Odile Rodríguez de la fuente | Directora de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

"Mi padre jamás se sentiría identificado con la acción de trincheras de Lobo Marley"

"El cánido es el chivo expiatorio de los problemas de un mundo rural que agoniza y al que le hace falta un lavado de dignidad"

24.11.2015 | 00:53
Odile Rodríguez de la Fuente posa en su despacho.

Habla alto y claro en defensa de lo que para ella es el principio y el fin: la Naturaleza. Pero la Naturaleza con mayúsculas, la "finita", no la de cartón ni la prefabricada. Tampoco la "urbanita" ni la perecedera. Odile Rodríguez de la Fuente, la más pequeña de los hijos del mítico Félix Rodríguez de la Fuente, lleva las riendas de la Fundación que lleva su nombre. La organización colabora ahora en Zamora con las denominadas Aulas de Naturaleza impulsadas por la Diputación Provincial y Zamora Natural, un proyecto pionero que llevará los cuadernos de Félix Rodríguez de la Fuente a varios pueblos de la provincia. Cuando se han cumplido 35 años de la muerte de su padre, Odile sigue encontrando en él su fuente de inspiración.

-Zamora ha sido declarada hace unos meses Reserva de la Biosfera Meseta Ibérica. ¿Es sólo una catalogación sin más o tiene una repercusión real?

-Sí tiene repercusión. A mí me gusta la denominación Reserva de la Biosfera más que Parque Nacional, porque esta última denominación conlleva limitaciones que ponen a la población autóctona en contra de que se erija esa protección. Una reserva lleva implícita en su definición una relación en armonía con el entorno de la población y atiende también a sus aspectos culturales y turísticos. Es una forma de reconocimiento a las generaciones que han hecho las cosas bien, sobre todo, a las del ámbito rural, que les hace falta un lavado de dignidad porque se les menosprecia tanto... Además, también hay emprendimientos verdes de gente joven que sabe aprovechar estos reconocimientos como valor añadido y a mí me parece muy bien que así se haga.

-¿Conoce a Lobo Marley, una plataforma en defensa del lobo que ha llenado muchos titulares tanto locales como nacionales?

-Claro que lo conozco. Lo respeto, pero me parece que está en una posición muy radical que al final tiene un efecto negativo sobre el lobo. Desde mi punto de vista, es una posición errónea porque es muy batallante. Han utilizado mucho el nombre de mi padre, pero él no se sentiría en absoluto identificado con Lobo Marley y yo, tampoco. Hay que celebrar cualquier forma de protección de la naturaleza pero no hay que hacerlo en forma de lucha contra el mundo rural ni con una posición tan batalladora que conlleva actividades que, a mi juicio, son intolerables. Al final todo eso tiene una repercusión todavía más negativa sobre el lobo. Yo creo que no utilizan la estrategia adecuada y hay otras formas de defender al lobo, aunque sean más a largo plazo. Una casa bien hecha no se construye en poco tiempo, las cosas no son blancas o negras. Hay que ver dónde está el problema y con quién hay que trabajar para convertir lo que ahora mismo es un problema en parte de la solución y que sea un aliado. Con un posicionamiento de trinchera lo que se logra es enconar conflictos.

-Hasta los años 70 el lobo era prácticamente una plaga y el Gobierno pagaba recompensas por su exterminio. ¿En qué momento el cánido pasó a estar protegido frente a otros intereses como, por ejemplo, los de los pastores de ovejas?

-En el momento en que surgen propuestas nuevas. Por eso yo quiero rodearme de gente innovadora. Mi padre tenía una postura de equilibrio y consenso respecto al lobo, y siempre teniendo en cuenta las dos caras de la moneda: las personas y el lobo. Nuestra posición tiene que ver con educación, convertir al animal en un valor añadido e implicar a los afectados. En esta situación hay muchos extremismos tanto por el lado urbanita, que sacraliza al lobo y demoniza a cualquier sospechoso, como en el mundo rural, porque hay mucho ganadero absentista que no es vocacional o que está a cobrar la ayuda y solo quieren armar jaleo. El lobo es el chivo expiatorio de los problemas de un mundo rural que agoniza. Sin embargo, es precisamente el lobo el que debería convertirse en la herramienta que ayude a los verdaderos ganaderos y a los pueblos que apuestan por su acerbo cultural y su biodiversidad.

-Zamora y la región del Duero es uno de los territorios con más población de lobo ibérico. ¿Su pervivencia está asegurada?

-Lo está. Además, hemos visto que desde los años 70 pasó de ser un animal dañino a una especie cinegética. Desde entonces se ha visto una recuperación y una mayor población de lobos. Son animales sociales con estructuras muy intrincadas y cuando se eliminan partes fundamentales de una familia se termina haciendo más daño. Cazadores, ecologistas, ganaderos? todos se tienen que sentar en torno a una mesa para llegar a consensos desde abajo. La mayor amenaza son los envenenamientos y el furtivismo.

-¿Conoce el Centro del Lobo de Robledo, cerca de Puebla de Sanabria?

-Aún no, pero me encantará hacerlo. Lo mismo que el Lago de Sanabria. Zamora es una joya natural de España y una zona emblemática en lo que a convivencia de todas las partes se refiere.

