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VÍDEO | El renacimiento de Argusino, el pueblo enterrado bajo las aguas

La drástica bajada del embalse de Almendra, por el obligado trasvase de agua a Portugal, muestra el pueblo como no se veía desde 1981

VÍDEO | Argusino al descubierto: las ruinas emergen con la sequía

VÍDEO | Argusino al descubierto: las ruinas emergen con la sequía I. G.

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VÍDEO | Argusino al descubierto: las ruinas emergen con la sequía Irene Gómez

José Manuel Pardal ha vuelto a Argusino. Los 800 kilómetros que separan Tarragona del pueblo donde nació se evaporan en cuanto pone los pies a la vera del embalse de Almendra.

Han sido muchas idas y venidas desde que con 17 años se fue de un pueblo todavía vivo, con 370 vecinos que cuatro años después, en 1967, emprendieron un camino sin retorno, sumidos en la tristeza y el desasosiego. Argusino pagó el precio de su desaparición en aras del progreso y en condiciones innegociables.

Consuelo Pardal, Rocío Carrascal y Silvia Corral visitan Argusino

Aquel doloroso éxodo quedó clavado para siempre en los hijos de Argusino y sus descendientes. Por eso, cada vez que las aguas del embalse descubren este rincón de la comarca de Sayago, aflora un mar de sentimientos y surge un espontáneo retorno en busca de las calles, las casas, la iglesia, las escuelas, eras, fincas, viñedos.

Hay escenarios inconfundibles, pero son otras muchas las edificaciones condenadas al imaginario entre el piedras al que quedó reducido Argusino. La dinamita y las máquinas borraron el perfil de un pueblo ribereño y pletórico de actividad hasta que llegó su condena.

El renacimiento de Argusino

55 años después de la desaparición bajo las aguas del Tormes, Argusino renace gracias a la meteórica bajada del embalse de Almendra, impuesta por el trasvase a Portugal. El obligado cumplimiento del Convenio de Albufeira reduce a la mínima expresión este “mar de interior”, dejando al descubierto el pueblo que sacrificó su existencia por el desarrollo hidroeléctrico.

El renacimiento de Argusino

“Hacía 41 años que no se veía así” recuerda Rocío Carrascal Pardal, hija de Consuelo y sobrina de José Manuel Pardal. A diferencia de otros argusinejos reacios a ver en lo que se convirtió su pueblo, los hermanos Pardal no se resisten a la tentación de volver en cuanto el agua se lo permite.

“Hay muchos recuerdos que perduran en mi memoria. Mi abuelo (Francisco García) era batanero, tenía la casa al lado del río y por allí pasaba mucha gente del Bajo Sayago a las ferias de Vitigudino y Ledesma. Aquella vida la tengo muy memorizada” evoca José Manuel. Igual que la fragua de su padre, Manuel Pardal, que además era un notable tamborilero. El hombre nunca superó aquel desarraigo y vivió la pena hasta el final de sus días.

El renacimiento de Argusino

Este sayagués afincado en Tarragona conoce prácticamente palmo a palmo el Argusino de su infancia y su juventud. Después de aquel verano de 1981, cuando solo se quedaron cuatro casas sin descubrir, José Manuel alberga la ilusión de pisar otra vez las calles, incluso el pueblo entero, aunque sea entre montones de piedras o estructuras de pozos, pilas o dinteles, ahora perfectamente visibles. También paredes de varios metros que sobrevivieron al doloroso derribo del año 67.

El renacimiento de Argusino

Son muchos los detalles que revela este nuevo afloramiento de Argusino, pero ha llamado poderosamente la atención la violencia con la que entraron las máquinas para diluir por completo su perfil. “Parece un pueblo salido de la guerra” contaba uno de los muchos curiosos que se han acercado a la zona. “Es increíble, pero todavía se ven las huellas de las máquinas que arrasaron con todo”.

El renacimiento de Argusino

Silvia Corral Moralejo no esperaba encontrarse con este “regalo” en su cuarto viaje desde Argentina al pueblo de sus bisabuelos, Buenaventura Moralejo y Beatriz López. “He sentido una emoción como nunca en mi vida. La primera vez que vine, en 2017, vi solo un pedacito de parte del cementerio y ya me parecía haber tocado el cielo con las manos”.

El renacimiento de Argusino

Esta vez, sin esperarlo ni programarlo, Silvia ha podido reencontrarse con un pasado que la persigue de forma obsesiva desde que descubrió la odisea de sus antepasados a finales del siglo XIX cruzando el océano para labrarse un futuro. Ha disfrutado conociendo la casa de su amiga Consuelo Pardal, la iglesia aunque sea con las dovelas de los arcos revueltas, las escuelas, unas eras empedradas prácticamente intactas, las paredes que sobreviven al empuje de las máquinas que entraron a saco o llamativas piedras labradas que dan cuenta de la singular arquitectura sayaguesa.

“Me he sentido en un pueblo, aunque no he visto los techos. Me da la sensación de estar prácticamente en mi casa y sentir eso que te pueden transmitir tus antepasados de haber vivido en un lugar tan maravilloso” describe la argentina con alma sayaguesa.

El renacimiento de Argusino

“Nunca pensé que iba a tener esta posibilidad” cuenta emocionada Silvia, quien descubrió Argusino después de años buscando el lugar del que había salido su familia. “Ya me sentí maravillada cuando lo encontré, así que te puedes imaginar ver el pueblo sin agua. Es una sensación única”.

El renacimiento de Argusino

El goteo de personas es constante en la última semana que ha emergido a la superficie. “El cementerio y una parte de Argusino lo llevamos viendo todo el verano. Lo más impactante ha llegado ahora, que se ve prácticamente entero” revela Roció Carrascal.

Era una niña cuando en el año 1981 lo pisó por primera vez. Cuatro décadas después Rocío vuelve y vuelve, porque cada día es un nuevo descubrimiento. “Siempre lo has imaginado lejos, debajo del agua. Pero pisarlo y ser consciente de lo que estás viviendo es muy emocionante”.

Argusino sale a la superficie JOSE LUIS FERNANDEZ

El resurgimiento de Argusino crea momentos inolvidables como que el que vivió la propia Rocío el pasado 18 de septiembre en su “paseo” por las calles de Argusino. Por allí apareció José Ángel Guerra, hijo de la argusineja Adoración Vega y residente en Suiza. Se habían visto cinco años atrás, con motivo del 50 aniversario de la desaparición del pueblo.

Muchos argusinejos retorna estos días porque “no se sabe cuándo volveremos a vivir esto” cuentan. “Iré y vendré mientras el agua me permita ver Argusino” asegura José Manuel Pardal, dispuesto a patear metro a metro. Incluso le ronda por la cabeza realizar una maqueta que inmortalice la memoria de Argusino, más allá de los montículos de piedras desordenadas.

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