27 de diciembre de 2017
27.12.2017

Navidad en Zamora: No hay Navidad sin villancicos

LA OPINIÓN-EL CORREO recorre varias comarcas zamoranas para ofrecer en vídeo interpretaciones de los temas tradicionales de estas fechas que aún conserva la provincia

28.12.2017 | 03:57

¿Qué importancia tenían los villancicos en la celebración de la Navidad en nuestros pueblos? Se puede adivinar que eran parte fundamental de las vivencias del mundo rural cuando los vecinos iniciaban la celebración del nacimiento de Jesús y terminaban pidiendo el aguinaldo el día de Reyes, cuando la magia dibujaba, a ojos de los niños, un mundo casi perfecto que perduraría con la inocencia. Hoy, el declive del mundo rural ha traído consigo la pérdida de muchas de nuestras tradiciones, incluida la interpretación de las canciones navideñas. Todavía quedan los últimos del lugar que recuerdan cómo vivían estas fechas los más jóvenes. Ellos son testimonio de un pasado esplendoroso, una "edad de oro". LA OPINIÓN-EL CORREO da fe de ello, con la grabación en vídeo de varios de estos temas que serán difundidos los próximos días a través de la web, las redes sociales y el canal de Youtube.

En Fermoselle encontramos a Agustín Borges "el Madrileño", uno de los impulsores de la Escuela de Folclore de Fermoselle en 1997, integrante de la Asociación de Tamborileros Juan del Encina, de la localidad sayaguesa. "De niño recuerdo una Navidad mucho más religiosa, la Misa del Gallo era prácticamente obligatoria", rememora Agustín. La música es la banda sonora de su niñez, también en estas fechas tan especiales. De aquello ha pervivido alguno de los villancicos más conocidos en la frontera entre Zamora y Salamanca, como "Los Charafallos". "Recuerdo también la tradición de pedir el aguinaldo, aunque no conozco ninguna canción autóctona sobre este momento", reconoce.

Agustín bebió la pasión por la canción de su propia madre y pronto se compró una armónica, "como la que tenía el vecino". Su primera experiencia intensa con la música tuvo lugar en la mili, cuando formó parte de la banda de cornetas del regimiento de San Quintín, en Valladolid. De regreso a Fermoselle, sintió más que nunca la necesidad de trabajar por el folclore de la zona y la música que se escuchaba en las romerías y las fiestas patronales. Hoy, la asociación de tamborileros Juan del Encina tiene cerca de un centenar de integrantes y Fermoselle trabaja para que la memoria musical y la indumentaria local no desaparezca.

Hablando de la memoria, viajamos a la localidad de Codesal, en la Carballeda, para rescatar la huella del popular Argimiro Crespo, fallecido en 2016 a los 95 años. Personas como su sobrina Eloína han tomado el testigo de las canciones creadas y atesoradas por Argimiro, aquel arriero que viajaba a Galicia para vender todo tipo de enseres y, de regreso a Codesal, trabajaba en la promoción de las fiestas religiosas, escribía libros y mostraba sus dotes musicales en el grupo Habas Verdes.

"Seguimos cantando las canciones de Argimiro para mantener vivo su legado", defiende Eloína, en plena celebración de la fiesta de San Esteban en Codesal. Ella misma dirige un coro de una docena de personas que, en fiestas como las que atravesamos, se encargan de animar las celebraciones y mantener vivo el espíritu de décadas pasadas.

A unos pocos kilómetros, en Villardeciervos, Ana María Joaquín recuerda "la ilusión que teníamos los niños por fiestas como la de Reyes. Cada uno escribía su carta y, trajeran lo que trajeran, ¡qué contentos nos quedábamos!", rememora con una sonrisa en el rostro. "Entonces no había juguetes, pero lo pasábamos de maravilla. Los niños de hoy están pegados a las maquinitas y, aún así, no paran de decir que se aburren. Nosotros no nos aburríamos, no teníamos tiempo", explica nostálgica Ana María.

En su memoria personal guarda cómo las monjas les enseñaban de jóvenes a tocar la pandereta y a cantar canciones de Navidad, algunas tradicionales, otras más modernas. "Cantar era fundamental. Cuando nos juntábamos varios en el belén de la iglesia o en el del asilo comenzábamos a entonar: Venid a Belén a ver al Mesías, venid a Belén a ver a nuestro bien", canturrea. Ese pasado dorado que ella recuerda ha cambiado a fuerza de golpes de realidad. "Entonces había casi cien niños en Villardeciervos, hoy solo son 28 en la escuela y no somos los que peor estamos", sentencia.

Y la última parada de este fugaz recorrido por la canción de Navidad -que los lectores conocerán desde hoy a través de diversos vídeos- nos lleva hasta Trabazos, en Aliste. Allí, Antonia Fidalgo Domínguez, de 88 años, es capaz de recordar dos preciosas canciones que interpreta para las cámaras de LA OPINIÓN-EL CORREO. "En Navidad las familias se juntaban, pero no había turrón como ahora. En la mesa se servía pollo de corral, costillas, chorizo, lomo, botillo... Era especial porque solo lo comíamos en aquellas fechas", explica, con una lucidez envidiable.

En la mesa, también, los villancicos arrancaban de forma natural, por corrillos. "También había música en la Plaza, cuando se entonaban tres o cuatro piezas y se alegraba mucho todo", rememora. Y luego quedaba el día de Reyes, cuando los niños pedían el aguinaldo. "Estas puertas son de pino, de hierro la enclavación...". La nobleza de los materiales de la vivienda era modificada por los "traviesos" niños cantores en función de la categoría del aguinaldo. En aquellos, otros tiempos.

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