La vida fluye en Belén

La Morana recrea con precisión el «día a día» del lugar fortuito donde nació Jesús con el tradicional montaje de La Encarnación titulado «El hijo del carpintero»

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Una niña muestra el desarrollo del mercado.
Una niña muestra el desarrollo del mercado. Foto Emilio Fraile
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Un candelabro de siete brazos señala la residencia de una familia hebrea, una más de las que hunden sus raíces en Belén, origen de la estirpe de David y lugar profético del nacimiento del Mesías. Allí la vida fluye. El visitante se cuela por una rendija para ver la actividad de las panaderías, el trajín diario de las gentes... Y en un establo excavado en la roca, María da a luz a Jesús. La vida en Belén no para, sino que continúa aún con más vigor.

JOSÉ MARÍA SADIA
Una «T» da sentido al nuevo montaje de la agrupación belenista La Morana en la iglesia de La Encarnación, que ayer abrió sus puertas a la tradicional exposición apoyada por la Diputación Provincial y Caja Rural de Zamora. Es la «T» que aparece destacada en el título: «El hijo del carpintero». Es la «T» de la estructura que acoge la ciudad de Belén. Y es la «T» cristiana, símbolo de la Cruz, origen y razón de nuestra cultura.

Como en un mensaje críptico, la letra aparece escondida en Belén, donde la vida fluye. Los Magos descansan antes de visitar a Herodes para reunirse con Jesús. Pastores y ángeles comparten la buena nueva en el campo, los hornos de las panaderías crepitan y de las carpinterías salen mesas y sillas mientras las varas extraen el fruto de los olivos (¿de Fermoselle?). Es una calculada, generosa y realista recreación de la ciudad en la que María y José encontraron morada accidental, huidos del censo que Herodes había impulsado para encontrar al Hijo de Dios.

«La Morana tiene capacidad, ilusión, sapiencia e inteligencia para hacer cosas diferentes cada año», expuso en el estreno el presidente de la Diputación, Fernando Martínez Maíllo, quien bromeó con «el buey y la mula» que los visitantes podrán ver en el portal, fruto de «la tradición que conserváis». Porque el montaje, iniciado en abril, es fruto del esfuerzo de «hombres y mujeres que tienen un grandísimo mérito», añadió el responsable de La Encarnación: «Nos dais mucho más de lo que la institución aporta a la exposición más visitada de todo el año».

«Hemos cuidado la ambientación al detalle para mostrar la vida cotidiana», aseveró Francisco Iglesias, presidente de La Morana antes de desgranar cada elemento que confluye en el montaje, tras agradecer la colaboración de la institución provincial «con nosotros y con otras asociaciones de la provincia que nos dan estabilidad». Los gestos y la riqueza de las figuras de José Luis Mayo Lebrija. La música -un romance sefardí titulado «La rosa enflorece»- que hermana el pueblo español y el hebreo. Olores a incienso y luces para recrear el día en Belén. Y una primorosa escena de la recogida de la aceituna, donde los olivos «del sur de la provincia» aparecen esbeltos luciendo el fruto maduro en plena faena de la cosecha.

El visitante explora la vida en Belén justo cuando nace Jesús. Se cuela por una rendija para «espiar» los detalles cotidianos, las pequeñas cosas, las anécdotas. No se para la vida allí, sino que el hecho cristiano alimenta la actividad diaria, que culmina en el taller de José. Porque a Jesús lo conocían como «el hijo del carpintero». Y pronto mostró sus habilidades. Y poco después inició su vida pública para anunciar el Reino de Dios. En aquel íntimo taller se guardan las herramientas del aprendiz carpintero que da nombre a la original nueva propuesta de La Morana.

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