vreese (Astana) y Emanuel Buchmann, del Bora, que llevaba tres hombres en la avanzadilla. Entre todos, y con la carretera apuntando al cielo se destacaron como más fuertes el polaco Majka, el francés Alaphilippe y el esloveno Polanc. El primero de ellos atacó la tira de veces, seis o siete, pero el galo se pegaba a su rueda con una facilidad pasmosa. Majka que llegar con Alaphilippe era derrota segura. Insistió e insistió, sin éxito, con resultado frustrante y victoria del francés que esperó al momento idóneo para arrancar y vencer.

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