17 de noviembre de 2017
17.11.2017

La manera de decir las cosas

Hay mucha gente que da prioridad a decir antes de pensar

17.11.2017 | 00:24
La manera de decir las cosas

Hay que tener cuidado con lo que se dice, y más aun con lo que se escribe. Porque, por ejemplo, hablar de la unidad de España podría estar bien, como también hacerlo de su grandeza - sobre todo si se midiera en términos económicos, como el PIB o la balanza de pagos - y algo más que bien, si se hiciera hincapié en la defensa de las libertades. Pero si se juntaran los tres términos, se llegaría al slogan de "una, grande y libre", y la cosa ya no solo sonaría a rancio, sino que volverían a aparecer los fantasmas del pasado.

De manera que el que llegara a escuchar frases como "Entre tanto, emerge una figura. Diría yo más alto y más claro: la figura. El talante, el rigor, la mesura y la firmeza encarnadas en una persona" refiriéndose al actual presidente del Gobierno, podría llevarse un susto de padre y muy señor mío, pensando que aún se encontraba en los años en los que la dictadura campaba por sus respetos. Porque por una frase como esa se hubieran dado de tortas los mayores exégetas del viejo régimen para hacerla suya. Y es que, cerrando los ojos, se podrían escuchar las engoladas voces de los narradores del NO-DO, aquel desinformativo, que, obligado por el régimen, era obligado proyectarlo en los cines, antes de la película.

Lo cierto, es que exaltaciones desmesuradas del propio jefe suelen oírse de vez en cuando, como aquella del exfutbolista Butragueño, cuando refiriéndose al suyo, a la sazón presidente del Real Madrid, lo calificó de "ser superior".

Otro tipo de mensajes, sin exaltaciones, pero si con otros fines, como el de lavarse las manos sería, por ejemplo, el de "Pillarlos es muy complicado", refiriéndose a l detención de los gamberros que practican el vandalismo. Frase que hace de menos a la policía, porque si las fuerzas de seguridad del Estado son capaces de detener a terroristas y traficantes de drogas, más fácil será detener a un grupo de cernícalos que se divierte los fines de semana destrozando mobiliario urbano y embadurnando las ciudades con pintadas.

El mensaje con envoltorio de esquet, para llamar la atención, tampoco hay que echarlo a faltar, pues de otra forma nadie se acordaría del monologuista que lo protagoniza. En este grupo podría incluirse el de "Ojalá acabe algún día con unas de éstas", manteniendo en su mano unas esposas, y refiriéndose al presidente del Gobierno. Es ésta, otra perla de un recalcitrante showman que va de vez en cuando por el Congreso de los Diputados. El caso es que el individuo en cuestión no cayó en la cuenta que ese gag hubiera tenido más éxito si lo hubiera representado antes en el Parlament de Catalunya, haciendo mención a sus socios del "tres por ciento".

Tampoco está nada mal explotar la cara dura sin ningún pudor. Como la del ex mandatario catalán lanzando una colecta para que alguien cargue con la pasta que él ordenó gastar en actos ilegales: "con un poco de generosidad de los que fueron a votar en noviembre de 2014 el problema podría quedar resuelto" o lo que es lo mismo que si depositara un montón de catalanes los milloncejos de su fianza, evitaría ir al trullo, como si de una Lola Flores se tratara, en aquella ocasión en que se dirigió al conjunto de los españoles para que le pagaran sus pufos con Hacienda.

Cierto es, que cada tendero, o tendera, debe espabilar para ser el primero, o la primera, en vender su mercancía ante la presencia de la competencia. Pero una cosa es la intrepidez y otra los halagos desmesurados, o las actuaciones o mensajes desabridos, ya que pueden producir el efecto contrario al que se pretende. Ensalzar de manera exagerada la figura de alguien, o caer en la tentación de tratar a la gente como a un rebaño de ovejas, es caer en el triunfalismo, en la exageración, volver a los desinformativos del NO-DO.

Menos mal que entre tantas simplezas y banalidades, siempre hay alguien que, de vez en cuando, trasmite alguna reflexión o razonamiento sensato, de esos que dan que pensar, al menos unos segundos, como el del historiador americano Christopher Browning: "Nunca fracasó un genocidio por falta de gente dispuesta a asesinar".

Pero es que, de la misma manera que existe gente capaz de pensar antes de decir, en mayor medida la hay que da prioridad a decir sobre cualquier otra cosa.

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