30 de enero de 2017
30.01.2017
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En el centro de Europa

Chelo Martín Barrio desarrolla su trabajo de farmacéutica especializada en oncología desde 1999 en la ciudad de Lieja

17.02.2017 | 00:41
Chelo Martín Barrio, con sus hijos y su marido durante un viaje a Berlín, ciudad cercana a Lieja.

Una beca para unas prácticas en su último año en la universidad cambió la dirección de su destino. La zamorana Chelo Martín Barrio se encontraba en 1999 estudiando Farmacia en la Universidad de Salamanca cuando le entró el gusanillo de trabajar en el extranjero. "Yo ya había hecho prácticas tuteladas oficiales en la farmacia de Puente de Sanabria, pero me apetecía salir al exterior", recuerda. Y Lieja fue la ciudad elegida. "Como hablaba francés y para esa beca en concreto pedían el idioma, me decidí por Bélgica, ya que Francia ya la conocía. Además una amiga zamorana me había hablado de Lieja, donde había estado una temporada", añade.

Y desde esa beca han pasado cerca de veinte años, un tiempo en el que la zamorana ha estabilizado tanto su vida personal como profesional. Casada con un belga y con dos hijos "nacidos en Zamora", según subraya, Chelo Martín Barrio es especialista en Farmacia Oncológica y actualmente es farmacéutica hospitalaria, responsable de Oncología, Ensayos Clínicos y Calidad. "Llevo quince años ocupándome del paciente oncológico, desde la preparación de quimioterapias hasta la explicación de los tratamientos a los enfermos, el estudio de la interacción de la quimioterapia y su tratamiento habitual o la gestión de los efectos secundarios", resume. En este cometido, trabaja codo con codo con los médicos "y con un equipo disciplinar en los que también hay psicólogos o enfermeras. La calidad y la auditoría del trabajo son la base para mejorar el tratamiento ofrecido al paciente", añade. "Las preparaciones se realizan en unos locales llamados sala blanca para la protección de la quimioterapia, pero también del personal, porque son tratamientos muy tóxicos. De hecho, el tema de mi tesis fue la contaminación del medio ambiente en la producción de las quimios", apunta sobre este trabajo que ya realizó en la Universidad de Lieja.

Lo que más le gusta de esta ciudad es que esté justo en el centro de Europa. "Está a veinte minutos de Maastricht, una hora de Colonia o Luxemburgo, dos horas y media de París o cinco horas de Londres", calcula. "Además, en un par de horas puedes ir de punta a punta del país, así que me conquistó desde el momento que me vine con mi beca de seis meses", reconoce. El idioma para ella nunca fue un problema, pues hablaba perfectamente el francés. "Lo más difícil quizá fue y sigue siendo la falta de la familia y los amigos de siempre, además del clima", confiesa. Unas distancias que suple siempre que puede con continuas escapadas a Zamora, de la que echa de menos especialmente "el poder ir a menudo a la casa familiar de Sanabria, la paella de los domingos y el sol", enumera.

Por otra parte, allí hace de verdadera embajadora de su tierra. "Recomiendo Zamora a todo el mundo y además tanto nuestra boda como los bautizos y comuniones de mis hijos, además de todos los eventos que podemos, los hacemos en mi tierra para poder enseñar la ciudad y hacer venir a la familia y a los amigos desde Bélgica", indica. España es un país que "enamora" a los belgas. "Lieja es la ciudad más latina del país, porque hay muchos emigrantes, sobre todo italianos, pero pocos de primera generación. La gente es simpática de primeras, pero el contacto a largo plazo cuesta más, porque la mayoría de los encuentros se hacen en casa y no hay mucha tradición de ir a tomar algo después del trabajo. Con el tiempo, como en todos los sitios, mantener las amistades cuesta por la rutina, pero yo lucho por ello, tanto con mis amigos belgas como con los españoles", asegura.

De los belgas destaca "su forma de recibirte en casa en torno a una buena mesa y, desde luego, el mercado de navidad, que es una época preciosa, algo que echo de menos cuando voy a Zamora", compara. Por otra parte, reconoce que el ambiente de la ciudad ha cambiado desde los últimos atentados en Europa. "Las calles están vigiladas por militares y policías desde lo que ocurrió en París. En general, Bélgica es un país muy tranquilo, así que eso impactó mucho y lo remató el atentado en Bruselas. A los niños y a mí nos coincidió en Zamora y a mi marido en Bélgica, así que fue muy duro. Era Semana Santa y se quedó sin venir a su procesión, la Vera Cruz, donde desfila. Nosotros habíamos volado apenas veinte horas antes. Pero la vida continúa, y todo va volviendo a la normalidad", se alegra.

Después de tantos años en Lieja, y con su vida ya asentada, reconoce que volver a España es una opción muy lejana. "Llevo aquí desde enero del 99, con solo un paréntesis en 2006 para trabajar en la clínica oncológica MDAnderson de Madrid. A mí y a mi familia nos encantaría vivir en España, aunque a medida que los niños crecen se va complicando y además, a nivel profesional, encontrar puestos equivalentes para mi marido y para mí es muy difícil", justifica para finalizar.

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