Los fallos de la conservación

Duele ver en el periódico las imágenes del incendio del bonito pinar de La Raya en Latedo

27.07.2015 | 08:57
José Luis Martín Rodríguez

En el mundo, en general, y en España, en particular, somos muy esmerados en construir en todos los órdenes de la vida. Si se trata de edificios, cada día se ha adelantado al anterior en edificar algo más bello o más útil que lo que existía. Si se trata de la riqueza botánica, se siembran o plantan verdaderas creaciones que favorecen a la vida diaria o al ecologismo. Son modélicas las plantaciones de árboles que se han llevado a cabo. En nuestra provincia llama la atención la abundancia de pinos y otras especies que se ha plantado en La Raya con Portugal. Parece haberse establecido en unión una especie de competencia entre los límites nacionales para que el conjunto asombre al visitante. Es una más de las muestras del afán unionista que se quiere establecer entre las dos naciones que en varias ocasiones han sido un solo país: el territorio llamado Iberia por los romanos y que la geografía ha distinguido siempre con la denominación de península ibérica. Se ve muy difícil la unificación, porque existe una variedad de intereses que se oponen a que la hermandad se transforme en identidad. Pero cada día más se fomenta la tendencia a que la parte oriental de Portugal y la occidental de España se conviertan en algo parecido a Castilla y Aragón, por ejemplo.

Todo lo anterior dice mucho a favor de lo que es instaurar. Nos encanta que un desierto se transforme hasta conseguir un vergel; nos satisface restaurar incluso algo que floreció y se muestra decadente. La labor generadora es una respuesta al acicate íntimo que nos lleva a construir en cualquier sentido.

Pero a esta labor instauradora no responde el esmero por conservar y hacer más grande ese invento que nos satisfizo. Lo que pudiéramos llamar "labor inspectora y cuidadora" es algo casi desconocido en todos los órdenes de la vida española. Solo conozco en España una Inspección del Estado que funcione aceptablemente, incluso bien: la Inspección de Enseñanza Media. Hay unos profesionales cuidadosos de su trabajo que diariamente se ocupan de la parte jurisdiccional que les corresponde, atendiendo a la Inspección propiamente dicha y a las cuestiones burocráticas que surgen de su cometido después de presentar sus informes, detallados y cuidadosamente elaborados. Sin embargo, habiéndome dedicado a enseñar en colegios privados e Institutos de Enseñanza Media durante 24 años, solo recibí dos veces al inspector y fue la misma inspectora quien me visitó una vez en un colegio reconocido de Toro y otra en otro colegio reconocido de Madrid. Se trataba de una escrupulosa cumplidora del deber, quizá excesivamente exigente, por lo que se había ganado la denominación de "la Malquerida", porque, según los afectados del distrito de Salamanca, "nadie la quería". No obstante tengo que decir que, a pesar de alguna discusión con ella en exámenes de Reválida, yo la aprecié hasta asistir a su jubilación en el Instituto de San Isidro de Madrid y mantener con ella correspondencia hasta su fallecimiento.

Fuera del ejemplar cumplimiento de la Inspección de Enseñanza Media, tanto la de enseñanza como la de Servicios, no he advertido una labor eficaz en otros tipos de Inspección y cuidado: ejemplo aparatoso de falta de esmero es lo que está ocurriendo estos días en los que proliferan los incendios, algunos de ellos "presuntamente intencionados". Duele ver en el periódico las imágenes del incendio del bonito pinar de La Raya en Latedo, por ejemplo. Y lo mismo podría decirse de los que ocurren en Levante y Cataluña. El esmero que se puso en La Raya, por parte de los dos pueblos no ha sido correspondido con el cuidado, a pesar de las sabias instrucciones emanadas de la Junta de Castilla y León. Y tenemos el ejemplo frecuente del abandono que padecen muchos jardines en todo el ámbito nacional. La labor creadora es estupenda; pero, una vez creada tanta belleza como se consigue, brilla por su ausencia el esmero en cuidarla que debía corresponder. El ahorro en renovaciones podría muy bien compensar el gasto en dotar de salarios a personas rigurosas en llevar a cabo el mantenimiento. ¿Por qué se prefiere renovar a evitar deterioros?

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