Ausencias

Desconectar de la realidad repetitiva del telediario

16.02.2016 | 00:10
Ausencias

Me pregunto si en el futuro cabrá la posibilidad de medir las audiencias negativas, incluso si existirá esta nueva categoría consistente en no ver un programa de TV a sabiendas de no verlo. No verlo con agresividad. No lo veo porque me cabrea o porque me entristece o me recuerda momentos desagradables. Hay libros que no se leen de este modo, películas que llevan también esta carga maldita. No ya que no te toque la lotería, sino que te toque una lotería negativa, como en el cuento de Borges ("La lotería de Babilonia"). Me consta que hay gente que no ve el telediario de este modo activo. Que durante su transcurso tiene la tele apagada o está en otro canal. Quieren desconectar de esa realidad repetitiva y antigua que vuelve en cada edición como el estribillo malo de una canción horrorosa. Audiencias negativas. Los diez libros menos leídos adrede. Creo que cambiaríamos.

Aunque tendría también resultados perversos. Los ancianos padres notarían cuándo sus hijos no van a verlos con conciencia de que no van a verlos. Con el placer de no verlos, se entiende. En política, podría no existir una oposición activa, ni siquiera visible. El gobernante lucharía, pues, contra un vacío. Algunas de estas características hallamos en la materia oscura, que ocupa tanto sitio y parece que no ocupa ninguno. Vamos hacia ese tipo de humanidad. No es que no tengamos identidad, es que sufrimos una identidad de carácter negativo, como los números rojos en la cuenta bancaria. Somos al revés.

Pero ya se empiezan a notar las ausencias. Esa flor que no está, esa solidaridad que no está, esa decencia que no está. Todo eso no se puede medir como no se puede medir el grado de decepción de cualquier jueves. Ahora bien, que no se pueda medir no significa que no actúe, que no influya en las emociones o en los nervios, como ese cigarrillo que no nos fumamos a sabiendas de que ayer era el que mejor sabía de la jornada. Es lo que tiene dejar de fumar, que el cigarrillo fantasma sigue ahí, consumiéndose, lo mismo que ese dolor insoportable en la pierna que te amputaron. Realmente, hablando en términos de medidas, estamos muy atrasados. Pensemos en lo tosco que resulta el metro enrollable.

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