El Barça se exhibe en el Bernabéu

El conjunto de Luis Enrique, con un triunfo incontestable, mostró las carencias del cuadro de Benítez, sin recursos individuales o colectivos

22.11.2015 | 00:45
Los jugadores del F. C. Barcelona celebran su victoria ayer en el Bernabéu ante el Real Madrid.

Luis Enrique le lleva un año de ventaja a Rafa Benítez y quizá por ahí se pueda explicar la tremenda diferencia que existe, hoy por hoy, entre sus equipos. El Barça es una máquina tan engrasada que la presencia se queda en una anécdota. El Madrid son once jugadores tan desconectados que parece menos de lo que tiene que ser. En la historia de los clásicos, un resultado como el de ayer sólo es posible cuando confluyen las dos tendencias. Por eso, a cualquiera que haya visto el partido no le extrañará la diferencia en el marcador, que también pudo haber sido 2-6 o 3-7. Como en cada lado hay magníficas individualidades, el juego y el resultado habrá que explicarlo a partir del colectivo. Por ahí, Benítez sale muy tocado ya desde la alineación porque traicionó su idearia con la suplencia de Casemiro. Y encumbra a Luis Enrique, que salió crecido de un escenario que nunca sintió como suyo, aunque en su día contribuyó de blanco un 5-0 al Barça.

Los dos entrenadores cumplieron con su palabra al dibujar dos "onces" que, sobre el papel, garantizaban el fútbol de ataque. Pero mientras que el Barcelona tenía la capacidad para llevarlo a cabo, el Madrid se quedó en la intención. Con Messi en conserva, Luis Enrique apostó por Rakitic y Sergi Roberto, lo que despejó cualquier duda sobre el control del centro del campo. Benítez se puso en plan torero y respondió con una medular de peloteros para suministrar a la BBC. El problema es que James, Modric y Kroos tuvieron muy poco el balón, que desde el primer momento fue patrimonio del Barça.

Como en los mejores tiempos de Guardiola, el Barça no fue solo mejor con la pelota. Como en cualquier otro partido, exhibió una presión alta a sus jugadores y los defensas madridistas tuvieron que jugar casi siempre en largo. En cambio, la pelota salía casi siempre limpia desde los pies de Bravo, que iniciaba el circuito de pases, con la complicidad de un Piqué crecido ante la silbatina del madridismo mientras su rival dominaba.

El período de tanteo se acabó sobre el minuto 10, cuando Luis Suárez culminó como el matador que es una jugada made in Barça. Tras mil y un toque de distracción, Sergi Roberto rompió la primera línea de contención blanca y, con los centrales obligados a tomar una decisión, puso al uruguayo con todo a favor en el área. Fin de la imbatibilidad de Keylor Navas, que a pesar de los cuatro goles volvió demostrar su buen momento de forma.

A partir del 0-1, un equipo se disparó y al otro se le saltaron todas las costuras. Las diferencias eran evidentes en el juegto, con el Barça convirtiendo el partido en un rondo, pero no en el marcador. Y, como siempre que está el Madrid enfrente, no se podía descartar un giro en el guión. Pudo ocurrir en ese fallo de Busquets y, sobre todo, en el único de Bravo en todo el partido. El chileno salió a por un balón llovido del cielo, que se le escapó con Cristiano al quite. Fue un punto de inflexión porque en la jugada siguiente Neymar, al borde del fuera de juego, aprovechó un virtuoso pase de Iniesta para poner el clásico a punto de caramelo.

De ahí hasta el descanso, el Barça se gustó ante un Madrid "groggy". Con el Bernabéu amotinado, el estropicio pudo ser mayor porque en la última jugada Neymar se disfrazó de Ronaldinho para llegar hasta la cocina y darle un pase a Luis Suárez que no fue el tercero por la providencial presencia de Marcelo bajo el larguero. Aunque las sensaciones apuntaban a una goleada, el 0-2 dio pie a que los madridistas más acérrimos invocasen durante el intermedio al "espíritu de Juanito". Algo de eso hubo cuando, solo a base de intensidad y garra, en apenas dos minutos Marcelo y James alteraron la paz con que Bravo había vivido el primer tiempo. El Barça frenó la hemorragia como mejor sabe, con ración doble de balón, para enfriar el ánimo madridista.

Y, como en el 0-1, el rondo barcelonista no tardó en transformarse en un golazo, de esos que Iniesta reserva para las grandes ocasiones. Fue como el golpe de gracia para el Madrid, que pasó de la impotencia al descontrol absoluto. El paisaje anunciaba un marcador histórico, de esos a los que el Barça se ha aficionado en los últimos tiempos. Ya con Messi en el campo, al mando de las operaciones, el Madrid cayó en la desesperación. Luis Suárez se pegó un atracón de oportunidades, pero sólo aprovechó una, con Jordi Alba como inesperado asistente tras un pase de Messi.

El 0-4 relajó tanto al Barça que Bravo tuvo que dejar su huella con grandes paradas a Cristiano y Benzema. Mientras, en el otro área Munir se cansó de fallar oportunidades para desesperación de Piqué, empeñado en silenciar el Bernabéu con un quinto, un icono del barcelonismo.

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