Dios ha muerto, la universidad lo ha matado

Es hora de volver la vista atrás, a nuestras raíces, a la esencia

30.10.2016 | 01:22
Dios ha muerto, la universidad lo ha matado

Hace unos días estaba tomando algo con un amigo que estudia Físicas en Madrid. En uno de nuestros emocionantes debates, en los que nos parece encontrar soluciones para todo, para la política, para la Iglesia, para la educación? hablábamos de qué tal habíamos empezado el curso en la Universidad, y él me comentaba que bien, pero que estaban matando a Dios; me decía que un profesor suyo empezó la clase con esta afirmación: "Dios ha muerto", del filósofo Nietzsche, y afirmaba que en la Universidad ya no hacía falta seguir creyendo en Él.

El ejemplo de Dios en la Universidad se puede extrapolar a cualquier otro campo. La Universidad ha dejado de formar personas y ha empezado a producir prototipos; ya no se forman personas capaces de discernir, de opinar, de forjarse unos criterios propios... ahora todo pasar por asumir los del profesor. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué formamos robots idiotizados, con un mismo pensamiento? ¿Dónde quedan las academias de los grandes filósofos como Platón o Aristóteles, en las cuales se enseñaba a reflexionar, a cuestionarse por las cosas... en definitiva, a pensar? ¿Qué nos pasará en un futuro si todos estamos cortados por el mismo patrón, si todos somos iguales en el pensar y el obrar? Es hora de volver la vista atrás, a nuestras raíces, a la esencia de nuestra sociedad, a los pilares que levantaron Europa. Decía el papa Francisco en su discurso al Parlamento Europeo: "hemos de suscitar y promover una Europa protagonista, transmisora de ciencia, arte, música, valores humanos y también de fe. La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira y defiende y tutela al hombre".

No dejemos olvidadas nuestras raíces, no dejemos que Dios se nos caiga, pues caerá con Él nuestra esencia, y es posible que también nuestra existencia. Decía Ortega y Gasset: "cultura y hombre necesitan de sustento espiritual". No digo con esto que todos tengamos que creer, ni mucho menos; digo que no nos empeñemos en matarlo, y menos en quitárselo al hombre, pues haremos de los jóvenes, del futuro, máquinas sin ideales por los que luchar, ideales que durante siglos han sostenido nuestra sociedad. No renunciemos a nuestro pasado, es más, aprendamos de él y edifiquemos con él nuestro presente, asentando las bases, proyectando el futuro.

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