Crónicas de un paso de cebra

"Me duele la cara de lo guapo que soy"

Una fábula contemporánea sobre la prepotencia

26.04.2016 | 00:14
"Me duele la cara de lo guapo que soy"

Decía mi admirado Groucho Max que "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos y aplicar las soluciones equivocadas", y es que no me canso de repetirla.

Conocí a uno que decía constantemente que le dolía la cara de lo guapo que era; se trataba por supuesto de un narcisista, arrogante, atrevido, descarado, impertinente, osado, petulante, sembrador de discordias, y la mayor parte de los amiguetes se las reían, porque pasaban de discutir con él. Pero cuando venía alguien de fuera que no lo conocía en profundidad y le llevaba la contraria, se ponía como un energúmeno y contestaba de forma desmesurada y prepotente, y hasta que no se le otorgaba la razón el tío erre que erre.

Desgraciadamente el narcisismo es la admiración desmesurada que uno siente por sí mismo, por su aspecto físico, dotes y cualidades. Siempre acaba siendo una manía, pero el que lo padece, ni lo nota.

De esta tipología humana se encargó una diosa griega, llamada Némesis, era una deidad primordial, es decir, de las que no estaban sometidas a los dictámenes ni caprichos de los dioses que habitaban el Olimpo, la cual simbolizaba el castigo y la venganza, y era muy conocida por los griegos porque su espíritu se hacía patente en sus tragedias para conmover a los espectadores, ya que cuando veían las penurias que los dioses infligían a los hombres dominados por la prepotencia o la soberbia, los demás se sentían menos infelices.

La primera ciudad en la que se le erigió un templo fue en Ramnonte, y por ello también se la llamó Ramnusia, y se amplió su campo de acción y se convirtió en símbolo de la justicia retributiva, la venganza, el equilibrio y la fortuna.

En Roma además se la identificó con la diosa de la envidia, pero castigaba fundamentalmente la desmesura, que no es más que la exageración y la falta de medida en el comportamiento.

Todos los pueblos antiguos contaban con esta divinidad, bajo diferentes nombres.

El poeta Mesomedes en el siglo II le dedicó un himno donde le canta de esta manera:

"Némesis, balanceadora alada de la vida/ cara oscura de la diosa, hija de la justicia/ y sus mencionadas?. Diamantinas bridas que frenan las insolencias de los frívolos mortales".

Encontramos prepotentes hasta en la sopa, ¿quién no se ha topado con alguno de estos ejemplares alguna vez?, pero los mejores son los que usan tono comedido, vocabulario cursi y cara de buenos amigos con sonrisa irónica incluida cuando quieren ridiculizar a alguien que no esté de acuerdo con sus ideas. Abundan en todas las profesiones, médicos, directores, camareros, oficinistas? Pero los que se llevan la palma en esto de la prepotencia, por supuesto son la mayoría de los políticos.

Y cuando alguno de ellos quiere convencer y suelta frases como en mi equipo, o en mi grupo hay un elemento de dulzura, de sensualidad, de fraternidad, de solidaridad, de buen rollito, y nadie, he dicho nadie, ¿lo han entendido todos ustedes bien?, puede llevarnos la contraria, ni criticarnos, ahí ya hay algo que no funciona.

Y toda esa gente debe hacérselo mirar, sobre todo cuando no distinguen si esto es un simple artículo de opinión en un diario de provincias, o una clase de la universidad de la vida.

Va por todos vosotros, pero en especial por Sergio y Álvaro.

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