Un viaje en el tiempo de 500 años

Dos jóvenes israelíes eligen visitar Zamora en su luna de miel para intentar recabar datos sobre su antepasado RadBaz, sabio que vivió en la ciudad a finales del siglo XV

05.11.2016 | 04:59
Bella y Amit Eshbal, en una de las habitaciones del Parador de Turismo.

Combativos desde muy jóvenes, críticos con algunos aspectos de su propio país, pero al mismo tiempo con una mente abierta, deseando descubrir las huellas de su propio pasado a miles de kilómetros de Israel. Así son Amit y Bella Eshbal, una pareja de recién casados que ha empleado su viaje de luna de miel en viajar al lugar donde, según les han contado, vivió un lejano, lejanísimo antepasado. Se trata de David ben Salomón ibn Abi Zimra, más conocido como RadBaz.

"Siempre he sabido que mis antepasados vivieron en Zamora, porque el nombre de soltera de mi madre era precisamente esta palabra en hebreo", explica Amit, que trabaja como coordinador en una organización sin ánimo de lucro. "Crecí escuchando a mi abuelo hacer comentarios sobre esta tierra, aunque mi madre nunca habló con él de ello y tampoco aprendió de él la lengua ladina, aunque el resto de mis familiares sí lo hicieron". Precisamente, Amit Eshbal estudia actualmente español, quizá con la latente esperanza de estrechar lazos en el futuro con el país que alumbró el concepto de Sefarad.

Antes de Zamora, el joven matrimonio hizo escala en Madrid. Y antes en Praga. "Aunque ambos somos judíos, en Israel solo podemos casarnos por el método ortodoxo. Decidimos casarnos dos veces: la primera allí, aunque no cuenta; y la segunda en Praga, donde conocíamos a unos amigos que ya lo habían hecho", reconocen. Ya en España, han ido dando pasos para descubrir la "Edad de Oro" española. "En Israel siempre nos han dicho que la edad de oro tuvo lugar cuando tres culturas, cristianos, judíos y árabes compartieron el mismo territorio, en particular, en Andalucía", apunta Amit.

El descubrimiento de la tierra de sus ancestros no les ha decepcionado en absoluto. "Nos han encantado las vistas, los edificios, el río? y sobre todo, la amabilidad de las gentes", coinciden. Y eso que, en el debe, sitúan el hecho de que solo hayan encontrado carteles informativos en inglés frente a las iglesias, "y solo para hablar de aspectos como la escultura o la arquitectura". Les hubiera gustado hallar algunas otras "señales", sobre todo para "identificar realidades culturales de aquí que no tienen traducción, como la siesta". Sí es cierto que -y esto se puede decir sobre todo tras un largo puente festivo de Todos los Santos con una amplia asistencia de turistas- la ciudad no tiene una infraestructura especialmente pensada para los extranjeros.

Caminando por las calles del casco antiguo, han sabido valorar la "actividad" de la gente y, al mismo tiempo, la "calma". Quizá excesiva para algunos. Tampoco han podido quitar la mirada de algunas de las habituales pintadas antisemitas, deudoras de un pasado, el nazi, que defienden quienes no lo conocen siquiera superficialmente. Les asusta que haya personas, incluso profesores de reconocido prestigio, que nieguen el Holocausto actualmente, aunque de Zamora han sabido valorar su tolerancia. "Yo no sé demasiado de Franco, pero no voy a negar la Historia de España", apunta Amit, quien incide, como profesor, en la necesidad de que "todos conozcamos nuestro propio pasado: quiénes somos, qué es lo que nos rodea y, al menos, quién construyó el edificio que tenemos enfrente de nuestra escuela".

Sobre el pasado judío de Zamora, del que han oído hablar a través del Centro Campantón y de su director Jesús Jambrina, reconocen que "no hemos visto ninguna conexión con Israel porque todas las huellas desaparecieron con la expulsión". Sin embargo, apunta Bella, "quizá es incluso más importante que la gente conozca su pasado pese a que no haya restos arqueológicos, aunque sea incluso más difícil hablar de ello". No se atreven a decir, como sí lo hace Jambrina, que algunos aspectos de la cultura sefardí deban aprenderse en las escuelas. Aunque sí son partidarios de que Zamora "se venda" al exterior como una tierra "multicultural".

Más escépticos se muestran sobre la posibilidad de que los judíos que demuestren su pasado sefardí obtengan la nacionalidad española. "Conozco a un israelí que ha pasado año y medio en España, con todos los documentos requeridos y que habla español con fluidez. No ha podido conseguir la nacionalidad porque le piden papeles que no existen", apunta Amit. De hecho, abunda en que no existe información clara en Israel sobre el proceso. "No queremos criticar algo que tiene una intención noble, pero, hoy por hoy, el proceso es un misterio".

Y sobre su país, frecuente protagonista de las noticias internacionales, la pareja aclara que, aunque sea una idea "básica", el conflicto "territorial" entre Israel y Palestina "hay que circunscribirlo a los Gobiernos, no a las personas". "A los políticos les interesa que el enfrentamiento continúe y es llamativo que en Israel esté creciendo el racismo", aclara Amit.

Reflexiones desde una de las habitaciones del Parador de Turismo, donde celebran la experiencia de haber conocido la tierra de sus ancestros. Sus consultas en los archivos locales de momento no han permitido recabar más información sobre RadBaz. Es difícil. Sin embargo, parece que la relación entre los jóvenes y la ciudad del Duero puede ser larga y quizá fructífera.

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