-El peligro de que el Lago de Sanabria u otros entornos similares pierdan su biodiversidad por los vertidos contaminantes supone una verdadera amenaza para estos espacios. ¿Hay mecanismos suficientes a nivel de la administración para proteger el medio?

-En absoluto. Si ni siquiera hay las más mínimas garantías para la alimentación? cuánto menos para la naturaleza. Queda mucho por hacer.

-¿Es partidaria de cruceros en barco por aguas protegidas como las del Lago de Sanabria o Los Arribes del Duero?

-Estoy totalmente a favor de un aprovechamiento turístico reglado, tanto de la observación de especies como en paseos por las aguas. Eso sí, hay que marcar límites.

-Zamora, igual que otros rincones de España y Portugal, es golpeada cada verano duramente por los incendios. Imprudencias, descuidos pero, muchas veces, los fuegos son intencionados por intereses económicos. ¿Qué hacer frente a esto?

-Hace no más de una generación, cuando había un incendio, salía todo el pueblo a la calle con cubos de agua a apagarlo. Hay que implicar a la población, los más interesados en salvar su lugar. Algo hemos hecho muy mal para dejar a un lado a los que más hay que implicar y reconocer. Dignificación, reconocimiento y poner en valor lo que hace la gente del mundo rural.

-Aulas de naturaleza es el proyecto pionero en Zamora para divulgar entre los escolares el territorio de la Reserva de la Biosfera, una iniciativa en la que colabora la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente con la aportación de cuadernos de campo de la serie "Félix en tu escuela". ¿Qué aprenderán los alumnos zamoranos con este tipo de cuadernos?

-La iniciativa de Zamora Natural nos encantó y no dudamos en colaborar con el proyecto, y más en un contexto como es el zamorano, con la naturaleza que allí tenéis. El territorio zamorano es extraordinario en términos de biodiversidad y con especies tan emblemáticas como el Lobo. A muchas zonas de Europa se les caería la baba con lo que Zamora tiene tanto en recursos turísticos como de desarrollo rural. Es fundamental que los niños se relacionen con el entorno y su zona. Hay que tener en cuenta que las ciudades no son el entorno natural al que pertenecemos. Acercarse a la naturaleza da un sentido de arraigo y de perspectiva clave para poder ejercer una educación con criterio. Es básico desarrollar en los niños la capacidad de reflexión, que vean la paleta de colores de la naturaleza, que huelan los olores, que sientan el frío y el calor, que estén expuestos a un entorno impredecible... todo para forjar en ese cerebro en desarrollo unos pilares que van a convertirle en un adulto del mañana con más criterios y posibilidades.

-Anillamiento de aves, observación de huellas, creación de herbarios? ¿Cómo responden los niños a estas actividades?

-Ellos están encantados de participar en cualquier iniciativa que genere un vínculo con el entorno natural porque somos naturaleza pensante. Nos hemos desgajado de lo que es nuestra identidad, pero el 80% de la historia de la humanidad ha estado integrada en el medio y hay que recuperar el vínculo perdido. Estas aulas son un paquete que llevan un regalo dentro. Se puede empezar con pequeñas dosis como estas aulas, pero nosotros desde la fundación aspiramos a que haya un giro en la educación. Al niño lo que le llama es tirarse a jugar en la tierra con piedras porque es en el medio natural donde se explayan. Tienen libertad de movimiento y su desarrollo psicomotriz en la naturaleza evoluciona mejor y más rápido.

-¿Está el sistema educativo actual preparado para ofrecer a los niños una correcta educación ambiental?

-En absoluto. El sistema educativo me parece desesperante. La educación en general sigue siendo tan industrial, tan de principios del siglo pasado que parece mentira que en más de 100 años no hayamos casi cambiado con lo que se ha transformado el mundo. Los chavales tienen asignaturas compartimentalizadas, conocimientos sin una visión transversal, una obsesión por ponerle deberes, por memorizar... Tienen que enseñarles a pensar, a tener criterio y a darles las herramientas para que confíen en la naturaleza. La raíz etimológica de educar es educere, es decir, ayudar a sacar. Los niños no vienen vacíos. Son muy pocos los que tienen huertos escolares en los colegios, la mayoría solo dispone de patios de cemento y casi ninguno aprovecha para sacar a los niños al campo con jornadas de ésta que se están desarrollando en la provincia de Zamora. Hay un déficit de naturaleza en la educación muy preocupante.

-¿Son los niños los que educan ahora medioambientalmente a los padres?

-Con los adultos hay margen de maniobra, pero menos. Los enormes retos que se nos vienen encima los afrontarán ellos. Con temas enconados y polémicos, hemos visto que logramos muchos más cambios si llegamos a los hijos que con los propios padres.

-El Medio Ambiente parece que ahora está de moda. ¿Le gusta la idea o, por el contrario, le da miedo que igual que venga se vaya?

-No puede ser una moda. Es muy urgente su protección y nos vamos a dar cuenta de que no es una moda sino una necesidad. El ser humano es un granito tan insignificante al lado de la naturaleza y de la existencia que considerarnos a nosotros como los salvadores de la naturaleza es de una falta de humildad asombrosa. El que más tiene que ganar es nuestra propia especie. La naturaleza es el principio y el fin de todo por su relevancia como centro gravitatorio de nuestra identidad. Los procesos naturales llevan sobre la tierra millones de años sin los problemas que ahora hay de recursos finitos. Es infinita, rica, creativa y diversa.

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