Gran culpable, el moderador

El debate entre los candidatos del PP y del PSOE resultó, al final, un gran desperdicio

17.12.2015 | 00:24
Gran culpable, el moderador

Todos coincidimos en calificar de "desperdicio", o cosa parecida, al esperado debate entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición. Es muy dudoso que sirviera para que los indecisos aclararan su decisión y se decantaran por algunos de los dos contendientes. No a favor del aspirante, por su actitud, deficiente desde varios puntos de vista; ni del actual ocupante de la Moncloa, al que su adversario no permitió, de manera audible, exponer su cometido, aunque sí pudimos saber lo que afirmó haber realizado y su propósito para un posible mandato futuro. El problema del fomento del empleo quedó clarísimo en múltiples momentos de su discurso, así como su defensa constante de la unidad de España.

Son bastante coincidentes las reacciones contra la conducta del señor Sánchez. Estas reacciones se dan no sólo entre los españoles, sino (y esto es lo más grave) en la prensa extranjera. Se le ha acusado de una supina falta de educación; de haber llevado a cabo una tergiversación del debate, no respetando el "turno de palabra"; de haber hecho afirmaciones y negaciones sin presentar pruebas, a pesar de los bonitos gráficos exhibidos repetidamente; de haber impedido la correcta actuación de su contrincante con sus continuas interrupciones; y de "haber hundido la posible validez del bipartidismo". Lo más unánimemente rechazado por casi todos fue su innegable insulto dirigido al presidente, señor Rajoy.

He dicho que es muy importante la reacción en el extranjero. No quiero pensar siquiera cómo nos calificarían todos los periódicos extranjeros -o la mayor parte de ellos- si los españoles, el próximo día 20, eligiéramos a una persona así para que fuera el presidente de nuestro Gobierno. Porque todo el mundo -dentro y fuera de España- opinamos que lo menos que se le debe exigir a un presidente, representante fuera de su país, es que tenga lo elemental de una buena educación. Y un insulto, en un acto tan público y publicable como el debate cuestionado, es lo más contrario a una aceptable educación. Máxime cuando el calificativo, en el caso considerado, puede ser, además de difamatorio, verdaderamente calumnioso. No quiero hacer mía esta calificación de la palabra en cuestión; pero sí ha sido defendida por algún participante en tertulia televisiva. Y tal vez no le falte razón, al menos en lo de "difamatoria". Pero esto se verá el próximo domingo. Entonces quedará claro, tal vez, quién perdió el debate.

Pero hay una cosa que resultó clarísima desde los primeros momentos del debate: la pésima actuación del moderador. Verdad es -y en eso estoy de acuerdo con lo que dijo- que el moderador debe ser, lo primero, moderado y hablar lo menos posible. Es un abuso, sin duda, que los moderadores -sucede con excesiva frecuencia- se conviertan en dirigentes de una discusión; pero indudablemente es labor de un moderador "moderar": conseguir que los intervinientes sean moderados en su proceder. Indefectiblemente, un moderador debe señalar los tiempos y hacer que se respeten, mandando callar a quien no está en posesión de la palabra para que no impida al contendiente exponer sus argumentos a favor de sus afirmaciones. En el debate del día 14 de diciembre no fue así. El señor presidente casi observó una conducta totalmente correcta, en cuanto permitir que su oponente hablara sin interrupción; pero el candidato jefe de la oposición no permitió en momento alguno que el señor Rajoy expusiera o explicara lo que intentaba aclarar o defender; lo interrumpió de manera constante. Y el señor moderador se nos ofreció como una especie de muda estatua: no mandó callar al señor Sánchez, dejándolo hablar "fuera de turno", sin que el señor presidente ilustrara a la audiencia sobre sus afirmaciones. Tal vez pueda perdonarse al aspirante a la Moncloa desde fuera su actuación fuera de tono y mesura, porque, al fin y al cabo, tal vez obrara "a la desesperada" y pretendiera utilizar "a vida o muerte" todos los medios a su alcance para obtener el premio que pretende en las Elecciones Generales. Pero ese no es el caso del moderador. Por eso, resulta imperdonable su actitud de muda estatua sin hablar más que para el cambio de subtemas, a lo largo del debate. Si este no resultó eficaz -tal como se esperaba- gran parte de la culpa, si no toda, fue del moderador. Con una adecuada actitud suya, tal vez no se hubiera producido desafuero alguno de los que se han atribuido al candidato señor Sánchez.

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