Policía de aseo y comodidad

Sobre las curiosas disposiciones sobre higiene urbana y las penas por no cumplir la normativa

10.03.2016 | 00:15
Policía de aseo y comodidad

Ha sido siempre preocupación de los regidores municipales velar por la higiene y el orden en la ciudad para que el vecindario pueda disfrutar del mayor bienestar posible. Verdaderamente, las medidas que se hubieran de adoptar en cada caso tendrían que ser de acuerdo con los medios y posibilidades de cada momento.

Hoy pueden ser pintorescas, cuando menos, las disposiciones que se promulgaban en el año 1613 sobre prohibición de vaciar las aguas utilizadas en sus respectivas industrias en las calles y plazas de los curtidores, tintoreros y pescaderas, bajo pena de 600 maravedíes a los contraventores; otra prohibición era la de echar en cualquier lugar de la ciudad y al menos de cincuenta pasos de poblado, caballos, perros o cualquier otro animal muerto bajo la misma pena a los dueños y a la de cien azotes a los ejecutores. Preveían también que no se arrojaran basuras por las murallas ni en las inmediaciones de las puertas de la ciudad, y quedaba también proscrita la costumbre de dar de comer a los cerdos en la calle. Pensemos que eran tiempos en los que todavía no existían redes de alcantarillado.

Igualmente es curioso leer una disposición en la que se trata de evitar el crecidísimo número de pobres llegados a la ciudad procedentes de Galicia y Portugal, previniendo que, socorridos una vez, se les diera orden de marchar a sus pueblos; formando inmediatamente un registro de vagos y gente de mal vivir, de cuyo registro echaban mano cada vez que hubiera de hacerse recluta de soldados. Se tuvo, por el contrario, consideración con los presos por deudas, constando que en la visita general de cárceles reunían los regidores limosnas de sus bolsillos para soltar a los que lo merecieran.

"Los desórdenes y bullas que hacían los soldados por la noche, escandalizando las calles, se cortaron con la decisión, autorizada por el rey, de rondar por turno los regidores con sus cuadrillas y prender sin consideración a fuero y castigar duramente a todo el que encontraban después de las siete de la noche en invierno".

Claro que el horario solar se hacía muy diferente del actual, pero estas medidas de policía nos ilustran sobre los comportamientos de una sociedad y sobre las medidas correctoras que se adoptaban con arreglo a los medios materiales y humanos de que se disponía.

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