08 de noviembre de 2017
08.11.2017

El reino de Bobelia

Pese a los esfuerzos de Trump, el castellano es el idioma emergente en Estados Unidos

08.11.2017 | 00:14
El reino de Bobelia

Según el censo norteamericano del 2016, EE.UU. es el país después de Méjico, con mayor número de hispanohablantes como lengua materna del mundo. Unos cincuenta millones de americanos se declaran hispanohablantes a los que habría que sumar ente diez y quince millones de "ilegales" más, que el censo no cuenta. Si a estos sumamos el número de americanos que hablan español como segunda lengua o que simplemente la están aprendiendo o la entienden, probablemente éste sea el país de mundo con mayor número de hablantes de español, y pese a los esfuerzos de Trump de frenarlo, el español se ha convertido en un idioma emergente. Ahora mismo, EE.UU. es un amalgama de culturas, colores, idiomas, gastronomías, etc., insuperable por ningún otro país del mundo. Sin embargo, y aunque no existe un idioma oficial (reincidir que en EE.UU. no existe este concepto) el inglés es la lengua vehicular y es deber de saberla y derecho de usarla por todos y cada uno de los que aquí estamos.

El inglés es la lengua, que sin ser oficial por ley, repito, es oficiosa y si bien el español es una lengua de cortesía en hospitales, aeropuertos etc., ni el gobierno federal ni los estados en particular gastan un dólar en traducir al español los billones con b de documentos que se generan cada año. Tampoco existen intérpretes en organismos como el congreso, el senado o las diferentes casas de representantes en los diferentes estados, con la excepción de Puerto Rico, que es un miembro asociado. En los colegios se enseña en inglés, en las universidades lo mismo y un policía o cualquier servidor público te atenderá en inglés y por cortesía, si sabe, en español u otra lengua, pero por cortesía. Si no sabes inglés por algún motivo, tienes derecho, en algunos estados, a un traductor para cosas básicas como una visita al médico. Las televisiones y los medios de comunicación es otra historia y cada uno reparte en lo que le da audiencia, como es lógico, demanda. Incluso el Presidente de la Cámara de Puerto Rico, hispanohablante, cuando se dirige al país (EE.UU.) lo hace en inglés, sería absurdo que lo hiciese en Español y tuviesen que poner traductores cuando él habla inglés correctamente.

Bien, venimos a España, cuarto país del mundo en número de hispanohablantes después de Méjico, EE.UU. y Colombia y nos encontramos en con el Reino de Babelia in crescendo. Billones también de documentos oficiales tanto de España como de la Unión Europea traducidos a no sé cuantas lenguas, dialectos, hablas y silbos que componen la geografía nacional. Traductores en el congreso y en el senado así como en todas las cámaras alrededor del país, hospitales en los que los médicos no se entienden entre ellos o con los pacientes y universidades donde los profesores no se entienden con los alumnos, o enseñan en una "lengua" de la cual no existen libros de texto fidedignos, policías a los que se les escapan lo ladrones, porque no se entienden entre ellos y todo un sistema putrefacto al servicio identitario. Lo curioso de todo esto es que al final todos ellos en la cafetería se entienden perfectamente en castellano. Tampoco hace falta que abunde mucho más, para que lector sepa por donde voy. Pero estos barros vienen de aquellos lodos y si bien el castellano o el latín fueron siempre en los territorios "territoriales" las lenguas vehiculares, ni Cervantes ni Quevedo, ni Esponceda ni Calderón se expresaron en "lenguas" locales, aunque éstas fuesen de intercambio, como lo han sido otras, a lo largo de la geografía española entre las gentes rurales. Poco puedo aportar de este tema harto discutido estos días, más allá de mi predicción que el tiempo devolverá la realidad. El castellano, ese monstruo de casi 600 millones de hablantes, que si además contamos a Brasil, Portugal, Marruecos, Filipinas y todos los hispanohablantes de otros países, se acerca al Mandarín y al inglés (si bien lo supera como lengua materna); pondrá las cosas en su sitio. No se puede remar contracorriente porque por mucho que se reme siempre, siempre se acaba el río.

Toda esta introducción es para hablar de nuestra "lengua", bueno como no hay dinero como en Cataluña, se nos queda en dialecto o habla, es decir: el leonés o llionés. Lengua que es la mía materna, en su vertiente alistana o mirandesa y que yo hablo perfectamente, sin embargo el castellano es mi lengua materna a la vez. Yo pertenezco a esa generación de chavales a la que los maestros nos corrigieron continuamente porque decían que hablábamos mal el castellano, cuando en realidad eran ellos los que no sabían que eran dos "lenguas" diferentes. Sin embargo ahora existen toda una multitud de inventores que la rueda que nunca habían oído una palabra de este conglomerado que se habla en estas zonas y descubren un día un palabro diferente y empiezan con sus divagares existenciales. En lugar de usar nuestras variedades lingüísticas para fomentar el acervo cultural, las utilizan para dividir, separar y lo que es peor: imponer. Es tal la esquizofrenia que existe en todo esto, que además ahora se atreven a decirte, no solo que lo que hablas no es castellano, sino que además hablas mal el leonés. Como los lectores me dicen que me extiendo mucho, lo resumiré: hay todo un esfuerzo para reunificar lo que se habla desde el puerto de Pajares hasta el de Tornavacas y cada vez son más los fondos que se destinan a ello. Sin embargo, si uno le dice a un paseante al azar en la capital del reino: "León tien una catedral que buena gera" te dirá como Guzmán: -que si no te gusta León ahí tienes la estación- cuando tú le estás diciendo ¡vaya catedral! Pero también puede que des con el enterado y te diga que no se dice "gera" sino "geira" y en ese caso uno toma la estación para largarse "forever".

Los regionalistas que quieren una autonomía para León, con su idioma oficial, han encontrado en la lengua leonesa su mantra. Dicen en mi pueblo que cuando un tonto toma la linde, aunque ésta se acabe, el tonto tira para adelante. Pues bien, el semillero de radicales leoneses está mudando los primeros marcos en las linderas y como no se les pare, llegaremos al extremo absurdo (como en Santiago de Compostela, por nombrar una) de que en la Universidad de Salamanca, alma mater del castellano y las letras españolas, en un futuro no muy lejano se enseñe en lliones y entonces dentro del ya paranoico reino de babelia, "arrecadaremus el muestru propiu de bobelia ¡un reinu que buena gera! -cuitau de mi, mieque nu sei falar- ¡geira, se dí geira!"

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