Acusada de hacer negocio con su bebé nacido en Zamora: "Una madre que vende a su hijo debería pagarlo con la pena de cárcel más alta"

"Durante el embarazo no tuve ninguna ayuda por parte del padre y cuando lo llamaba para que lo viera, ni cogía el teléfono, prefería estar fumando marihuana y metiéndose rayas"

20.10.2015 | 10:20
Un bebé recién nacido, dentro de una incubadora.

"Lo de tener un hijo fue algo totalmente imprevisto y es cierto que tuve mis dudas, pero al final lo pensé y decidí seguir adelante. Pero acusarme de intentar vender a mi niño es una gran mentira". Habla Roxana B. la joven madre de 19 años acusada por un presunto caso de adopción ilegal o venta, por la que podría haber llegado a recibir 15.000 euros, según las investigaciones policiales. Desde Cardiff Bay (Gales), la joven de 19 años se defiende y asegura que su viaje a Reino Unido fue simplemente "por vacaciones".

Su perfil de Facebook ha sido en estos últimos días un escaparate para dar su versión de los hechos, donde deja totalmente claro que lo que más echa de menos es no estar junto a su hijo, nacido el pasado 2 de septiembre en el hospital Virgen de la Concha de Zamora. En declaraciones a LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA es contundente a la hora de dar su veredicto acerca de aquellas mujeres que venden a sus bebés. "Una mujer que hace eso no es una madre, no tiene corazón. Eso se debería pagar con la pena de cárcel más grande, porque los que verdaderamente sufren son los niños. Y nunca hay que tratarlos como una forma de hacer dinero, porque son seres humanos", sentencia sobre un delito del que será investigada en el juzgado número 5 de Zamora, junto a la pareja española a la que supuestamente entregó a su bebé. "Somos solo amigos, es la única relación que mantengo con ellos", simplifica.

Los tres continúan en Cardiff Bay, donde fueron detenidos para prestar declaración sobre los hechos. "Este pasado lunes se celebró aquí un juicio y se descartó la venta del niño, porque han comprobado que no hay dinero de por medio", resume. Según su versión, "se ha celebrado un juicio por lo que mismo que en Zamora, ya que la policía española abrió una investigación, en la que colaboró la Interpol".

Mientras tanto, su niño está bajo la tutela de los servicios sociales. "Lo tiene una familia de acogida, normal y corriente. Ellos le dan un entorno y un ambiente de familia para que el niño no sienta la falta de los padres", explica.

Ahora ella está en libertad, pero sin su bebé. Un niño nacido de una relación que no acabó bien. Roxana llegó a la capital zamorana hace apenas un año desde Salamanca, donde había vivido con su madre, tras emigrar desde su Rumanía natal, donde había destacado en deporte, llegando incluso a ser jugadora profesional de baloncesto. "En Salamanca estudié y me saqué Bachiller. También he estado trabajando en un bar", detalla sobre su currículo académico y profesional.

En Zamora conoció a su pareja, pero nunca encontró el apoyo esperado una vez que tomó la decisión de tener a su hijo. "Durante el embarazo no tuve ninguna ayuda del padre. Es más, después de nacer el niño le llamaba para que lo viera, pero ni siquiera me cogía el móvil. Él prefería estar fumando marihuana y meterse rayas de speed con sus amigos", describe. "En dos semanas que estuve con el bebé, solo lo vio tres veces", concreta la joven madre.

Lo que sí reconoce sobre los hechos que se le imputan es que en el Registro Civil de Zamora, donde está inscrito el niño, su hijo lleva el apellido de su amigo en Gales como padre, por lo que a este acusado se le ha realizado un análisis de ADN para descartar que sea el verdadero padre.

"Lo hice así porque no quiero que tenga algo que ver con su padre por la forma de vida que lleva y por el comportamiento violento que a veces tiene", teme. Sobre este aspecto, añade que no desea que su hijo "tenga contacto con una persona que, estando embarazada, me puso un cuchillo en el cuello". A su expareja la describe como un chico "que se harta de drogas y que no tiene ningún futuro".

Y futuro es lo que quiere para ella y para su hijo. Por eso ahora se afana en buscar un trabajo en Gales. "Me han dicho que me lo devolverán cuando tenga un trabajo y una casa para el niño", indica. Así que todos los días recorre las calles de Cardiff Bay entregando currículos. "Aquí parece que es más sencillo encontrar trabajo que en España. Por Internet estoy buscando también y ya tengo un par de entrevistas pendientes", comenta esperanzada sobre esas oportunidades.

"Me da igual en qué trabajar ahora mismo, lo único que quiero es recuperar a mi bebé". Por este motivo, cada minuto sin su hijo se le hace eterno. "Este mismo lunes me dirán si puedo verlo y estar con él", confía.

Entre sus planes inmediatos, por tanto, no está regresar a Zamora. "No volveré hasta que no recupere a mi bebé, porque es lo más importante para mí. Lo pasé muy mal en su momento y todavía lo paso mal. Esta pasada noche tuve que ingresar en el hospital. Me dieron el alta esta mañana, pero tengo ataques epilépticos y casi depresión", describe sobre su situación.

Aunque teme que todos estos planes se pueden venir al traste si finalmente la Policía Nacional pide su regreso al país. "Si me extraditan a mí y al niño me será mucho más difícil encontrar un empleo y además allí está el padre del niño", recela.

Dolida por el trato recibido por parte de los agentes de la Policía en Zamora, asegura que cuando vuelva a la capital se acercará a la comisaría. "Lo primero que haré será coger a mi niño en brazos y dar la cara, porque no se puede permitir que me hayan hecho pasar por todo esto", se queja.

La Policía Nacional conoce a la joven por contar con antecedente por un caso de extorsión. Ella no niega estos hechos, pero corrige que solo está imputada por un delito de coacciones en ese asunto. "Soy una de las partes implicadas, pero no por extorsión. Esa es otra mentira de la policía", subraya.

A pesar de todo, todavía confía en la justicia y espera que de las investigaciones que se están llevando a cabo "salga la verdad y dejen el racismo a un lado. Entiendo que están haciendo su trabajo, pero basta de mentiras", ruega. Sobre su culpa, reconoce que hizo mal al poner el apellido de un falso padre, aunque reitera que tenía razones para ello. "Si tengo que pagar por ello, lo haré, porque soy consciente de que en ese caso actúe mal, pero solo quería proteger a mi angelito. Yo miraré siempre por el bien de mi niño. Espero despertarme pronto de este mal sueño porque muchas veces pienso que no puedo más con esto. Solo tengo 19 años y es demasiado para mí todo lo que está pasando".

Las últimas publicaciones en su muro de Facebook están llenas de esperanza, porque ella tiene fe en que "la verdad saldrá a la luz" y pronto estará junto a su hijo. "La gente me dice que sonría, que pronto acabará esta pesadilla. Yo sé que hay un dios ahí arriba, pero hasta entonces mi zamponete no está conmigo y yo soy una muerta en vida. Mi vida se ha convertido en un calvario todos los días", finaliza la joven madre.

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