19 de julio de 2008
19.07.2008
MONTAÑISMO

Una gesta alpinista

Martín Ramos completa la escalada del Broad Peak en 24 horas tras ascender de un tirón desde el campo base y realizar el descenso de noche

19.07.2008 | 02:10
Martín Ramos, escalando una pared encordada

Martín Ramos, junto al leonés Miguel Angel Pérez, y a otros tres montañeros -un portugués y dos rusos- protagonizaron el pasado jueves el primer ascenso de la temporada al Broad Peak, un ascenso que alcanza además una enorme importancia por la rapidez con se que realizó y por las dificultades que ofreció la montaña. Miguel Angel Pérez narró ayer de esta forma la que él mismo califica como «gesta alpinista».
«De todos los ochomiles que he escalado, éste es el que me parece que tiene más mérito. Hemos apostado a un solo día de buen tiempo, escalando a toda velocidad y siendo únicamente cinco personas para abrir huella por encima de siete mil metros, casi siempre por encima de la rodilla. Hemos alcanzado la cumbre a la hora más hermosa, la del atardecer, aunque asumiendo un gran riesgo al descender de noche.
Lo que hemos logrado era extremadamente improbable. Había muy pocas posibilidades de éxito. Decenas de personas en el Campo Base nos miraban como si estuviéramos un poco locos. Pero hemos hecho todo bien, arriesgando un poco, y hemos logrado algo más que alcanzar la cumbre de un ochomil: hemos logrado una gran gesta alpinística.
El Everest es el monte más alto que he escalado; el Nanga Parbat, el más mítico; el Gasherbrum II y el Cho Oyu tuvieron el encanto de abrir a ratos vía en solitario, pero la del Broad Peak ha sido, en conjunto, la escalada de la que me siento más orgulloso.
Cuando fuimos concientes de que el 17 iba a ser un día perfecto, con sol y sin viento, ya no había tiempo para escalar de campo en campo. Así que decidimos subir directamente del Base (4.900) al C3 (7.100), descansar allí unas horas y atacar la cumbre.
Martín Ramos y yo hemos contado con tres socios de talla mundial: el portugués Joao García (once "ochomiles") y los rusos Valery Babanov y Víctor. Me alegra poder decir que Martín y yo estuvimos a la altura de esos alpinistas tan renombrados.
Salimos del Campo 3 a las 3.00 de la madrugada. El problema era, sobre todo, la nieve profunda, muchas veces por encima de la pantorrilla y en ocasiones hasta la cintura. Íbamos relevándonos en la dura tarea de abrir huella, sobre todo Joao y yo. El collado que separa las dos cumbres principales del Broad está a 7.800, pero las condiciones de la nieve sólo nos permitieron alcanzarlo a las 14.15, una hora en la que lo adecuado es estar de regreso en la tienda.
Pero la tarde era espléndida y estábamos decididos. Escalamos con precaución una estrecha arista por cuya la vertiente china. Caían continuas avalanchas de nieve, motivo por el cual procurábamos escalar por la vertiente de roca pakistaní. Más arriba la escalada era de nieve y hielo, y sobre las 7.00 de la tarde estábamos alcanzando la cima rocosa del Broad. Estábamos muy contentos, la mayoría se conforma con la cima rocosa, pero en realidad la cima principal mide 17 metros más (hasta 8.047 metros) y se sitúa más de 500 metros más allá, después de superar una peligrosa travesía.
Como yo le dije a Martín para convencerle, total ya era seguro que íbamos a bajar de noche y la luna llena nos alumbraba espléndidamente. Seguimos adelante Martín, Joao y yo encordados, mientras que los rusos al principio reacios a seguirnos, al final se decidieron.
Y a las 20.00 de la tarde alcanzamos la cumbre más alta del Broad, uno de los momentos mágicos de nuestra existencia. Con palabras no puedo describir la alegría, la emoción, la preocupación y la concentración en bajar con seguridad, que uno siente en esos momentos.
Bajamos con precauciones, usando cuerda allí donde era necesario, pero sin incidentes. A las 11.00 estábamos en el collado y a las 2.30 h. de la madrugada en el Campo 3. Casi veinticuatro horas de esfuerzo ininterrumpido. Varias expediciones salían a esa hora con destino a la cumbre, dispuestos a utilizar nuestra huella. Pero justo al llegar al C3, se desató una tormenta de viento y nieve que ha hecho inviable cualquier nueva ascensión.
Tras dormir dos o tres horas hemos salido hacia el Campo Base. Ahora que ya estamos aquí os puedo decir que el Broad Peak es una montaña peligrosa. Las caídas de piedras son frecuentes y a mí me ha tocado hoy una en la pierna, aunque por suerte, el mono de pluma ha atenuado el impacto.
Hemos sido recibidos en el Campo Base con felicitaciones y admiración. Martín y yo estamos muy contentos de estar sanos y salvos tras la gesta. Sólo deseamos regresar y abrazar a nuestros seres queridos. Un abrazo a todos».
De esta forma narraba el compañero de expedición de Martín Ramos la proeza realizada por estos cinco grandes montañeros que viene a completar, en el caso del zamorano, la subida que realizó tan sólo diez días antes del G-II, otro coloso del Karakorum que completa una expedición que muy pocos españoles han logrado superar, con dos ascensiones en tan poco tiempo y la dificultad que entrañó esta última.
Martín Ramos ha tardado cuatro años en regresar al Himalaya, pero ha merecido la pena y son ya seis los "ochomiles" que acumula.

Una segunda versión
Otra versión de la escalada al Broad Peak protagonizada por Martín Ramos la daban ayer en su blog los miembros de la expedición vasca que encabeza Alberto Zerain. Los montañeros vascos describían así sus impresiones tras tener que retirarse ellos a escasos metros de la cumbre y ver lo que habían protagonizado los cinco intrepidos liderados por Martín y Miguel Angel:
«La noticia del día ha sido la llegada de nuestros compañeros Martín y Miguel con la cumbre del Broad Peak en el bolsillo. Desde ayer a las 3.00 de la mañana, que nos dejaron en el campo III, partiendo hacia la cumbre, no habíamos recibido noticias fiables de su ascensión. Tan solo el rumor de que los italianos habían visto, a través de su telescopio, al menos cuatro personas llegando a la cima.
Regreso
A media tarde nuestros amigos llegaban a "casa" con el aspecto demacrado que inevitablemente provoca una actividad de casi veinticuatro horas, pero con la inconfundible mirada de quien ha conseguido un objetivo tan exigente como es el Broad Peak, más aún en las condiciones en las que se presenta esta temporada.
En seguida y gracias a la tecnología, estamos viendo en el ordenador las fotografías de su actividad. La fascinación que nos produce, incluso para nosotros, la increíble belleza de las imágenes, se mezcla con la inquietud que nos produce imaginarnos en su lugar. ¿Es tan difícil como se ve en las imágenes?, ¿estaremos suficientemente aclimatados?, ¿llegaremos siquiera a esa vertiginosa arista?, ¿bajaremos también de noche?... uuffff!!!. Ellos nos animan: tendremos nuestra oportunidad. Esta noche no dormiremos tan tranquilos.
Aprovechando la oportunidad que nos ofrecen nuestros compañeros de escribir la crónica en el día de hoy, nos gustaría dedicarla a felicitar a los primeros alpinistas que culminan la cumbre en esta temporada y que mantienen viva nuestra ilusión por conseguirlo tras sus pasos en los próximos días. Enhorabuena a Martín, Miguel, Joao y a los dos rusos que han alcanzado la cumbre con ellos», concluye el escrito que ayer mismo volcaron en el blog de la expedición vasca.

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