La columna del lector

Miguel Morán, in memoriam

17.02.2016 | 00:23

Don Miguel Morán Fernández, presbítero, nació en Riofrío de Aliste, provincia de Zamora, el 29 de septiembre de 1913. Con 13 años ingresó en la preceptoría de Tábara, donde inició los dos primeros cursos humanísticos y seguir luego en el seminario de Astorga.

Durante las vacaciones de verano, las únicas que tenía, ayudaba a sus padres y hermanos en las duras tareas campestres.

Terminados sus estudios, sus superiores quisieron que se quedara de profesor en el seminario, pero él prefirió ejercer su ministerio sacerdotal en las parroquias.

Su primer destino fue San Martín de Tábara, además, y a petición del obispo de Astorga, se encargó también de la parroquia vecina de Olmillos de Castro, aunque pertenecía a la diócesis de Zamora. En este destino se inició en lo que sería su otra dedicación vocacional: ser obrero y constructor de templos y otras obras civiles y religiosas. Aquí reformó la sacristía del templo parroquial, permaneciendo nueve años.

El siguiente destino fue en tierras gallegas donde le adjudicaron los pueblos de Morisca de Viana; Cobelo, con su barrio de San Román; San Mamed con su barrio de Fornelos. En Morisca reformó profundamente la iglesia parroquial que era de una nave, añadiéndole dos alas laterales, quedando, finalmente, en forma de cruz latina. En Cobelo, donde no había escuela, con la ayuda de los vecinos levantó una escuela de nueva planta. Intervino, además, en la colocación del tendido eléctrico que daría servicio a una serie de pueblos de la zona. En estas tierras permaneció seis años.

En 1955, y a raíz de la jubilación del párroco don Jesús, fue destinado a Sesnández de Tábara. En este pueblo reformó y embelleció todo el interior del pueblo, incluido el retablo, respetando el exterior de los muros y la torre.

Para financiar las obras, sembraron trigo y, durante siete años, unos terrenos comunales antes nunca cultivados, más una aportación diocesana, permitieron hacer frente a las obras. Hay que destacar la colaboración entusiasta de todo el pueblo por turno vecinal y gratuitamente, que participó así en trabajos de todo tipo.

Desde Sesnández y durante varios años, atendió también pastoralmente a la vecina parroquia de Ferreruela de Tábara. Permaneció en Sesnández durante 16 años.

En 1971, y después de una visita pastoral por la zona de monseñor Antonio Briva Miravent, obispo de Astorga, fue destinado a Ferreras de Abajo. Aquí levantó, de nueva planta, la actual iglesia parroquial. Reformó y embelleció la gran ermita, amplió el cementerio local, utilizando siempre como principal material de construcción la piedra. Tomó también iniciativa en otras obras públicas del pueblo.

Quiero recalcar una vez más la colaboración viva, alegre y cantarina de todo el pueblo, sin la cual nada hubiera sido posible.

En octubre de 1998, con 85 años y las fuerzas ya disminuidas, se retiró para la casa familiar de Riofrío de Aliste, donde permaneció dos años.

En octubre de 2000 se trasladó a la residencia de Mensajeros de la Paz en la Bañeza, donde permaneció hasta su muerte, acaecida el 20 de enero de 2016.

El funeral y entierro se celebraron en Riofrío de Aliste el pasado 22 de enero de 2016, siendo presidido por el señor obispo de Astorga, don Juan Antonio Menéndez, al que acompañaron un grupo numeroso de sacerdotes y un gran número de feligreses de la comarca.

He de destacar, emocionado, la gran labor que, de una forma callada, abnegada y laboriosa, llevó a cabo su hermana Encarnita, siempre atenta, como las hermanas Marta y María del Evangelio, a las necesidades de dentro y fuera de casa de su hermano sacerdote.

Descanse en paz.

Su sobrino, Miguel Morán Canas (Zamora)

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine