San Manu Sarabia de Vizcaya

La recuperación de la vieja liturgia futbolística en los campos contra las modas y estilismos actuales

04.12.2015 | 00:34

Hoy Babieca (el caballo del Cid) no podría decirme "metafísico estáis", como le dijo a Rocinante (el caballo de Alonso Quijano) al verle tan delgado, pero sí podría decir "místico estáis" porque el "Fútbol es fútbol" de este viernes llega delgado de física futbolística y gordo de mística futbolera. Quedan advertidos, sus señorías.

Creo que el fútbol necesita una refundación parecida a la que supuso la orden del Císter en la vida monástica allá por el siglo XI. Hala. Si los monjes cistercienses promovieron el ascetismo, el rigor litúrgico y la importancia del trabajo manual, necesitamos un san Bernardo de Claraval que promueva el ascetismo de los futbolistas, el rigor litúrgico en los terrenos de juego y la importancia del trabajo en el campo en detrimento del trabajo ocioso en las ruedas de prensa. Del ascetismo en los futbolistas poco hay que decir porque es más fácil que Mourinho entrene al Sporting la temporada que viene (los dioses no lo quieran) que las estrellas del pop que llenan los lujosos vestuarios de los equipos de la Liga de las Estrellas renuncien a sus megacochazos y a sus arriesgados estilismos. Y del trabajo ocioso en las ruedas de prensa tampoco hay mucho que decir porque es más fácil que Albert Rivera rechace una entrevista en televisión que ver a un futbolista pop sudar más en el campo que bajo los focos de la sala de prensa. Hablemos, pues, de la liturgia futbolística.

Si san Bernardo de Claraval fue el maestro espiritual de la orden del Císter, el fútbol necesita un maestro espiritual a la altura del gran santo predicador. Yo propondría a Manu Sarabia o a Michael Robinson. La misión del reformador futbolístico sería devolver al fútbol parte de su liturgia, que es precisamente lo que ha hecho grande a este deporte. Manu Sarabia podría predicar, por ejemplo, acerca de la necesidad de que los futbolistas vuelvan a utilizar botas de color negro, en lugar de esas estrafalarias botas de colores tan imposibles como ridículos impuestas por unos diseñadores que tienen tanto respeto por el fútbol como Iker Jiménez por el método hipotético-deductivo. Sarabia también podría inspirar el regreso a los dorsales con significado futbolístico, de forma que un futbolista con el número 3 en la espalda no pueda organizar el juego en el centro del campo y el árbitro esté obligado a advertir a un futbolista titular que no puede salir al terreno de juego con el número 16 en la espalda. Adiós a los entrenadores que se mueven por su área técnica como si fueran modelos de Armani. Adiós a los árbitros vestidos de amarillo fosforito. Hola al intercambio de banderines antes de un partido. Hola a la inofensiva pero catártica pitada inicial al equipo contrario cuando sale al terreno de juego. Adiós al ridículo paseíllo de futbolistas dándose la mano unos a otros antes del partido. Adiós a la publicidad si no en las camisetas, al menos en los pantalones. Hola a la obligación de celebrar los goles al prudente y estoico estilo de Quini. Adiós a los porteros que juegan con camisetas de manga corta. Y, sobre todo, hola, hola, hola y hola a los minutos de silencio que duran un minuto y no tienen música. Bienvenidos. Os echábamos mucho de menos. Un minuto de silencio es un minuto de silencio como el de San Mamés. Lo demás es barbarie, corrupción de la liturgia y una ofensa a las tradiciones del fútbol.

San Manu Sarabia de Vizcaya, ¿a qué esperas para predicar la reforma de la liturgia en el fútbol?

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