Día de los Santos en la vida moderna

Un puente festivo en el que miles de personas tendrán que conducir por carretera

29.10.2016 | 00:30
Día de los Santos en la vida moderna

A lo largo del año hay unos días especiales para todos los ciudadanos de un país. Es señalado el día de la Fiesta Nacional; pero algunos otros días están marcados por el sentido de fiesta para todos. Naturalmente estoy pensando en España y en todos los españoles que se ajustan a la tradición nacional. Porque muy cerca hemos tenido el 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional en España; pero en el que alguna región no lo declaró festivo y, aunque al fin se consideró fiesta en la región, hubo alguna población en la que la corporación municipal, abrió sus puertas para que su empleados pudieran trabajar y los ciudadanos pudieran solventar sus asuntos, si dependían del Ayuntamiento.

Hay días, sin embargo, cuyo sentido de fiesta está tan arraigado en el pueblo que no creo que corporación alguna se arriesgue a declararlos "laborables". Uno de estos días, festivos por exigencia no suprimible, es el Día de Todos los Santos. Y no es porque ese día sea propicio para felicitar a todos aquellos cuyo nombre no sea el de un santo bien conocido, sino porque se ha asociado ese día -el 1 de noviembre- al día 2, dedicado a todos los Fieles Difuntos, que todos o casi todos le dedican ese Día de Todos los Santos al recuerdo de los difuntos familiares.

En aquellos tiempos en que las gentes permanecían en su pueblo durante toda su vida era muy fácil ese día hacer la visita obligada al cementerio para rezar y poner flores en la tumba de los seres queridos, aunque las tumbas se multiplicaran por los diversos matrimonios que ampliaran las familias. Ahora, en la vida moderna, los hijos emigran; y, lo mismo que durante la vida, también pueden diseminarse las tumbas, aunque no todas. Hay muchas familias, que, incluso haciendo sacrificios económicos que no hacen por otros motivos, trasladan a sus muertos al lugar de origen de su familia; y conocemos tumbas en las que se han ido albergan do desde los abuelos a los más jóvenes. Incluso en alguna, como resultado de la caridad o posteriores matrimonios, están enterrados quienes no pertenecieron a la numerosa familia.

Esta distancia entre el lugar de la vida y el lugar de "la luz perpetua" y la paz permanente es la causa para la proliferación de vehículos que surcan las carreteras durante los días anteriores y posteriores al Día de los Santos. La dificultad de la circulación es muy grande. Recuerdo el nerviosismo que se me producía, allá por los años del 65 al 76, cuando el dos de noviembre regresaba sufriendo las cuestas y curvas de Despeñaperros. Ahora la carretera de Andalucía es una maravilla y el paso de Despeñaperros es algo que resulta inapreciable en ambos sentidos; pero entonces, si la salida hacia Madrid no era muy gravosa, porque era cuesta abajo desde Santa Elena al Arroyo del Rey, en cambio la subida, entre tantos vehículos de todas las clases, incluidos camiones de gran tonelaje, era infernal. La carretera era de doble dirección con curvas pronunciadas, que impedían adelantar al lento camión que te precedía.

Este año confío que la circulación sea más llevadera en toda España, incluso en la salida de las grandes ciudades. La coincidencia de que será martes el día 1 de noviembre y, seguramente, se podrá hacer puente el lunes hacen que sean varios días (del viernes por la tarde al miércoles) los que se pueden emplear en el viaje de ida y vuelta. Puede ocurrir -esta es la verdad- que por la coincidencia, muy frecuente, en calcular las dificultades y las conveniencias, coincidan los automovilistas en los días y las horas del viaje. En ese caso, se convertirían en infernales la tarde del viernes -o la mañana del sábado- y la tarde del miércoles.

De cualquier manera, el Día de los Santos acarreará una abundancia de vehículos muy notable en las principales carreteras españolas. La prudencia de los conductores nos proporcionará la satisfactoria tranquilidad que produce la ausencia total o muy escaso número de accidentes, sobre todo mortales. Que no ocurra la desagradable desgracia de que, por ir a visitar una tumba, se ocasione la apertura de la misma o de una nueva, según las circunstancias. Disfrutemos de la fiesta gozosa de los Santos y evitemos que aumenten los difuntos.

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